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23:23h. lunes, 24 de enero de 2022

"Mejor no lo abra porque huele muy mal" (Epitafio para Juan Luján) - por Eloy Cuadra

Así acaba la historia de Juan por este mundo, con esa frase, lapidaria, nunca mejor dicho. Fue lo que me dijo el de la funeraria nada más llegar a pie del nicho donde lo tenían este jueves, en un ataúd, a punto de ser enterrado. 

"Mejor no lo abra porque huele muy mal" (Epitafio para Juan Luján) - por Eloy Cuadra *


Así acaba la historia de Juan por este mundo, con esa frase, lapidaria, nunca mejor dicho. Fue lo que me dijo el de la funeraria nada más llegar a pie del nicho donde lo tenían este jueves, en un ataúd, a punto de ser enterrado. Bueno, lo de enterrado es un decir, le tocó un nicho de los más altos, cinco años tiene pagados, luego, si nadie lo reclama, supongo que a un osario de los que tengan por allí, o al crematorio. Ni una triste lápida, ni una mínima inscripción con su nombre o iniciales, ni un responso, ni unas palabras de recuerdo, y es que, prácticamente estaba yo solo allí con él, y sólo acertaba a decirme, y a decirle si es que me escuchaba desde algún lado, "cuanto podrías haber sido si hubieras querido". Y es que de Juan me cuentan que fue un periodista excepcional hace ya muchos años, antes, bastante antes de caer en el alcohol y acabar viviendo en el Albergue Municipal de Santa Cruz de Tenerife, en cuyas cercanías encontró la muerte el pasado 26 de marzo. Para los que no sepan de la historia de Juan y no entiendan el comentario del de la funeraria, si hacen cuentas, el 26 de marzo fallece, lo entierran el 9 de abril. El señor de las pompas fúnebres me lo advirtió por si quería despedirme de él abriendo el ataúd para verlo por última vez como suele hacerse en muchos entierros. Se ve que después de dos semanas refrigerado en una nevera el estado de descomposición era ya imposible de disimular por mucho maquillaje que le pusieran, y el olor debía ser fuerte. 

Dos semanas, las mismas que estuve pidiendo a las autoridades que aceleraran el entierro por humanidad, dado que Juan no tenía a nadie que pudiera hacerse cargo de los gastos y había sido una muerte natural con poco que investigar. Dos semanas de escritos, de artículos, de notas, de llamadas, de denuncias, al habla con el Juzgado, con el Anatómico Forense, con el Ayuntamiento, con la funeraria y hasta con el Obispo. Dos semanas en las que he comprobado que el caso de Juan no es algo aislado en la ciudad, pues aún hoy parece que quedan cuerpos refrigerados en el forense esperando desde hace más tiempo a que alguien ponga la pasta; y me he dado cuenta que la Iglesia de estas cosas nada quiere saber, no es cosa suya si la gente se pudre en las neveras, da igual que sean buenos cristianos o no, los pobres no tienen derecho a eso, ni a misa ni a velatorio ni a nada de nada si no pone alguien la pasta; y me di cuenta del negocio tan grande que hay montado detrás de los entierros en este país de mierda. Y así, algo o bastante asqueado, pensé que todo acabaría con el entierro, pero cuando el señor de la funeraria me dijo lo que me dijo, además de la rabia propia por tan inhumano final para un buen hombre, también supe que Juan tendría su epitafio, para vergüenza de los que hacen que las cosas sean así de feas en esta parte del mundo en la que a algunos nos toca vivir. 

Y es que pocas veces una frase dicha con un sentido concreto se convierte en metáfora tan clara de lo que acontece hoy en tantos lugares. "Mejor no lo abra, no indague, no quiera saber más, porque huele muy mal": valdría para el señor Obispo y su santa Iglesia, valdría también para la clase política entera de este país, pues sin apenas indagar ya huele mal, imaginen si rebuscamos un poco. Pero lo peor es que, si rebuscamos un poco, nos encontramos ante una sociedad donde los niños pasan hambre y la comida se tira a toneladas, donde las casas se cuentan vacías por millones y la gente sin casa es perseguida y castigada, donde las medicinas caducan en las farmacias y la gente se muere sin medicinas, donde la televisión vomita mierda en cantidades industriales y la gente se la traga sin digestión, y donde, nadie, nadie ya parece inmutarse por nada de esto. Entonces, sólo acierto a pensar una cosa: ¿en qué momento sucedió?, ¿cuándo fue?, ¿cuándo pasó que morimos y no nos dimos cuenta, y ahora estamos sin saberlo en la nevera pudriéndonos poco a poco? Y así, razón tenía el sepulturero: "mejor no lo abra porque huele muy mal".

* Publicado con autorización del autor