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jueves, 07 de julio de 2022 08:03h.

No hay injusticias de primera o segunda dependiendo de quien o contra quien se cometa

¿Tenía sentido este desastre, que como siempre, pagan los pueblos?.- por Juan Espino

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 ¿Tenía sentido este desastre, que como siempre, pagan los pueblos?.- por Juan Espino, miembro de Attac Canarias *

 

    Hemos leído que Ucrania estaba dispuesta a negociar con Rusia un estatuto de neutralidad en relación con la OTAN y  la no instalación de bases militares y armamento nuclear en su territorio, aunque parece que ese planteamiento se ha dejado de lado porque “a alguien” le interesa hundir y desgastar lo más posible a Rusia y eso sólo se consigue alargando la guerra lo que sea necesario, aunque cueste vidas y sufrimiento al pueblo ucraniano y suponga un gran negocio para los que fabrican armas. 

    La gran cuestión es si esto no podía haberse evitado antes, pues estaba meridianamente claro que para Rusia era estratégico que en suelo ucraniano no hubiera armas letales que apuntaran a su territorio; si bien ello no justifica en ningún caso la agresión al pueblo ucraniano promovida por el sátrapa de Moscú y su camarilla, que dicho sea de paso, han cometido un gran error estratégico atacando a Ucrania; sino que había que agotar las negociaciones hasta donde fuera necesario con la imprescindible participación de Europa, que ha estado jugando un papel secundario en el conflicto a pesar de que lo que está en liza es la estabilidad y la paz en su territorio. 

    Esta era y es una cuestión que resulta evidente para cualquiera que tenga cierta perspectiva de análisis sobre el conflicto. A nadie le gusta que su vecino le apunte con armas nucleares aunque está también claro que Rusia juega en favor de sus propios intereses expansionistas. 

    La cuestión es, en el caso de Europa, que la opinión pública, jaleada por intereses de dominio geoestratégico se ha dejado arrastrar por una rusofobia promovida desde siempre por el gobierno norteamericano y que ha sido seguida “a pie juntillas”, por los gobiernos europeos y los medios con un “bombardeo mediático” que exige un seguidismo incondicional y deja poco margen para el análisis y la reflexión constructiva.

    Desde luego, lo primero que quizás habría que dejar claro, es que esta guerra la ha iniciado Rusia y es la responsable directa por ello y por la muerte de muchos civiles inocentes que siempre son las víctimas principales en todas las guerras, como ha ocurrido en Irak, Siria o Afganistán. Y digo Rusia porque nunca me ha gustado personificar los hechos históricos, pues los personajes no vienen sino a encarnar el cúmulo de intereses tras el que se esconden los que siempre sacan beneficio de las situaciones críticas. 

    El problema es que plantear un análisis con perspectiva viendo no sólo los efectos, sino las causas de este conflicto, implica que enseguida acusan a quien lo hace, no se sabe si interesadamente, o tal vez sí, de situarse del lado ruso. Los que mandan siempre han tenido interés en que veamos las cosas en blanco o  negro, soslayando que en los hechos o procesos históricos hay muchas tonalidades grises o aspectos que por “razón de estado” nunca llegamos a conocer.

    No se puede obviar que todavía hay sectores que confunden la actual Rusia con la antigua URSS, y les cuesta poner en cuestión cualquier acción que el gobierno ruso realice, pues se suele partir del planteamiento de que todo aquel que está enfrentado con EE.UU. se considera que es un gobierno amigo del otro. La gran cuestión es que no se puede estar atrapado en esta dicotomía. 

    En este caso además, resulta evidente que cualquier persona con un planteamiento democrático firme y respetuosa con los derechos humanos, no puede menos que distanciarse de un gobierno, antisocial, misógino, homófobo y profundamente reaccionario, como es el gobierno ruso actual, que sólo favorece a una oligarquía que saquea el país y se lleva su fortuna derivada de las materias primas que exporta, a paraísos fiscales sin crear riqueza que genere una mejora de las condiciones de vida de la mayoría del pueblo ruso. 

