​Una guerra en la que todos pierden salvo las industrias de armamento - por Joaquín Rábago

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​Una guerra en la que todos pierden salvo las industrias de armamento - por Joaquín Rábago


 

Pronto hará cuatro años desde la invasión rusa de Ucrania,  con la que Vladimir Putin trató de impedir su conversión en un nuevo ariete de la OTAN contra su país.

Dentro de unos meses se cumplirá un nuevo aniversario, que aprovecharán los medios para redoblar sus críticas a esa invasión “ilegal” mientras seguirán ocultando cuidadosamente sus motivos profundos. 

 

EXPANSIÓN DE OTAN HACIA EL ESTE

Y volverán a decir que Rusia ha perdido pues no sólo no ha conseguido, como supuestamente se proponía, ocupar toda Ucrania, sino que la OTAN se ha reforzado con dos nuevos miembros: las antes neutrales Suecia y Finlandia.

Y aprovecharán el hecho de que en los últimos meses poco se ha movido la línea del frente pese a la conquista rusa de algunas ciudades estratégicamente importantes para hablar sin más de “fracaso” o repetir las estúpidas palabras de Donald Trump de que Rusia es sólo un “tigre de papel”.

Palabras que coinciden con un clima de creciente agitación y polarización en Europa, alimentada por lo que sólo cabe calificar de histeria en torno a los misteriosos drones que paralizan la actividad en algunos aeropuertos y que políticos y medios atribuyen siempre a Rusia.

Agitación que tiene como consecuencia un mayor control de la opinión publicada, la continua descalificación como “putinistas” de quienes osan hablar de paz y un reforzamiento de la burocracia de Bruselas. 

La guerra de Ucrania, un conflicto que con la diplomacia y el diálogo habría podido y debido evitarse, es una catástrofe para todos: en primer lugar para Ucrania, pero también para Rusia y para el conjunto de Europa.

Ucrania es hoy un país militarizado y destruido; ha perdido un 20 por ciento de su territorio nacional, ha sacrificado en la guerra a varias generaciones- el coronel Douglas McGregor habla de 1.6 millones de caídos- y varios millones de sus ciudadanos  han huido a otros países. Y si no está ya en total bancarrota es gracias a la generosa ayuda financiera de Occidente.  

Pero también la inmensa Rusia se ha desangrado física y económicamente aunque sus pérdidas sean menores que las ucranianas, sobre todo en relación con su población, pese a lo que asegura la propaganda de Kiev o de Bruselas.  

Pese a la lentitud con que avanzan sus fuerzas en el frente, Putin no parece poder permitirse políticamente una movilización general, lo cual obliga a su país a luchar con medios lógicamente más limitados y a avanzar mucho más lentamente de lo que podría frente a Ucrania.

Europa es la tercera gran perdedora del conflicto, al menos  en términos económicos porque, obedeciendo ciegamente a Estados Unidos, decidió cortar todos los lazos con Rusia, que era el puente natural con el resto del continente euroasiático. 

La tecnología europea,  unida a los inmensos recursos naturales rusos,  hacían imbatible a ese tándem, y esto lo sabía perfectamente Estados Unidos, que temía sobre todo la competitividad de la industria alemana, favorecida por la energía abundante y barata procedente de Rusia.

Hoy, el continente está en clara recesión económica por culpa sobre todo de unas sanciones dirigidas contra Rusia, pero que, en un efecto de bumerán, se han vuelto   contra la propia Europa y especialmente contra el país central y principal motor económico: Alemania.

La dependencia europea de Estados Unidos no puede ser mayor, y además en un momento en que su presidente castiga a todo el mundo, aliados incluidos, con   irracionales aranceles punitivos.

EUROPA

Los líderes europeos se niegan a entender que no hay paz posible en el continente sin Rusia, sino con ella. Cada vez más alejados de sus ciudadanos, aprovechan el conflicto para distraer de los problemas internos de sus países.

Y con ayuda de su propaganda belicista tratan de disciplinar a sus pueblos, a hacerles aceptar un rearme cada vez más costoso que sólo beneficia a los fabricantes de armamento a ambos lados del Atlántico. 

En resumen, esta guerra, como en general las guerras, es un desastre para todos menos para los mercaderes de la muerte. Basta ver cómo se disparan sus acciones.

JOAQUÍN RÁBAGO