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martes, 09 de agosto de 2022 00:58h.

Pregoneros de la falsedad - por Agustín J. Arencibia

Cada vez está más claro. Ya les resulta imposible disimular la estrecha relación existente entre los que acumulan el capital y la acción política de quién nos gobierna. El discurso que culpa al pueblo por vivir por encima de sus posibilidades, y los coloca como salvadores de la patria ya no encuentra modo de sostenerse.

Pregoneros de la falsedad - por Agustín J. Arencibia (Nueva Canarias, Telde)

 

Cada vez está más claro. Ya les resulta imposible disimular la estrecha relación existente entre los que acumulan el capital y la acción política de quién nos gobierna. El discurso que culpa al pueblo por vivir por encima de sus posibilidades, y los coloca como salvadores de la patria ya no encuentra modo de sostenerse.

A cada paso que dan, excusados unas veces por la supuesta necesidad de aplicar sus recetas austericidas, pero también otras por el resurgimiento de un estilo de entender la política y la sociedad más propio de la España en blanco y negro que parecen añorar, el PP se empeña en imponer a cualquier precio el interés de las grandes corporaciones al de la ciudadanía.

La más cercana muestra de ello que tenemos en Canarias son las decisiones y actitudes esgrimidas por el partido presidido por el ministro José Manuel Soria, con la problemática surgida alrededor de las prospecciones petroleras en nuestras costas, causa clara de lo ocurrido en Telde el pasado miércoles.

La prepotencia de Soria le ha llevado a despreciar totalmente los argumentos, pronunciamientos y movilizaciones que desde todos los ámbitos de la sociedad canaria se le han hecho llegar para que, como en Baleares, se paralice todo intento de extraer petróleo del subsuelo marino canario. Y esto ocurre aún dándose, como ya reconoce REPSOL, la evidente y peligrosa posibilidad de contaminar nuestro litoral y, con ello, hundir nuestra economía. El desprecio manifestado a instituciones públicas que representan al pueblo canario, la  desconsideración a los centenares de miles de canarios que igualmente así se pronuncian en las calles y en encuestas, pero sobre todo, unas formas que dicen mucho de lo que se esconde tras la fachada política de Soria y su partido, explican perfectamente la reacción de la sociedad isleña a su soberbio proceder.

Lo ocurrido en Telde días atrás viene a ser más de lo mismo, porque se repiten los tics autoritarios del ordeno y mando, el desprecio a la opinión del resto de la ciudadanía, la provocación y la descalificación gratuita que nunca deben ser la práctica constante de un político.

En Telde se pregonó esa forma de entender la política, se intentó encerrar y amedrentar a la disidencia, se hizo un uso desproporcionado del poder y sus instrumentos y encima, a resultas de tanto desatino, desorganización e irresponsabilidad, ahora se intenta, nuevamente criminalizar la protesta democrática y revestirla de banderas y prácticas que sólo están en la mente del que se cree en posesión de la única verdad, intentando imponer su pensamiento único.

        No es ni inteligente, ni democrático, ni responsable seguir en esa deriva de negar la participación democrática a los ciudadanos. No es justo, objetivo ni demuestra amplitud de miras, tildar de populistas, antisistemas, vándalos y no se cuentos adjetivos más a quienes discrepan pacífica y democráticamente de estos estilos, formas y maneras, porque bien que se parece ese a aquel discurso que atribuía cualquier movimiento reivindicativo por la libertad y la democracia a conspiraciones judeomasónicas.

        Canarias tiene derecho a decidir su futuro, y los canarios a ser consultados sobre un tema tan trascendente como las prospecciones, pero también sobre el gas, la ley electoral, o cualquier otro asunto de importancia tan clara para el interés general. Y el empecinamiento en negar la posibilidad de que los ciudadanos tengan un poder decisorio real sobre los temas clave que nos afectan a los canarios no es exclusivo del PP, sino que encuentra cómplices necesarios también tanto en el PSOE cómo en CC.

Que todos pregonen con el ejemplo de la democracia real porque ya hemos visto que la ciudadanía ya no traga a los pregoneros de la falsedad.