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16:44h. lunes, 12 de abril de 2021

Dos Españas, dicen - por Chema Tante

 

 

soraya rajoyirene iglesiasrufián tardáoramaspedro quevedo

CHEMA TANTEDicen que en el Congreso, este martes 13 de junio (y el miércoles) se pueden ver las dos Españas. Y yo digo que es cierto. Allá están las dos Españas... y algunos de los pueblos que no se sienten España.

 

Dos Españas, dicen - por Chema Tante

 

Dicen que en el Congreso, este martes 13 de junio (y el miércoles) se pueden ver las dos Españas. Y yo digo que es cierto. Allá están las dos Españas... y algunos de los pueblos que no se sienten España.

Allá está, otra vez, la España de la intolerancia centralista;  la de la gente aferrada a sus privilegios, largando, como siempre sus mentiras y sus zafias chanzas, sus presuntuosas ironías; intentando hacer pasar como logros económicos sus trapicheos para que la gente de arriba siga viviendo mejor y las empresas puedan continuar su expolio sistemático y su especulación impenitente; manteniendo a la gente en el sufrimiento; ignorando, como si fueran ajenos, los mil y unos delitos que, a pesar de su poder, se les descubren a su propia gente. La España, en fin, que alardea de sus éxitos electorales, presentándolos como reconocimiento, cuando han sido conseguidos con las mentirosas campañas electorales y operaciones de comunicación que pagan con el dinero que roban.

Y con esa España cerril, los colaboracionistas de los pueblos que gimen en este estado. Los (y las) Tenesores -los perros del conde, cómo dice Chema Hernández Aguiar, que remedan en sus respectivas tierras las malas mañas venales de sus patrones de la derecha española o los cándidos que venden sus favores por unos zarcillos falsos, confiando en la moralidad de unos partidos que han faltado continuamente a su palabra.

Está también la España de la democracia perdida, no recuperada, pero siempre reivindicada. La España insigne de la tolerancia, la que que se preocupa de lo que necesita la gente, la que pretende que todo el mundo pueda vivir, con obligaciones y con libertades, pagando  todo el  mundo los impuestos que corresponda. La España que asume que por encima de todo, los pueblos tienen -como acaba de determinar el Tribunal de Justicia Europeo- el derecho a su entidad política, el derecho a decidir. La España dispuesta al diálogo, no a la confrontación, para solventar las diferencias.

iglesias tardáY están, repito, algunos de los pueblos que no se sienten España. A quien tenga sensibilidad humana se le tiene que animar el corazón, escuchando las reivindicaciones de quienes han conseguido poder hacer oír en ese Congreso "de la restauración monárquica" la voz de su gente que no pide otra cosa que libertad para escoger su destino. Algo tan esencial en democracia, pero que la inquisición de la derecha española se empeña en criminalizar.

 

Pero otros pueblos, como el nuestro canario, no tuvimos quien llevara nuestra voz herida al Congreso. Porque quienes están allá en nuestro nombre, sedicentes nacionalistas, truecan su voto por prebendas para una parte. Hablando en plata: por más perras para que se las estalle el genuflexo Clavijo y su tropa, billetes más baratos para que viajen quienes tienen recursos para ello, transporte gratis para que las empresas ganen más y los precios sigan en la cúspide de los del estado, mientras los derechos electorales o laborales se quedan en la mesa para discutirlos otro día. A cambio de eso, mantienen en el poder, legitiman de hecho, a un partido que utiliza la política como instrumento de aprovechamiento privado. A un  partido que cruje a la gente, desamparando a las personas sin fortuna.

Dos Españas, que han de helar el corazón; y algunos pueblos que hace siglos que tienen el corazón helado.

Lo escribió Chema Tante

CHEMA TANTE