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04:58h. jueves, 20 de enero de 2022

Emputes, aplausos, ¡que se jodan!


"Vaya por delante una precisión lingüística: si uno busca en el DRAE el sustantivo empute (con su variante emputamiento), aquel remite a la forma verbal emputarse, verbo «pronominal coloquial vulgar» localizado en Honduras y El Salvador. Y este, a su vez, a encolerizarse. Pero lo cierto es que ambas categorías gramaticales se usan con frecuencia en Canarias, y no exclusivamente entre hablantes vulgares. Aquí las he escuchado en niveles cultos (¡cuántos emputes en primera persona se cogen algunos profesores con la Administración que regala aprobados, y algún que otro emputamiento se oye tras los comentarios del tribunal ante un doctorando que acaba de defender su tesis!)."

Emputes, aplausos, ¡que se jodan! - por Nicolás Guerra Aguiar

  Vaya por delante una precisión lingüística: si uno busca en el DRAE el sustantivo empute (con su variante emputamiento), aquel remite a la forma verbal emputarse, verbo «pronominal coloquial vulgar» localizado en Honduras y El Salvador. Y este, a su vez, a encolerizarse. Pero lo cierto es que ambas categorías gramaticales se usan con frecuencia en Canarias, y no exclusivamente entre hablantes vulgares. Aquí las he escuchado en niveles cultos (¡cuántos emputes en primera persona se cogen algunos profesores con la Administración que regala aprobados, y algún que otro emputamiento se oye tras los comentarios del tribunal ante un doctorando que acaba de defender su tesis!).

  Ocurre que a pesar de la riqueza del español con voces que se refieren a alteraciones en estados de ánimo (malhumor, mosqueo, irritación, rebote, enojo, cabreo), el americanismo parece que tiene mucho más impacto, es tajante, rotundo, categórico. Y me sirve para indicar con precisión casi absoluta al tremendo malestar de muchos ciudadanos con los que hablo o a quienes escucho de paso: la gente está emputada, encolerizada, no ya por lo que el Gobierno hace (la crisis fue herencia parcial) sino, también, por lo que no hace.

  Bien es cierto que el PP está solo en aumentos de IVA, eliminación de pagas extras, subidas de cotizaciones a autónomos, más impuestos indirectos, repagos de medicamentos, reducciones en nominillas ajenas… pero que no son las de políticos en activo o en pasivo, da igual, todos ellos siguen cobrando y las más de las veces con exageraciones. Pero si no hubiera gobiernos de alternancia como ahora, quienes gobernaran hubieran tenido también que someterse a Bruselas, a la intervención de los organismos transnacionales que, por poner dos ejemplos, le han quitado muchas competencias al ministerio de Economía y, a la vez, someten al Banco de España al directo control del Europeo, cuando no del Fondo Monetario Internacional, el más puro y duro capitalismo deshumanizado. (Supongo que el Gobierno prohibirá el empute que significaría la continuidad de las vacaciones pero ahora en Mallorca, palacetes del Estado, aviones, yates, fragatas de vigilancia, policías, guardias civiles, cocineros, primos, tíos, sobrinos y demás familia.)

  Sin embargo, la soledad del PP es buscada, directo producto de posicionamientos rígidos y cierta altanería con perdedores (PSOE) o grupos que no pueden exigir diálogos, razonamientos, programas económicos menos belicosos, contraofertas, quizás hasta con interesantes aportaciones. Y aunque bien es cierto que el PP no tiene como fundamental preocupación la justicia social y su planteamiento ideológico no está definido por la ayuda estatal a los más necesitados, no puede olvidar que hay privilegiados estamentos sociales que siguen disfrutando de los placeres mientras el Gobierno elimina elementales ayudas a la inmensa mayoría. Porque lo que está en juego es España. Y hay sectores ppopulares que son, sencillamente, la representación política de empresas, de multimillonarios comerciantes cuya finalidad en la vida es seguir acumulando riquezas, propiedades: «España está enferma y este es el momento de aprovecharlo», gritó el multimillonario Donald Trump a los tiburones inmobiliarios.

  Yo estoy seguro de que muchos partidos políticos y agentes sociales hubieran hecho con el PP un pacto, un trato de no agresividad y de ayuda al Gobierno si este hubiera tendido la mano con humildad, sentido de Estado, interés en hacer partícipes a todos de un problema que es de todos. Pero lo que resulta fuera de lugar es que se les oferte a los demás un listado de actuaciones que no admite discusión y, muchísimo menos, disentimiento o rectificaciones. Y estoy convencido de que muchos participarían en cuanto que a nadie –y mucho menos al PP- le interesa la hecatombe que se anuncia.

  Y ante la idea de que ellos solos se bastan –impone la mayoría absoluta-, actúan a escondidas, agazapadamente, y cada viernes es un trágico drama para los españoles pues suponen nuevos impuestos, más restricciones. Por eso se echan a la calle, y es solo el comienzo. Porque la gente anda cabreada, y subirá hasta el grado máximo de la escala, el emputamiento, ya no solo por lo que descubre día a día sino también porque le hirieron los aplausos de los dipputados cuando el señor Rajoy desgranaba las nuevas medidas en el Parlamento: restricciones, más impuestos, ivación que aumenta hasta el 21%. Parecía como si el abismo entre el pueblo y ellos se fuera haciendo más sideral, más infinito.

  Por eso, «aquella» vociferó además lo de «¡que se jodan!», hiriente y lacerante oración que refleja algo parecido al odio, a la venganza satisfecha, al placer ante la caída del enemigo, proletariado o PSOE, da igual. Porque su desprecio no afecta al PSOE, ahora excusa para aquella: sus dirigentes no sufren o padecen las tragedias económicas de quienes tienen ya sus corazones a medio ritmo. Aquella no puede ser representante de un partido político aupado al poder precisamente por muchos miles y miles de los que hoy están jodidos y que lo votaron para encontrar soluciones.

 No obstante, tras tal aparente desajuste mental, el PP debe tender la mano a todos, absolutamente a todos los partidos y sindicatos para, con racionalidad, sentido del deber, responsabilidad y patriotismo, empezar a eliminar todo lo superfluo –Senado…- que roe día tras día las vacías arcas estatales. Porque o actúa con decisiones y contundencias o estas calles se convertirán en las griegas. Y España, en simple recuerdo de sí misma. Tiene ahora el PP la oportunidad de llevar a cabo ese gran compromiso con España. Pero hoy no a la manera machadiana -«quien habla solo, espera hablar a Dios un día», sino con las voces de todos, y no con aplausos insultantes o bazofias lingüísticas cargadas de enfermizo desprecio. Y con humildad, claro.


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