    Baste como ejemplo las escandalosas imágenes de esos superyates en los que se pasean y toda la ostentosidad que hacen de su fortuna, guardada eso sí, en paraísos fiscales donde por cierto guardan también las suyas las oligarquías occidentales, lo que probablemente hará que las fortunas que los oligarcas rusos tienen refugiadas ahí, no se verán afectadas por las sanciones, pues eso vendría a evidenciar que el dinero que hay en esas cuevas de Alí Babá, no es intocable como nos quieren hacer creer y no vamos ahora a fastidiarlo todo desmantelando el  invento y haciendo aflorar el dinero que hay refugiado en él, pues “ caimán no come a caimán”, ya que por muchas diferencias que se tengan, al final a las oligarquías, sean de donde sean, las pondrá de acuerdo salvar el pecunio o peculio.

     Valorando los hechos, uno no puede menos que constatar cierta hipocresía por parte de algunos gobiernos europeos, que condenan el autoritarismo del gobierno ruso, obviando que dentro de la propia Comunidad Europea hay gobiernos de igual talante, pero en esos casos se mira para otro lado y no parece que preocupe mucho, al igual que ocurre con gobiernos en otras latitudes que en materia de democracia y derechos humanos dejan bastante que desear, empezando por los propios norteamericanos, que para preservar los llamados ”intereses norteamericanos”, han sido cómplices activos de numerosas barbaridades a lo largo de su corta historia. Si a eso añadimos la incomprensible censura de dudosa validez democrática y poco respetuosa con la  libertad de expresión, que se ha hecho de los medios rusos por parte de los gobiernos occidentales, pues en fin, que a todo el mundo le sale la vena autoritaria, sólo que aquí nos lo venden con la cantinela de que es por nuestro bien y para evitar la propaganda rusa, como si fuéramos una ciudadanía menor de edad e incapaz de discernir. 

    La gran cuestión es si los gobiernos occidentales, principalmente los gobiernos europeos y especialmente el propio gobierno ucraniano no veían, o  no querían ver por razones que deberían explicar, más allá del manoseado derecho soberano de las naciones a aliarse con quien quiera, aspecto este que se siempre se relativiza cuando conviene a los poderes dominantes y/o a las cuestiones geoestratégicas, que resultaba evidente que era prioritario evitar el conflicto negociando lo que ahora se pone sobre la mesa. A no ser que en este tema hubiera aspectos o intereses ocultos que dificultaban a los gobiernos europeos justificar. Un ejemplo de ello sería la luz verde que se ha dado al aumento presupuestario para rearmarse que viene reclamando la OTAN hace tiempo y que ante la oposición de una parte importante de la ciudadanía europea, la situación de guerra parece que ahora la ha desvanecido y se aplaude sin paliativos el despilfarro; el otro y quizás el más importante, es el interés norteamericano de intentar poner a Rusia de nuevo ”a los pies de los caballos”, e impedir a toda costa que Europa pueda establecer relaciones estables con la misma, además del interés de sustituir la dependencia energética de Rusia por la dependencia del gas de esquisto americano, mucho más caro de extraer, además del coste que supone su transporte a través del Atlántico; costes que al final pagará la ciudadanía europea. 

    Desde luego, lo  que no se puede cuestionar es que la guerra está “forrando” a la industria armamentística,  cuyas acciones desde el momento en que se desató la misma se han disparado; además de a la industria energética, que por como Europa regula el precio de la electricidad, que igual que en otras cuestiones hace siempre, en contra de los intereses generales y para beneficio de las empresas, a éstas les van a “caer del cielo” según se podía leer en la prensa, 200.000 millones de euros. Cuestión que afecta, como siempre ocurre, al bolsillo del común, que es quien paga los platos rotos, bien con su vida, como es el caso del pueblo ucraniano o ruso, o pasando dificultades ante el aumento de los precios a todos. Un aspecto que sólo hace acrecentar los márgenes gananciales de los de siempre. Porque aquí, como en la imágenes iniciales de la extraordinaria película de Chaplin “ El Gran Dictador”, cuando hay dificultades o se trata de pagar, siempre se mira al que está debajo, que suele ser el gran perdedor; en este caso el gran “paganini”, para que los que más tienen sigan aumentando su fortuna, que es de lo que se trata.

    Vemos ahora a los líderes europeos azuzando a las masas contra las atrocidades que está cometiendo el ejército ruso y que hay que denunciar, pero que quizás en este caso, sea para ocultar que en la generación de este conflicto tienen una gran responsabilidad pues han actuado por omisión y han sido además convidados de piedra actuando como cónsules del imperio, que es el que mueve realmente las fichas del dominó, al igual que lo hace la contraparte en esta lucha desatada por el dominio intercapitalista mundial en el que estamos. 

