Buscar
04:09h. Miércoles, 08 de abril de 2020

Luis Rodríguez Figueroa,  intelectual tinerfeño comprometido - por Nicolás Guerra Aguiar

 

FRASE AGUIAR


 

Luis Rodríguez Figueroa,  intelectual tinerfeño comprometido -por Nicolás Guerra Aguiar *

 


Desde años atrás, estimado lector, la primera visita que realizo en Granada es a la vieja Facultad de Derecho donde estudiaron, por ejemplo, Nicolas [sic] Salmerón (presidente de la I República), Alcalá Zamora (de la Segunda) y varios paisanos canarios (echo de menos la placa dedicada a Juan Fernando López Aguilar, doctor honoris causa por la misma y exministro de Justicia). Pero este febrerillo disparatado también caminé la escalera a la segunda planta por la cual anduvo otro isleño, Luis Rodríguez Figueroa (Puerto de la Cruz, 1875 – altamar santacrucera, 1936), diputado a Cortes por el Frente Popular.

LUIS RODRÍGUEZ FIGUEROA

Luis Rodríguez Figueroa

   Nada sabía de él (¡como de tantos otros intelectuales canarios!) hasta el pasado mes de diciembre cuando un trabajo de investigación sobre Gonzalo Pérez Casanova, catedrático de Historia Natural y Fisiología e Higiene del actual instituto Pérez Galdós, me llevó a su descubrimiento. Resultado de imagen de Luis Rodríguez FigueroaPor tanto, detuve el tiempo: me había fascinado quizás como cuando en la Grecia de Homero los cantos de mitológicas sirenas atraían a navegantes. Me impactaron El cacique, novela de 1901 y  el poemario sonetil Las Banderas de la democracia, 1935; honestidad y compromiso social (fue abogado defensor de obreros gomeros -Hermigua- sometidos a consejo de guerra por exigir su derecho al trabajo mediante algo rigurosamente revolucionario en la II República -Gobierno de Samper Ibáñez, 1934-: la huelga general)... Pero, sobre todo, su evolución ideológica.

   Debo aclarar -podría parecer osado sin haber leído con rigor Las Banderas de la democracia- que aun no he podido manejar ningún ejemplar completo, pues no fue posible encontrarlo en bibliotecas públicas salvo en Tenerife (gracias sean dadas a  Manuel Déniz Betancort, de la correspondiente del Estado: hará el milagro). No obstante, el trabajo de sebastián de la nuez caballerodon Sebastián de la Nuez Caballero (mi profesor en la Universidad lagunera y quien me descubrió Antología Cercada) publicado en 1979 deja entrever que se trata de un libro cargado de compromisos ético, social y político a la manera de quienes usaron la palabra escrita para impactar en una sociedad hambrienta de rectitudes, poderes populares y rompimientos de cadenas: “En suma, un libro lleno de pasión social y poética, de convicciones profundas, de confianza en el triunfo de la justicia y las libertades”. 

Ángel Valbuena Prat   El catedrático de la Universidad de La Laguna (1916-1920) Ángel Valbuena Prat también fue víctima de la Guerra Civil española. Entre otras circunstancias, el juez depurador de la Universidad de Barcelona “iniciaba las diligencias legales para incoar el expediente de Valbuena, por no parecerle trigo limpio” (profesor David González Ramírez). Como solía suceder -solo apunto lo ocurrido a los catedráticos del Pérez Galdós Gonzalo Pérez Casanova, Agustín Espinosa y otros- el revanchismo de los vencedores exigía la expulsión definitiva de la cátedra pues, entre otras criminales actuaciones, el autor de Historia de la poesía canaria había escrito sobre Pérez Figueroa: “En la guerra actual -1936- de las noticias que poseemos se desprende que ha sido fusilado por los rebeldes en tierras de Canarias; hecho lamentable que habría que añadir a la serie que culmina en la muerte del gran Federico García Lorca”. 

   En efecto: Luis Rodríguez Figueroa embarcó en Santa Cruz de Tenerife con destino a Cádiz algún día muy inmediato al 18 de julio. El puerto andaluz era la primera escala hacia Madrid, pues su condición de diputado le exigía estar en el Congreso. Al desembarcar (tuvo noticias a bordo del levantamiento rebelde) se dirigió al Gobierno Civil gaditano donde fue detenido: los facciosos sabían de su arribada. Conducido a varias cárceles andaluzas (como Salvador Sagaseta años después, 1967) es embarcado hacia Tenerife y encarcelado. Algún día de octubre lo arrojan a la mar (“patitos al agua”). Su hijo Guetón (brillantísimo recién licenciado en Derecho) también es asesinado días después. 

pedro garcía cabrera   La casa lagunera fue saqueada y expropiada, como lo fue la del poeta gomero Pedro García Cabrera en Tacoronte (Tenerife). Así dicen sus versos: “Esta casa la habían construido poco a poco mis padres […] / Una noche la puerta fue golpeada, / pasos distintos a los nuestros / atropellaron su descanso / y rostros armados de centellas / violaron el pudor de sus entrañas. / No quedó libro sin abrir, / objeto por registrar / ni papel en su sitio. / Todo, patas arriba, / blancas de miedo las paredes / horrorizado el miedo en los espejos [...]”.

   ¿Por qué tal barbarie contra un hombre íntegro (novelista, poeta, jurista, político) y de cuya desaparición jamás se hizo responsable el Gobierno franquista? Todo arranca desde 1901, año de El cacique, y culmina tras las elecciones de 1936. Permítame por tanto, estimado lector, cuatro brevísimos apuntes  sacados de su obra. 

   Uno: la Iglesia. López Figueroa la ve como estamento corresponsable del subdesarrollo de España, de su anquilosado pensamiento frente a conquistas sociales conseguidas en Europa. Añade la feroz persecución que la institución religiosa ejerce sobre el pensamiento liberal o, al menos, anticaciquil (Milagros Luis Brito): “En suma, sus teorías anticlericales partían de la consideración de la Iglesia como responsable de la ignorancia y, por tanto, de la pobreza y la explotación de la clase trabajadora” . (Por cierto, esta consideración está presente en Gloria, novela galdosiana: ”Sin religión no hay sociedad posible. ¿Adónde llegaría el frenesí de las masas estúpidas e ignorantes si el lazo de la Religión no enfrenara sus pasiones?”.)

  Dos: corrupciones, corruptelas, gangrenas sociales, putrefacciones,  descomposición dominante en variados sectores de la Justicia y la Administración. Ambas instituciones están al servicio de amiguismos, prevaricaciones, favorecimientos a familiares o aliados políticos al margen del principio de méritos y capacidades.

   Tres: ¿es el centralismo la causa de la realidad anterior? En absoluto: “El mal de nuestros males está en esta turba de hijos del país [en este caso, Tenerife], donde campea algún que otro extraño, engreído, sin méritos relevantes”. 

   Cuatro, la explotación social, esclavismo: “¿De quién es ese grito enfurecido / y en rabia apocalíptico encendido […] / ¡Es el grito del hambre… es el obrero / que va contra el burgués, contra el logrero”.

   (Imperan hoy muy laxas coherencias...)

a la libertad RODRÍGUEZ FIGUEROA

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

nicolás guerra reseña

   MANCHETA 16