Deriva militarista. Nos roban el planeta - por Rafael J. Rodríguez Marrero

Deriva militarista. Nos roban el planeta 

Rafael J. Rodríguez Marrero

 

“Los respectivos dominadores son los herederos

de todos los que han vencido una vez”

Walter Benjamin (Tesis VII de Filosofía de la Historia) (1)


 

En su monumental Historia del Siglo XX, Eric Hobsbawm señalaba que “la destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX” (2).

ERIC HOBSBAWM

Un fenómeno que parece agudizarse en este primer tercio del siglo XXI. Una desmemoria casi generalizada que  impide ubicarnos con criterio en este presente incierto, “gaseoso”.

Un tiempo en el que las comunicaciones nos desbordan y nos arrastran cual autómatas sin percatarnos, por aquello de la desmemoria, del encantamiento al que nos someten los dominadores; esos que parecen seguros de llevarse consigo “el botín”, que, diría W. Benjamin, constituyen los “bienes de cultura”.

WALTER BENJAMIN

No es esta la primera ocasión en la que los dominadores, presos de la competencia feroz que impone la civilización que les ha otorgado su preeminencia, se cargan de sinrazones en su afán de seguir poseyendo las riquezas que les distinguen, ampliándolas; no es otra la razón instrumental de la civilización capitalista.

La base geofísica sobre la que asienta la vida en este planeta no es infinita; de ahí que el crecimiento permanente sea imposible, por insostenible. El salto adelante permanente por el que apuestan los dominadores nos conduce irremediablemente a la barbarie. Y ante los límites planetarios y frente a la barbarie que se intuye, ese diez por ciento de la humanidad aprovecha la desmemoria en la que nos han entrenado para repetir una vez más el saqueo de las riquezas que van quedando en un planeta que, ahora sí, languidece, enfermo.

Y jugando con aquel botín interpretan el pasado en sintonía con los vencedores que alguna vez fueron. 

A través de filtros comunicativos, desprovistos como nos encontramos de referencias históricas ciertas, nos deslumbran y nos inmunizan ante tanta barbarie. Recuerdo como hace décadas, aún en tiempos analógicos, nos presentaban a poblaciones famélicas; de tanto observar el hambre, nos inmunizaban; terminábamos asumiendo aquella plaga pues nos aparecía lejana. Quienes aún conservaban corazón límpido, relajaban sus conciencias mediante la caridad.

Hoy, en la época digital, los relatos y las imágenes se han acrecentado exponencialmente; pero, al tiempo, se uniformizan pues se concentran en cada vez menos manos los medios -los canales- a través de los cuales se difunden; y esas manos son las de los dominadores, herederos de los vencedores. 

Las conflictos bélicos más publicitados hoy (la guerra ruso-ucraniana y el genocidio sionista en Palestina) se nos presentan mediante relatos que omiten y/o tergiversan el pasado; con imágenes que, de tanto observarse, terminan inmunizando; como antaño la sobre-exposición de imágenes hacía con el hambre -en aquellos espacios que daban en llamarse de Tercer Mundo-. 

Incluso nos mienten ante el estado de guerra permanente en el cual nos encontramos. Debido a una civilización que lentamente se desmorona ante la crisis energética y de recursos; ante la pérdida de la hermosa biodiversidad planetaria y el rampante calentamiento global; ante las crecientes y humillantes desigualdades y la crisis recurrente de acumulación para el capital; ante los racismos y los machismos persistentes…; seguimos ciegos ante tanta barbaridad. Y nos creemos cualquier relato que nos confunda la realidad.

Puesto que hemos ido perdiendo las brújulas que ayudaban a conducirnos hacia un conocimiento más certero de cuáles han sido las causas -no solo las inmediatas- que han provocado tales desastres; para no sólo explicárnoslas sino, sobre todo, proponernos maneras de recuperar “cordura planetaria”. 

 

La UE (institución heredera de la olvidada Comunidad Económica Europea) debe su construcción más a la “voluntad de los Estados Unidos que a los pueblos de Europa comprometidos en una unión cada vez más estrecha” (3). Como sigue apuntando Bernard Cassen, “los pueblos (europeos) han sido, en el  mejor de los casos, meros espectadores y, todavía, nulos actores de su propia integración”.

BERNARD CASSEN

Una institución, la UE, que tras el Tratado de Maastricht (en vigor desde el 1 de noviembre de 1993) se convirtió en la primera organización supranacional en abrazar los dogmas del credo neoliberal. Una organización supranacional que, a medida que aglutinaba a más países en su seno (cuando España se incorporó a la CEE, en 1986, eran doce los países pertenecientes al club) perdía peso específico en el panorama mundial; plegada como ha venido estando ante el hegemón norteamericano, vía OTAN.

UNIÓN EUROPA DEL CAPITAL

Hoy, España (socia fiel de la mayor organización terrorista que jamás ha existido en el planeta) se congratula con otros países de la región para seguir el impulso destructivo del hegemón en decadencia. Para mantener atendido el “jardín del Edén”, los principales países de la UE están dispuestos a “tirar la casa al cubo de la basura”, incluyendo a la  mayoría de su población. Y es que los gobernantes norteamericanos piden más leña al fuego; y ante ello, nada mejor para Europa que impulsar su industria militar y, al tiempo, adquirir trastos bélicos de esos de los que los americanos tanto saben vender.

Las poblaciones en Occidente asisten al espectáculo atónitas. Con los referentes que algún día tuvieron ya no pueden explicar “la que está cayendo”. Se observan cada vez más miserables mirándose en los espejos deformados construidos para mirar, engañados,  al interior de las fronteras de cuantos viven en “la selva”.

La UE no dispone (como sí EE.UU.) de “maquinaria suficiente” para imprimir moneda. El hegemón tiene (aún) el privilegio de financiarse emitiendo de manera casi ilimitada dólares, la divisa mundial de referencia. Para los países de la UE, pues, no es posible incrementar el gasto militar y, al mismo tiempo, reducir la deuda y mantener servicios sociales con dignidad.

Desde hace tiempo se echa en falta una continuada movilización ciudadana, potente, que frene la deriva a la que nos viene conduciendo el capital europeo y sus “socios/rivales” al oeste del Atlántico.

Mientras tanto, los movimientos tectónicos que venimos observando en el planeta, especialmente tras la puesta en escena de la asociación BRIC (en 2006; en 2010 se sumó Sudáfrica, conformándose los BRICS) han ido haciendo girar el mapa planetario hacia el continente asiático (el más habitado y extenso del planeta). 

Está por verse si movimientos como el que provoca esa asociación y otros que suceden en las periferias (en las regiones al sur) facilitan la superación de la civilización planetaria, capitalista, que pone en jaque la vida misma en la Tierra.

Creo necesario quitarnos las anteojeras; los herederos de los vencedores una vez más vienen a por todo el botín.

Notas:

 

(1) Benjamin, Walter (1973): “Tesis de filosofía de la historia”. En “Discursos interrumpidos, I”. Taurus Ediciones; Madrid

(2)   Hobsbawm, Eric J. (2011): “Historia del siglo XX”. Ed, Crítica; Barcelona.

(3) Cassen, Bernard (2005): “Largo camino hacia la Constitución”. En Le monde diplomatique, n.º 2; “Europa: momentos decisivos”.



 

Rafael J. Rodríguez Marrero

Montaña Hendida (Fuerteventura, Canarias) 15 de diciembre de 2024

RAFAEL JUAN RODRÍGUEZ MARRERO

Edición de Chema Tante