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23:31h. Sábado, 25 de Mayo de 2019

Con el insulto, ¿se tienen más votos? - por Erasmo Quintana

 

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Con el insulto, ¿se tienen más votos? - por Erasmo Quintana *

 

A las puertas de las próximas elecciones generales en abril, y a pocas fechas locales, insulares y autonómicas en mayo, tienen desquiciados a la mayoría de los partidos políticos. Algunos, sus máximos representantes yo no sé si son conscientes del ridículo en que caen utilizando el verbo altisonante, malcriado, ofensivo y personalizado, obviando a veces el aspecto estrictamente político.

El problema triste como vemos, es que se ataca a la persona, digna de respeto siempre, en vez de al político; esto es lo que se hace en esa esfera, dejando de lado a la persona, digna como digo del mayor de los respetos. La mayoría, por tanto, no es consciente de que con el ruido del insulto hiperbólico se hace verdad el axioma de “quien más critica es el que más tiene que le digan”.

Vendrán pues días aciagos para el sufrido ciudadano, a quien va dirigida la bazofia de propaganda partidista. Si nos fijamos bien en ese joven-viejo representante de la derechona, Pablo Casado, con su intento de parecerse a Vox, cada vez que abre la boca insulta. Quiere pescar en la charca cenagosa y nauseabunda del tardofranquismo, pretendiendo llevar a España, como la extremísima derecha ochenta años atrás, en aquella cultura del miedo: la esposa propiedad del marido y cero a la izquierda, frecuentadora de misa y confesionario; de la minoría de edad de los ciudadanos, que no podían hablar de política, además del inmisericorde tratamiento cuartelero a los que no eran sumisos de la dictadura, perseguidos y ejecutados a garrote vil; dando látigo en las mazmorras militarizadas, etcétera. A esta época es a la que quiere retrotraernos ese pivito-carca del PP  (38 años tiene) en un país democrático, el que todavía paga la acción depredadora del latrocinio pepero, país que saquearon con miles de millones, y cuyos ladrones andan por ahí dándose la buena vida, sin devolver lo que robaron, mientras la España auténtica las pasa canutas malviviendo con sueldos y pagas subsidiadas de miseria.

Estos son tiempos, mis amigos, de manipuladores y trileros. Una TV mercenaria de las mañanas hizo un símil de aquel regreso a Argentina de Perón en 1975 con la reincorporación a la actividad política de Pablo Iglesias una vez acabado su permiso de paternidad. (Con la cartelería de su vuelta, es verdad, han metido la pata). Esto, como verán, no tiene traza de parecer una información desinteresada; más bien todo lo contrario. La política en este desgraciado país, cuando no es un medio de medrar y satisfacer concupiscencias o codicias personales, es un deporte, un verdadero juego. Los ideales han desaparecido por completo.

Con la aparición de ese partido de la extrema derecha más salvaje, portadora de las esencias nazifascistas y descaradamente defensora de lo que representó el franquismo en nuestro país, quintaesenciado en la cruz y la espada, tengo para mí que el grueso de la población inculta políticamente no es capaz de apreciar el peligro que supone, precisamente, para esa masa que carece de lo más esencial y necesario para ser un ciudadano del siglo XXI. Todas las encuestas coinciden en darle a Vox una importante representación, cosa que no dudo si tenemos en cuenta que recogerá, además del voto de castigo al Partido Popular por su historial delictivo con la corrupción, el voto del franquismo omnipresente, ese que nunca se fue al no haberse producido la ruptura con el pasado en la mal llamada ejemplar Transición. Ésta se hizo beneficiando al franquismo. La derecha ganó y la izquierda perdió, porque tras la puerta de las reuniones se oía el ruido de sables, condicionando en no poca medida su resultado. Contenta la derecha del Generalísimo, sembró a la rosa de los vientos que lo modélica de la Transición española fue una lección que se dio al mundo.

Y ahí los tenemos, irredentos, votando a Vox, el partido que recoge sus aspiraciones de clase, con el palo y tentetieso, la mordaza, el control y forzando la obediencia de los esclavos, junto a una involución de 180 grados. Empoderados por el apoyo que reciben de PP y C's, comprándoles incluso sus mensajes homófobos, fascistas, machistas, xenófobos, y su nacionalcatolicismo. Estas tres derechas han formado un Bloque con el fin de alcanzar el poder en los próximos comicios nacional, Senado y europeos, así como locales, insulares y autonómicos. Las izquierdas deberán hacer otro tanto: un gran Bloque Progresista, evitando en lo posible ir por separado. Soy de la opinión que cuando las izquierdas de este país se movilizan yendo a votar en masa, la izquierda siempre gana. A ver si no permiten que haya un frenazo a las políticas sociales iniciadas por el PSOE, cortocircuitadas por las tres derechas, cuya lógica es que atender a los ciudadanos necesitados de este país es un despilfarro, tirar el dinero barranco abajo.

 

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Erasmo Quintana

ERASMO QUINTANA RESEÑA

 

MANCHETA 9