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21:08h. miércoles, 01 de diciembre de 2021

Estaba yo equivocado, el Cabildo tiene razón sobre las cabras -por Isidro Santana León

isidro santana leónPues sí, amigos, me ha convencido un tecnócrata del Cabrildo de gran CANARIA: el deshielo de los polos, el Cambio climático, la desforestación del Amazonas, el Efecto invernadero, el agujero en la Capa de ozono, la desertización, las tormentas solares, el virus Zika y hasta el terremoto de Ecuador es culpa y efecto directo del ganado silvestre de gran Canaria.

Estaba yo equivocado, el Cabildo tiene razón sobre las cabras -por Isidro Santana León *

Pues sí, amigos, me ha convencido un tecnócrata del Cabrildo de gran CANARIA: el deshielo de los polos, el Cambio climático, la desforestación del Amazonas, el Efecto invernadero, el agujero en la Capa de ozono, la desertización, las tormentas solares, el virus Zika y hasta el terremoto de Ecuador es culpa y efecto directo del ganado silvestre de gran Canaria. Dicen que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, aunque las mil mentiras, sofismas y argucias de los técnicos del Cabrildo, de su presidente Antonio Morález, del consejero de todos los Ambientes diurnos y nocturnos, Juan Manuel Brito, los ecologetas de Ben Magec (OSG)… no se lo traga ni Pepe Cañadulce, pero, ante un pueblo ignorantado y unos medios al servicio de la costra política, puede que pase por muchas gargantas como ruedas de molino y sin una gota de agua.

La zoofobia de Brito es incuestionable, tanto como su gusto por la matanza… y, parafraseando a Arthur Schopehauer, recuerdo: “quien no quiere a los animales no puede querer a las personas” No sé cómo puede seguir de consejero de los Gran canarios este monstruo con apariencia homínida, personaje que quiere aplicar la ley mordaza –que su partido PODEMOS habla de abolir– sujeto que si no controlamos sus impulsos irracionales puede que siga con las apañadas y el consiguiente exterminio de la raza humana. Diría yo que, en el Cabrildo, hace falta un Papa Francisco para purgue y depure a más de un pecador que debiera estar en los infiernos por sus hechos nauseabundos. ¡Uf!, hasta por el Barranco del Veril corre el fuego. ¿No será, cristiano, que yo nunca me he fiado de esas caras bonachonas, de esas apariencias domésticas que quieren eliminar lo puro y lo salvaje, y donde hay un padrino que no aparece en la familia porque siempre está a expensas y expectante de lo dinerario: de las subvenciones y los almuerzos con constructores de vías y obras?

Ayer día 26/04/2016 veo que la prensa amarilla le vuelve a dar pábulo al necrófilo Brito, quien se atreve a afirmar que los disparos son siempre la última opción, cuando todos sabemos que fue la primera. No hace mucho tiempo elevaban a los altares a Antonio Morález por haber parado la matanza, pero declara Brito en ese periódico que abatieron 140 cabras autóctonas. No saben por dónde salir ni qué alegar: Antonio Morález no paralizó la matanza porque le alumbró la compasión con los animales, sino porque la sociedad canaria le reprobó, reprochó y obstaculizó estos hechos macabros, y porque el pacto de gobierno se puso en entre dicho dado que hubo mucha oposición de las bases de los partidos a las vergonzosas medidas tomadas con el legado de nuestros antepasados. Como lagartero le pondrán hasta su nombre a alguna calle en Agüimes, pero, como canario, se ha buscado la aversión de este pueblo, no sólo en Gran Canaria, a la que ha mancillado internacionalmente, sino en todo el Archipiélago. No encuentro otro sinónimo para definir a esta banda sino llamarles irremediablemente mafia.

También nos da la cifra, el consejero Brito, de lo que costó la contratación de los andaluces para masacrar las cabras, cuyo gasto haciende a 18.000 euros, aunque yo pienso que son algunos más. Todo sobre ruedas como si aquí no pasara nada: nuestro pueblo buscando en la basura para comer y ellos se pegan un safari de 18.000 euros… échale hilo a la cometa: quizás el Borbón le hubiera hecho el trabajillo con alguna rebaja, ya que ahora se encuentra jubiloso después de cumplir escrupulosamente con Hacienda y la S.S.

Preguntado Mister Brito por la denuncia que el Partido Animalista le presentó en la Fiscalía de Medio Ambiente, acusándole de presuntos delitos de prevaricación administrativa y maltrato animal, consideró, con el especial rostro que se gasta, que esa demanda no va a tener ningún recorrido porque los denunciantes muestran un total desconocimiento de las leyes canarias sobre espacios naturales. Hay que ser simplón para decir esto, cuanto existen declaraciones de organismos internacionales que explican lo contrario de lo que están haciendo, decálogos a los que hay que atenerse porque España los ha suscrito.

Siempre huyendo hacia adelante este personaje, o quizás tenga razón y conocimiento de que la fiscalía tratará el caso como el del Barranco del Veril y haya que recurrir a otra instancia superior porque todo está podrido hasta la médula.

Yo le pido al pueblo que hagan presión para que paguen de sus bolsillos los entuertos judiciales y no con el dinero de todos, como lo han hecho siempre, pues, es muy fácil disparar con pólvora ajena, sabiendo, además, lo que les gusta un disparo. De paso, aprovechó Brito para amenazar con la ley mordaza, tal como emprender acciones contra la violencia verbal y los actos delictivos que han sufrido sus trabajadores y dependencias… Más aceite da un ladrillo, esperamos que nos lleve al paredón en la misma Granja del Cabrildo y allí nos fusile por herejes. Has mentido tanto, mi niño, que si se te llega a escapar una verdad te mueres de vergüenza, aunque me consta que no tienes vergüenza ni pudor.

Y ¿si yo dijera –también presuntamente, para ser política y judicialmente correcto– que los coches en Artenara fueron ustedes mismos los que les pincharon y rajaron las cubiertas para culpar de estos hechos, y de otros que se inventan, a los heroicos activistas que salvaron muchas cabras y así buscarle la animadversión del pueblo? Decirle mafia es adularle: son ustedes el lumpen, lo más bajo que puede tener este pobre y desgraciado pueblo dirigiendo su vida.

* En La casa de mi tía por gentileza de Isidro Santana León