    No hay mayor humillación en este conflicto que afecta directamente al territorio europeo, que el hecho de que Europa no estuviera desde el primer momento presente en la mesa de negociaciones, negando tanto EE.UU. como Rusia cualquier papel a los gobiernos europeos y jugando éstos un papel  subsidiario.  Como dijo una representante diplomática estadounidense en años anteriores, que actualmente parece que es subsecretaria de estado, “¡fuck Europa!”, la cual, en el juego de los intereses internacionales no tiene ningún papel relevante que jugar, plegándose en este caso, al interés que ha tenido siempre el gobierno norteamericano de impedir a toda costa que Europa pudiera tener una relación pacífica y normalizada con Rusia, aspecto que probablemente la haría más independiente en la escena internacional y menos dependiente de los intereses norteamericanos, que de eso es de lo que se trata, ahora que se pone en el tapete la dependencia energética con Rusia, que dicho sea de paso creció porque interesaba a la gran industria alemana.

    Uno no puede menos  que ser profundamente solidario con el pueblo ucraniano, que es el que está sufriendo y pagando directamente las consecuencias del  conflicto, no se si por la incompetencia, necedad o intereses no explícitos de los que tienen la responsabilidad de gobernar; pero que también les cabe el deber moral de cuestionar esa rusofobia desatada, que hace que se culpe indiscriminadamente al pueblo ruso de las decisiones de su gobierno, pueblo que también va a pagar directamente las consecuencias de la guerra, y no esos oligarcas que tienen los medios suficientes para sortear cualquier embargo. Rusofobia con esperpénticas actuaciones las cuales hemos visto reflejadas en los medios de comunicación, incluso en los niveles que se podrían considerar con el raciocinio suficiente como para tener actuaciones más comedidas y en principio menos influenciable a dejarse llevar por el apasionamiento.

    A nadie con un mínimo conocimiento de la historia se le escapa a estas alturas que la OTAN ha sido el brazo armado en la defensa de los intereses norteamericanos en Europa y en el mundo, intereses que no han sido precisamente siempre los de la defensa de la democracia y la libertad, como nos suelen decir, pues ejemplos hay a montones que refutan el argumento y que no vamos a exponer, pues no hay sino que ir a las hemerotecas para corroborarlo.

    Lo que más aterra es como la gente se deja arrastrar acríticamente por el momento o la coyuntura y apoya el envío de armas, pero no exige que haya una negociación que pare esta catástrofe y asume las consignas irresponsables de los líderes políticos, cuyo primer deber sería salvaguardar la paz y la vida de la ciudadanía por encima de otros intereses.  Uno no puede menos que recordar que hace cien años, los intereses intercapitalistas e imperialistas llevaron a Europa a una guerra desastrosa que se llevó por delante nada menos que a diez millones de personas y puso las bases para la siguiente que se llevó a otros más de sesenta millones, ¡y eso que todavía no estaban a disposición las armas nucleares! Bueno, al final de la segunda, sí. Ya sabemos lo que ocurrió en Hiroshima y Nagasaki, pero que como fruto de esas dos guerras los capitalistas ganaron inmensas fortunas que es de lo que se trataba. El problema es que ahora las salidas bélicas para salvar al capitalismo de sus crisis está más complicada, pues  probablemente si se desatase un conflicto mundial, se acabaría con la mayoría de la población  y como dijo alguien: “los que quedaran vivos envidiarían a los muertos”. 

    En definitiva, que nuestra responsabilidad como ciudadanía crítica es exigir siempre a aquellos que nos dicen representar que tienen que hacer lo indecible por salvaguardar la paz de los pueblos, de todos los pueblos y que no hay damnificados de primera o segunda, según sea su origen geográfico, según estamos pudiendo ver últimamente. No podemos dejar que discursos profundamente xenófobos no lleven a mantener o defender actitudes hostiles, e insolidarias porque si no, también nosotros terminaremos siendo damnificados. 

¡Ah! Por último, pedirles a los que tienen la responsabilidad de gobernar, que defiendan los derechos humanos y denuncien la transgresión de los mismos, siempre y en cualquier caso, con el mismo ahínco con que lo hacen ahora. No hay injusticias de primera o segunda dependiendo de quien o contra quien se cometa.

    * La casa de mi tía agradece la gentileza de Juan Espino

JUAN ESPINO ATTAC CANARIAS
JUAN ESPINO ATTAC CANARIAS

 

 

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