La nariz de Pinocho de santa Ursula de Bruselas - por Joaquín Rábago
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La nariz de Pinocho de santa Ursula de Bruselas
Joaquín Rábago
A la presidenta de la Unión Europea le salió el otro día una nariz de Pinocho de un tamaño que habría incluso asombrado al inventor de ese personaje, el italiano Carlo Collodi.
En su discurso de la Unión ante el Parlamento europeo, Ursula von der Leyen atribuyó directamente a la Rusia de Putin -¡la culpa es siempre y sólo suya!- los altísimos precios actuales de la energía que tanto merman la competitividad del continente.
Con el mayor de los cinismos, la cristianodemócrata alemana, que se distanció del llamado Pacto Verde europeo cuando le convino, criticó la dependencia europea de “los sucios y baratos combustibles fósiles de Rusia”.
Y añadió que el continente debería deshacerse definitivamente de los hidrocarburos rusos. ¿Acaso para tener que recurrir a compras masivas del gas y del petróleo de Estados Unidos, mucho más costosos a la vez que más contaminantes?
Porque se trata de energía extraída del subsuelo mediante el proceso de fracturación hidráulica y que hay luego que traer por mar a Europa, transporte que aumenta la contaminación que tanto denuncian los ecobelicistas como los Verdes.
Pero nada de eso parece importarle a santa Ursula de Bruselas, a la que llamo así porque en las fotografías aparece muchas veces su rostro rodeado, como en un halo, de las estrellas de la UE, lo cual le da el aspecto de algunas vírgenes de nuestro gran Zurbarán.
Por supuesto que la alemana, que aún no ha dado cuentas del escándalo de los contratos firmados con los fabricantes de vacunas durante la pandemia, nada dijo de la voladura de los gasoductos germano-rusos del Báltico.
Es un tema todavía sin esclarecer y además tabú porque no interesa ni a EEUU, cuya mano parece estar detrás, sino a sus “aliados” – llamémoslo por caridad así- de la OTAN.
¿Puede seguir Von der Leyen presidiendo la Comisión Europea después de haber claudicado ante sus siempre admirados Estados Unidos en un tema de capital importancia como es el comercio bilateral?
Porque ¿no es acaso claudicación un acuerdo que obliga a Europa a librar totalmente de aranceles las importaciones de EEUU mientras grava con un gravamen del 15 por ciento – y del 50 por ciento el acero y el aluminio- nuestras exportaciones a aquel país?
¿Y no es tampoco “capitulación”, o como queramos llamarlo, la promesa hecha a Donald Trump de comprar a EEUU energía por un valor de 750.000 millones de dólares y realizar nuevas inversiones en aquel país hasta un total de 600.000 millones, todo ello de aquí al año 2028?
¿No equivale, por otro lado, a doblar la cerviz el compromiso adoptado por los europeos en el marco de la OTAN de aumentar el gasto militar de cada país hasta un 5 por ciento del PIB, lo que significa comprarles también masivamente armas a Estados Unidos, incluidas las destinadas a la guerra de Ucrania?