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05:42h. Lunes, 22 de Octubre de 2018

Pobres ínsulas - por Rafael Juan Rodríguez Marrero

 

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Pobres ínsulas - por Rafael Juan Rodríguez Marrero *

He venido varios días a Gran Canaria para compartir tiempos con familiares y amistades. Pero tras una semana, comienzo a añorar otros espacios insulares: Gran Canaria se está tornando inhabitable. La población ha crecido a un ritmo superior a la capacidad del espacio físico para acogerla con criterios óptimos de habitabilidad. A la población autóctona se unen las decenas de miles de personas que cada semana llegan a este territorio pequeño en busca de sol y playa, especialmente. Ténganse en cuenta los siguientes datos: la densidad poblacional en Gran Canaria (sumando sólo residentes) es de 542 habitantes/km2; mientras, España en su conjunto tiene una densidad demográfica de 92 habitantes/km2.

Más grave que la alta densidad poblacional soportada en la isla existe otro hecho: el parque móvil insular es absolutamente desproporcionado; y para dar satisfacción a los ingenios rodados la isla se ha visto absolutamente invadida por carreteras, autopistas y autovías. Dicen que las obras viarias se diseñan y construyen para dar satisfacción a la demanda de movilidad rodada; sin embargo, es aprecible la vinculación existente entre vías y coches: cuanto más carreteras existen, más vehículos se expanden por ellas. En Gran Canaria circula 1´2 vehículos por cada persona mayor de edad, con "derecho" a conducir.

Dos problemas, al menos, genera este desarrollismo de la movilidad rodada: la creciente transformación y el deterioro de nuestro paisaje insular, frágil y limitado; y la dependencia creciente a unos combustibles fósiles menguantes y altamente contaminantes.

La industria automovilística se ha impuesto por goleada al sentido común; aún nos encontramos a representantes de la cosa pública presumiendo en la inauguración de alguna obra de red viaria.

Anexo a esta problemática que señalamos nos encontramos con un proceso creciente: el deterioro (hasta la muerte por inanición) del pequeño comercio de cercanía. En la isla han aflorado centros comerciales como hongos en primavera; espacios hiperdimensionados (no olvidemos que para su impulso se ejecutan obras de red viaria pues, localizados en las periferias de los espacios urbanos, obligan al uso de vehículos para el desplazamiento hacia ellos). El engranaje perfecto para seguir usando vehículos a mansalva y para apuntalar la disolución del pequeño comercio de pueblo y barrio.

Y mejor no entrar a comentar nuestra absoluta dependencia a la producción foránea, comenzando por la alimentaria, lo que motivaría otras notas.

Lo más clamoroso de cuanto señalamos es la anomia que se observa entre la ciudadanía; deglutida ante tanto consumo desaforado y ante un desarrollismo que, más temprano que tarde, nos conducirá al colapso que ya algunas personas anticipan.

Y ante lo que relatamos, el gobierno canario no hace otra cosa que ponerse manos a la obra con la Ley del Suelo. ¡¡Pobres ínsulas!!

¿Qué dirán de nosotros en estas islas las generaciones venideras?

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Rafael J. Rodríguez Marrero

 

RAFAEL JUAN RODRÍGUEZ MARRERO reseña

 

 

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