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20:24h. Martes, 16 de julio de 2019

Galdós, Otero y “el Pérez”: acaso coincidencias - por Nicolás Guerra Aguiar 

NICOLÁS GUERRA AGUIARTanto el actual IES Pérez Galdós de Las Palmas como Blas de Otero -poeta vasco- cumplen este año su primer centenario. Solo con un mes de diferencia: en febrero de 1916 se fundó el Instituto Oficial de Segunda Enseñanza de Las Palmas. Y el poeta del compromiso social nació en marzo.

Galdós, Otero y “el Pérez”: acaso coincidencias - por Nicolás Guerra Aguiar *

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   Tanto el actual IES Pérez Galdós de Las Palmas como Blas de Otero -poeta vasco- cumplen este año su primer centenario. Solo con un mes de diferencia: en febrero de 1916 se fundó el Instituto Oficial de Segunda Enseñanza de Las Palmas. Y el poeta del compromiso social nació en marzo. Galdós nada supo de Otero, pero es indiscutible que este había leído al canario-madrileño por varias razones (Otero quiso ser poeta-profesor en la universidad española, vacía intelectualmente; la huella de la obra galdosiana marcó a posteriores escritores como les pasó a la europeizada Generación del 14, al violentado Grupo Poético del 27, a la resquebrajada Generación del 36…).

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Instituto de Segunda Enseñanza, después Hospital Militar, hoy Sede del Rectorado de la ULPGC

   Por tanto, aquellas quizás podrían estimarse como puntos de partida para establecer –acaso con más intuición que contundente alegato- otras posibles concomitancias entre ambos. Y, a la vez, de Otero con la institución académica en cuanto que el estudio del poeta y de su generación formaron parte del programa oficial con especial presencia en “el Pérez” –como veremos- por el tema de la poesía social y Antología cercada. Generación de escritores hoy expulsada de las aulas por la antihumanística carrera que desde hace años emprendieron el ministerio de Educación y algunas consejerías, acaso más interesados en la analfabetización de sus alumnos preuniversitarios que en raciocinios, formaciones éticas y literarias…

  

 

Así, hubo un tiempo –apenas veinte años atrás- en que a mis alumnos preuniversitarios del COU en el Pérez Galdós les impactó Otero. A fin de cuentas se trataba de “Literatura española del siglo XX”, impresionante asignatura que fue la más completa de los distintos planes de estudio que conocí. El magistral planteamiento científico; la desapasionada visión crítica; el entrecruzamiento de autores y la profusión de textos rigurosamente seleccionados significaron caminos forjados con rigor y raciocinio, incluso con perspectiva histórica. (Así, “El tema de España” y la conciencia crítica sobre el país arrancan de Quevedo, siglo XVII, y desembocan en las postrimerías del XX, algo revolucionario.)

   La España galdosiana, por tanto, me sirvió para analizar la de Machado y ambas, a la vez, la de Otero: inamovible y fanatizada, predominio absoluto de analfabetismos, inquisitoriales poderes políticos y eclesiásticos, terribles inmoralidades sociales (Galdós denuncia bárbaros tratamientos a los locos; Machado reclama “el mármol” para la España que muere; Otero debe publicar en París Que trata de España -“Torno los ojos a mi patria”-, sus tierras, su gente… con la esperanza de una Patria mejor).

 

 

   Por otra parte, Pérez Galdós había llevado a sus novelas el habla popular. A fin de cuentas es el Realismo: sus personajes hablan como lo hacen en la vida real, con desajustes lingüísticos y desestructuraciones sintácticas a veces. Pero a un campesino inculto no se le puede poner en su boca un lenguaje riguroso y preciosista, extraña exigencia de algunos sabios que le critican a Galdós, precisamente, “ciertas incorrecciones gramaticales”. De la misma manera Otero se alía con estructuras poéticas y léxico populares, cuando no términos o construcciones vulgares para acercarse –como Galdós- a la realidad del país.

   Podría considerar, también, que con el estudio de Otero pude introducir en las aulas del “Pérez” un tema desconocido para la programación oficial: “Antología cercada –Las Palmas, 1947- como reinicio de la poesía social española de posguerra”. Porque libros de texto y estudios sobre poesía social de posguerra arrancaban, precisamente, de Blas de Otero y Gabriel Celaya como pioneros (1955) en aquella producción de compromiso y aproximación a la realidad social. (Desajuste que entendí en cuanto que los poetas canarios eran desconocidos y, a veces, intencionadamente olvidados por algunos endiosados.) Por tanto, nadie nombraba a José María y Agustín Millares Sall, Ventura Doreste, Pedro Lezcano y Ángel Johan, autores de Antología cercada, obra con la cual se adelantaron ocho años a los poetas peninsulares arriba nombrados.

   Un acontecimiento de 1982 podría argumentarse para sostener esta no rigurosísima cercanía entre “el Pérez” y Otero: fue en mayo cuando el Seminario de Lengua y Literatura española homenajeó a los poetas de la Cercada. El salón de actos abrió las puertas a sus alumnos para que recibieran una clase distinta con cuatro de los cinco autores (Johan había muerto). Las intervenciones de los catedráticos de la Nuez Caballero y de Armas Ayala giraron en torno al compromiso de aquellos poetas canarios. Yo defendí –frente a la opinión generalizada- que Antología cercada había sido precursora de la poesía social desde 1947. Por tanto, hablé necesariamente de Otero; valoré su obra y lo ubiqué como adelantado -con Gabriel Celaya- de la poesía social española de posguerra… en la década de los cincuenta a partir de Pido la paz y la palabra (1955) y Cantos iberos (1955), respectivamente. Porque Otero iniciaba una nueva etapa tras la poesía de corte existencial, amoroso y religioso que recoge en Ancia, 1958, título que forma con la sílaba inicial de un primer libro –Ángel fieramente humano- y la última del siguiente –Redoble de conciencia-.

      Hoy, sin embargo, alumnos preuniversitarios, de Filología y ciertos licenciados nada saben de aquel autor que estudiaron los alumnos de COU y cuya obra en lo estilístico mereció la atención del profesor Alarcos Llorach, quien fuera miembro de la Real Academia Española. Lo cual confirma que la enseñanza española camina una desenfrenada caída hacia las profundidades de lo elemental: los enfoques de programas oficiales preuniversitarios –al menos en el caso de Literatura- son muy limitados.

   Porque Literatura como materia de aula no es solo un cuerpo lleno de palabras (muchas de ellas desconocidas: ¿por qué?). Hay también ideas, pensamientos, estética, fantasía, realismo, denuncias, recursos técnicos, cultura, invitación al pensamiento, a la historia…  Y revitaliza: como “alarma para despertarnos” la define Jean-Marie Le Clézio, premio nobel de literatura, en el VII Congreso Internacional de la Lengua Española (Puerto Rico).

   Galdós, Otero y “el Pérez”. Dos autores y un instituto que –acaso casualidad- comparten coincidencias.

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El IES Pérez Galdós en la actualidad

 

  * En La casa de mi tía por gentileza de Nicolás Guerra Aguiar