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01:13h. lunes, 18 de octubre de 2021

un tema políticamente trascendental para la consideración de España como Estado democrático y europeo

El presidente que usaba cholas en Lanzarote - por Nicolás Guerra Aguiar

 

FRASE GUERRA

    

El presidente que usaba cholas en Lanzarote - por Nicolás Guerra Aguiar *

morgan las cholas de sánchez

Morgan, notario de la realidad, deja constancia en su viñeta del pasado miércoles  (Canarias7) de un tema políticamente trascendental para la consideración de España como Estado democrático y europeo: se trata de dilucidar la filosófica razón de la sinrazón relacionada con las cholas ('chanclas') del señor Sánchez mientras comentaba desde Lanzarote con varios ministros a través de videoconferencia sobre temas relacionados con Afganistán, la repatriación de soldados españoles y colaboradores afganos. 

sánchez cholas

  La crítica de la opposición es contundente y rigurosa, dura... pero crítica: el señor Sánchez debió vestir apropiadamente -no se se trata de un país occidental, su nombre procede de la forma árabe Afġānistan- y, por tanto, usar indumentaria afgana para identificarse con el entorno del país. Como segunda opción pudo lucir uniforme de campaña debido al estado prebélico. 

soldado afgano

  Tales variantes exigirían babuchas para el primer caso y botas para el segundo. Las primeras no necesariamente hiladas con plata u oro, basta con las populares de atrevidos colores. El otro vestuario impone botas militares: fanáticos fuertemente armados pretenden el regreso a la Edad Media. Aumenta el miedo a un inmediato ataque terrorista.  

babuchas botas

t´única y uniforme  Añadamos, además, turbante en la cabeza y túnica hasta los pies.  El primero,  kafiyyeh, iría enrollado a su valleinclanesco "cráneo privilegiado", tocado imprescindible como señal de ropaje modesto o para ganar preces durante la oración.  La segunda es la thawb o suriyah, ancha de mangas. Prenda que, también según las circunstancias, será sustituida por impecable uniforme de combate de teniente general, como poco. Figurarían en su chupita las condecoraciones obtenidas durante los años de presidencia, medallas ganadas en el minado campo de batalla que es la política española. El casco, con las tres estrellas de cuatro puntas, estará sobre la mesa, siempre al alcance de la mano para completar su atuendo bélico. Porte marcial si sonaran los "claros clarines" rubenianos.

casco

  Pero no. El señor Sánchez desde el palacete de La Mareta, allá en tierras conejeras, vestía a la manera occidental, algo descuidado el estilo, acaso desaliñado: tal vez  pantalón vaquero (¡tremenda osadía!), cual si de un tenderete cumpleañero se tratara. Sabía el señor presidente que toda España, España toda, había congelado sus vacaciones para seguir en directo el diálogo entre él y algunos ministros cual si de un miniconsejo de tales se tratara. Y estos, a la manera del  Cid machadiano -"por la terrible estepa castellana / polvo, sudor y hierro"- permanecen en estado de alerta máxima desde los torreones más altos de sus fortalezas ministeriales pues el moro, convencido de la guerra santa, puede subir otra vez desde Andalucía: serían como los trece mil bereberes llevados por Tarik allá por el año del Señor del setecientos doce (diecinueve). 

la mareta

  Toda España, España toda quedó anonada, avergonzada, perpleja: ¡el presidente calza alpagatas! ¡Qué impudor, qué tropelía,  qué deshonestidad! Y España toda, vascos y catalanes incluidos, gritaba por alamedas, tascas, hoteles, apartamentos, guachinches, Plaza de Oriente... mientras evocaba La vida es sueño y dramatizaba, flagelando su ser, la estrofa calderoniana: "Sólo quisiera saber, / para apurar mis desvelos / (dejando a una parte, cielos, / el delito de nacer), / ¿qué más os pude ofender / para castigarme más?".

  Sí, el presidente de las alpargatas ha ridiculizado al sacrosanto Imperio, el machadiano "de charanga y pandereta; del cincel y de la maza; la España redentora"... ¿Qué presidente puede vestir de forma tan grotesca, atentatoria al honor, honra y gloria de la Patria, hoy 'deformación grotesca de la realidad'? El señor alcalde de Madrid  lo cogió al vuelo: "La metáfora de las alpargatas es el postureo de estar en La Mareta en vez de venir a Madrid a coger el mando". 

almeida

  Y tiene razón: solo desde Madriz se defiende a España. Es la secular tradición histórica desde Felipe II. Pero no hay estrategia desde Lanzarote, islilla canaria alejada, maltrecha, encerrada en su lejanía, ínsula aislada por Montañas del Fuego, Timanfayas..., allí donde habitan tropas y tropelías de moros, musulmanes,  tierra africana, desierto de camellos y pateras... cuya aparente continuación hacia el Sur es Fuerteventura, y ya se sabe por Unamuno: isla "Por la sed descarnada y tan desnuda" donde "La camella rumia la aulaga ruda". 

unamuno camello

 ¿Alpargatas proletarias, acaso impuestas por sus socios (-as, -es) socialcomunistas-anarcorevolucionarios-maoístas-bolivarianos? Porque no son las reales alpargatas  de la monarquía española tan identificadas con el señor alcalde, quien las usa en la intimidad como aquel presidente suyo que hablaba catalán... No son, no, de marca Castañer, Toni Pons, puras esencias patrias para gentes de bien, de orden; son algo peor, provinciano: ¡son cholas! ¡Y hay que estar como una chola, algo así como con las tejas rodadas, para desde tierra canaria hacerle afrenta a la pureza española, a la capitalidad del reino! ¡Que arda la colonia!

  Sí, en Canarias hay cholas. Rudos aborígenes las usan para ir a pulpiar, mariscar, andar por casa, por la playa, pues su base agarra bien sobre callaos sebados o charcos traicioneros donde cualquier foráneo puede dar con su trasero en volcánica zona, escondrijo de pulpos, erizos de color, cacheros, burgaos... ("¡Cudiao, questo rembala!", se les oye pregonar en evolucionado guanche a los nativos.)

  Que fue el gravísimo accidente sufrido por el señor presidente una tarde de marea baja cuando la maresía descargaba su aire húmedo en zona cercana al veril. Por no llevarlas puestas su señoría sufrió inesperado ataque, subrepticio, casi de comando especializado. Mientras refrescaba sus ñames en un charcón inundado de fresca agua, hete aquí que un macho morena -pintado, para más señas- lanzó feroz ataque hacia el meñique y dedos adláteres del presidencial pie izquierdo. Clavó allí su sierra dentaria y revolcose como cosa mala, el muy puñetero. Parecía entrenado con manifiesta mala leche. Por suerte no hubo caracolillo, pero sí profunda herida. La cirujía tardó una hora menos que en Madrid, ¡y eso que le aplicaron Pental, pomada del siglo pasado! (Pero el presidente cojea, claro, por la izquierda.)

  ¿Las cholas puestas? ¡Por supuesto! ¿Y si, descalzo, un peringuel le muerde el otro presidencial pie? ¡Isla subdesarrollada, señor alcalde!

  cholas

 

* La casa de mi tía agradece la gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

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