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19:51h. miércoles, 05 de agosto de 2020

Culturas, ¿cuáles? - por Nicolás Guerra Aguiar


"Lo dejó escrito aquel extraordinario músico, poeta y dramaturgo canario que fue Cairasco de Figueroa, quien inicia la introducción de elementos culturales canarios en su obra: Gran Canaria se distinguió por selvas, flores, fuentes, frutos, cantos…, aunque en nuestro paisano influyeron las idealizaciones renacentistas, a veces alejadas de la realidad circundante. Y en la misma Isla, «el bosque umbrífero de Doramas» cimbrea sus armonías con palmas, fuentes y vapores húmedos. Un poco más allá, en el devenir cronológico, el vizconde de Buen Paso le habla al Teide imperecedero -nevado o cargado de ardores- mientras él, el poeta aún barroco,  ve cómo su tiempo ya no es el mismo a medida que los años pasan."

Culturas, ¿cuáles? - por Nicolás Guerra Aguiar    nicolasguerraaguiar@gmail.com

Lo dejó escrito aquel extraordinario músico, poeta y dramaturgo canario que fue Cairasco de Figueroa, quien inicia la introducción de elementos culturales canarios en su obra: Gran Canaria se distinguió por selvas, flores, fuentes, frutos, cantos…, aunque en nuestro paisano influyeron las idealizaciones renacentistas, a veces alejadas de la realidad circundante. Y en la misma Isla, «el bosque umbrífero de Doramas» cimbrea sus armonías con palmas, fuentes y vapores húmedos. Un poco más allá, en el devenir cronológico, el vizconde de Buen Paso le habla al Teide imperecedero -nevado o cargado de ardores- mientras él, el poeta aún barroco,  ve cómo su tiempo ya no es el mismo a medida que los años pasan.

 Se trata, por supuesto, de visiones literarias cargadas de belleza, sentires y sentimientos. Pero ya hablemos de una –la Gran Canaria- o de otras que son Patrimonio de la Unesco –Tenerife, La Palma, Gomera, Lanzarote-, lo cierto es que las cuatro últimas sienten en sus esencias más puras lo que administrativamente hoy se llama Parque Nacional, es decir, espacio natural de extraordinario valor (fauna, flora, geología…) que debe ser conservado en cuanto que su riqueza lo distingue como un lugar privilegiado. Y eso también es Cultura porque expresa un modo de vida e implica bienestar para quienes se impregnan de la propia Naturaleza. Cultura que simboliza la manera de ser de sus habitantes e, incluso, de quienes han de protegerla, no ya solo direcciones generales sino, y sobre todo, un pueblo capaz de identificarse con su entorno y la riqueza heredada de atrás. Porque si una sociedad no está capacitada para conservar el legado de una espléndida y dadivosa Naturaleza, inexorablemente está condenada a su propia extinción como colectivo civilizado, sensible, educado y culto.

Por eso sorprenden las aparentes inconsciencias de un Gobierno, el canario, que reduce a presupuestos de hilaridad los destinados a la conservación de nuestros parques naturales, ahora mucho más expuestos a barbaries humanas y a fenómenos atmosféricos. Y perplejan –con todos los respetos y acatamientos consiguientes- sentencias judiciales que invalidan sanciones impuestas a una constructora que atentó contra el Parque Natural de Tamadaba (Gran Canaria), empresa infractora a la que no se puede condenar pues el Gobierno canario, parece, no supo actuar administrativamente, vaya uno a saber de qué político depende tal departamento. ¿Insensibilidad cultural? Sin duda. Pero también supuestas incompetencia e ignorancia, hipotéticas ineficacias e inutilidades de quienes cobran de nuestros impuestos para que, precisamente, nos libren de tales barbaries.

No, parece que no es de interés el hecho cultural, el cultivo de los conocimientos humanos. Es más: parece que se trata de una actividad sin mayor preocupación que la de conservar ubicaciones físicas y nóminas para quienes están responsabilizados de la Cultura en el Gobierno de Canarias, Consejería de Cultura, Deportes, Políticas Sociales y Vivienda. Porque ya no solo –las circunstancias imponen- se reducen drásticamente los presupuestos. Es que, además, deben repartirse entre multiplicidad de subinstituciones administrativas con responsables políticos como directores o presidentes, cuando es cierto que muchas de ellas podrían reestructurarse o desaparecer.

Así, por ejemplo, el Gobierno de Canarias destina 16.6 millones de euros para la actividad cultural de 2013, lo cual no significa que tal cantidad se dedique íntegramente a la Cultura, pues debe sostener todo el complejo entramado político-administrativo de la Consejería (Viceconsejería de Cultura y Deportes, Dirección General de Patrimonio Cultural, Secretaría General Técnica de Cultura, Dirección Territorial de Cultura, Dirección General del Libro, Servicios de Régimen Interior…). Es obvio, por tanto, que de aquel inicial presupuesto muy poco quede para lo que se llama actividad cultural formativa y educativa, una de las primeras preocupaciones que debe interesar a quienes se responsabilizan de la Cultura.

Sin embargo, el presupuesto de la Consejería de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos  del Cabildo grancanario –acabo de leer en CANARIAS7- supera en seis millones de euros a la correspondiente del Gobierno canario. Y aunque a veces se realizan inversiones al menos discutibles por sus muy limitados rendimientos y provechos, transcribo lo que afirmó canariasahora –no del sistema, precisamente-: <>. Y tengo la hipotética impresión de que no dispersa innecesariamente su presupuesto pues el departamento de Ediciones, por ejemplo, está formado por dos personas, y doy fe de su rigor y serio trabajo (aunque en la Consejería hay otras que no están a la vista, imprescindibles para todas las planificaciones). Segundo botón de muestra: la Biblioteca Insular abrirá sus nuevas instalaciones dentro de un año (conviene un riguroso control de los asientos, durante horas ocupados solo con bolsos). Y por esa política de recuperar lo cultural, un sabio de la arqueología religiosa, don Julio Cuenca, consigue revolucionar la mezquina visión en torno a un pueblo aborigen, el nuestro, con más científicos conocimientos de los que se les suponía, así lo confirman sus investigaciones en torno al almogarén o recinto religioso.

Los ejemplos anteriores –no los únicos- dan fe de cómo se entiende por el organismo grancanario el hecho cultural. Obviamente, ni pretendo exaltar ni tampoco menospreciar, constato realidades, que están ahí. El gobierno insular de Gran Canaria mantiene un presupuesto mayor que el del Gobierno regional cuyo campo de actuación debe centrarse no ya en la siete Islas, sino incluso en La Graciosa, hoy aparente emporio arqueológico en torno a asentamientos romanos.

La cuestión es muy simple: la Cultura es costosa, pero imprescindible para el desarrollo de un pueblo. Y según las posibilidades, las inversiones públicas en ella dan fe de compromiso con la sociedad o, al contrario, manifiestan desdén, a veces desprecio. Es cierto que las circunstancias económicas –reclamen a los Bancos- no son las apropiadas para grandes desembolsos. Pero, ¿no estará acaso recargadísima la estructura de la Viceconsejería de Cultura del Gobierno canario? Realmente, ¿cuál es su presupuesto para inversiones, entendiendo por tales las que benefician culturalmente a la sociedad canaria?

También lo publica:

http://www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=287661