ALEMANIA: La desindustrialización de Alemania afecta gravemente al sector químico - por Joaquín Rábago
ALEMANIA:
La desindustrialización de Alemania afecta gravemente al sector químico
Joaquín Rábago
La desindustrialización alemana, fruto, entre otros factores, de la renuncia por razones políticas a la energía barata que llegaba antes de Rusia, afecta gravemente al sector químico.
El fenómeno se deja notar especialmente en el triángulo que forman las localidades de Leuna, Schkopau y Bitterfeld, en el estado federado de Sajonia-Anhalt.
Especializado en la industria química de base, que produce precursores o compuestos intermedios para otras industrias como la petroquímica o los fertilizantes, ese triángulo es el punto de partida de una larga cadena de producción.
Lo cual significa que si decae allí ese tipo de producción, se verán afectadas otras muchas empresas a lo largo de la cadena.
Y, como señalan medios germanos, la crisis de ese sector con la pérdida continua de puestos de trabajo es visible en todo el país.
Según el Instituto de Investigaciones Económicas de Múnich, nunca desde hace treinta años había registrado tal caída el número de pedidos en esa industria.
Las fábricas trabajan actualmente sólo al 71 por ciento de su capacidad, lo que significa que más de una cuarta parte de las máquinas de los centros más importantes de la industria química, entre los que están también Ludwigshafen, junto al Rin, o Brunsbüttel, en el Elba, están paradas cuando, para que no hubiera pérdidas, haría falta que las fábricas trabajaran al 82 por ciento de su capacidad como mínimo.
El sector químico sigue siendo, con alrededor de 480.000 puestos de trabajo, el mayor empleador del país, pero eso puede cambiar, como escribe el semanario Der Spiegel.
Solo este año seis empresas químicas han anunciado el cierre de sus mayores plantas de producción y cada vez quiebran más en el sector de la pequeña y mediana empresa.
La industria química es un poco como el canario en la mina y si cae la demanda de ese tipo de productos, ello es señal de que el resto de la economía está en crisis.
Según declaró a la agencia DPA el presidente de la Asociación Federal de la Industria Química, Peter Leibinger, el sector está “en caída libre” y se trata “de la peor crisis desde la fundación de la República Federal”.
Hay precursores químicos en casi todo lo que se fabrica en el país, desde las lociones cutáneas hasta los microchips, y si en el futuro Alemania tiene que depender de los precursores de China o EEUU, se volverá tan vulnerable como lo es ya en “tierras raras”.
Según reconoce la citada revista, desde que para sancionar a Rusia por la invasión de Ucrania se dejaron de importar sus materias primas baratas, las originarias de China inundan ese y otros mercados europeos.
Las importaciones de productos químicos y plásticos crecieron nada menos que un 40 por ciento en el primer semestre del año en comparación con igual período de 2024.
Según Anna Wolf, experta en “economía de la innovación” del antes citado instituto muniqués, muchas empresas se plantean la posibilidad de llevar la producción a otros países.
Las empresas químicas más contaminantes necesitan los llamados “certificados de emisiones” por cada tonelada de CO2 que lanzan a la atmósfera.
Una parte de esos certificados los reciben gratuitamente mientras que las empresas deben pagar por el resto, pero cada vez hay menos certificados en el mercado, lo que significa que los que hay cuestan más.
Y si, como recuerda Der Spiegel, el año 2007, costaban menos de un euro por cada tonelada de C02 emitida, hoy cuestan ya unos 70 euros, y además a partir de 2034 no los habrá ya gratuitos para ninguna industria.
El lobby químico se queja de la injusticia que supone el hecho de que muchos de sus competidores produzcan en países donde las emisiones de C02 no cuestan nada a quienes las emiten.
Cada vez más empresas amenazan con trasladar su producción a otros países que les ofrecen energías limpias y al mismo tiempo más baratas.
Es especialmente significativo el caso de China, que últimamente ha invertido más en energías limpias que, por ejemplo, Alemania.
El Estado chino ha mantenido artificialmente muy bajos los precios tanto de la energía como de las materias primas, y las autoridades han eliminado todo tipo de trabas burocráticas para la apertura de fábricas.
Los rivales chinos se dedican incluso a reclutar a trabajadores de empresas del sector químico como la Wacker una vez que pasan a la jubilación. Valoran con seguridad su experiencia.