CHINA La milenaria China se adelantó a los europeos - por Joaquín Rábago
CHINA
La milenaria China se adelantó a los europeos
Joaquín Rábago
La milenaria China supo ver antes que los europeos las oportunidades que podían brindarle las nuevas tecnologías en la lucha contra el cambio climático.
Mientras Europa seguía hablando, por ejemplo, de límites de emisiones de CO2 para su parque automovilístico, China había ya fijado cuotas para el nuevo sector del coche eléctrico.
Al mismo tiempo, el Estado impulsaba estratégicamente sus industrias de la llamada tecnología verde, incluida la investigación en materia de baterías eléctricas, con lo que dejó rápidamente atrás a la UE.
China controla en torno al 80 por ciento del mercado mundial de celdas de batería y en un 60 por ciento aproximadamente, el de turbinas éolicas.
A lo que hay que añadir el cuasi monopolio mundial del que disfruta el país en materia de tierras raras, lo que, entre cosas, le permite desafiar a Estados Unidos en sus absurdos intentos de bloquear mediante sanciones y otros mecanismos su progreso económico.
China desarrolla a un ritmo envidiable tanto los parques eólicos como la energía solar, lo que no le impide al mismo tiempo poner a funcionar nuevas centrales de carbón, con lo que dispone de electricidad barata para su industria química o la siderúrgica.
En Europa, por el contrario, la industria tiene que haber eliminado las emisiones de carbono para el año 2040 aunque no se han puesto aún a punto las tecnologías necesarias para cumplir ese objetivo.
Las industrias intensivas en energía amenazan con trasladarse a otros continentes antes de que aquí se culmine la transición a las nuevas tecnologías no fósiles.
Hay quien se refiere a la estrategia europea como una de “desindustrialización por medio de la descarbonización”.
El problema, critica el semanario alemán Der Spiegel, lo agrava la descoordinación en transición energética de los propios países europeos.
En lugar de apostar por las energías más baratas como son la solar y la eólica, priman muchas veces los egoísmos nacionales.
Así, por ejemplo, Francia se resiste al paso de la energía verde -generada a partir de fuentes renovables- desde España con el único fin de proteger su propio mercado eléctrico, dependiente hasta en un 70 por ciento de la energía nuclear.
Alemania, por el contrario, clausuró prematuramente todas sus centrales nucleares aunque con ellas podría generar electricidad a un precio muy inferior al de que producen actualmente por sus parques solares o eólicos.
Al mismo tiempo, en toda Alemania el precio de la electricidad es el mismo aunque faltan las conducciones para transportar fácilmente la energía de una parte a otras del país.
Pese a todo, la UE puede presumir de lo logrado los últimos años en materia de transición energética pese a las fuertes presiones del lobby energético de los combustibles fósiles y el de la industria nuclear.
Así, cerca de la mitad de la electricidad generada el año pasado en los países miembros procedía de fuentes renovables. Y sólo en dos años – de 2022 a 204- se abrieron parques eólicos y solares con una capacidad de 205 gigawatios, más que en los ocho años precedentes.
En realidad, pese a presiones y tropiezos, la transición energética en la UE ha marchado hasta ahora mejor que su industria, que se ha desacelerado por diversas causas, pero sobre todo por la renuncia al gas barato procedente de Rusia debido a las sanciones a ese país por su invasión de Ucrania.
Mientras tanto, sin embargo, hay fuerzas tanto en Bruselas como en los propios Estados de la UE que tratan de poner palos en las ruedas del llamado Pacto Verde. Y la propia presidenta de la Comisión parece escuchar últimamente sus cantos de sirena.