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viernes, 19 de julio de 2024 10:07h.

CAPITALISMO DISTÓPICO,ECOCIDA Y HOMICIDA, DEL SIGLO XXI ¿CON EL CAMBIO CLIMÁTICO ÁFRICA EMPEZARÁ EN LOS PIRINEOS? "Vivir temperaturas/propias de otro planeta/quizá debería hacernos pensar/que acaso este sea ya otro planeta”. José María López Medina (poeta)

¿Turismo a 50 grados?​ Las previsiones climatológicas ponen en riesgo la principal actividad económica de España - por Mariana Vilnitzky

 

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Francisco Morote, de Attac Canarias, recomienda y aporta el antetítulo de este artículo de Mariana Vilnitzky sobre el terrible futuro que le viene al mundo y a España por su mala cabeza. Y yo, Chema Tante, añado que el drama es mucho peor en Canarias, territorio que malvive sólo del turismo. La casa de mi tía y sus puntales llevamos una década advirtiendo del problema. Este ha sido un crimen en toda regla. El turismo morirá, por el calentamiento global. Pero el turismo en Canarias ha sido un contribuyente potente a este calentamiento, ya achicharramiento, global. Sin embargo, a Clavijo, como a Ángel Víctor, a Paulino, al desalmado Marichal, todo esto les da lo mismo. ¿Saben por qué? Porque la catástrofe, de momento, se sitúa en un par de décadas, y estos irresponsables se acojen a lo de "para entonces, todos calvos". Y hasta piensan que puede todavía ocurrir un milagro. Canarias, como España, pero sobre todo Canarias, perdió la oportunidad, cuando el frenazo de la pandemia, de diversificar la economía y detener la maldita dependencia del turismo Pero estamos en manos de granujas.

¿Turismo a 50 grados?​ Las previsiones climatológicas ponen en riesgo la principal actividad económica de España - por Mariana Vilnitzky, ALTERNATIVAS ECONÓMICAS 

 

 

Turismo

Ilustración Andrea Bosch

Después de muchas advertencias, y catástrofes, el Gobierno indonesio decidió cambiar este año su capital, Yakarta, a la isla de Borneo. El norte de la ciudad ha quedado sumergido tras una crecida del mar de 2,5 metros en los últimos 10 años. Casi la mitad de la urbe ya está bajo el agua. Era previsible y, sin embargo, la actividad continuó hasta que el agua llegaba literalmente al cuello.  

Es el presagio de lo que puede venir en otros lados del mundo si no se logra cambiar el rumbo climático. Venecia, mucho más cerca, también se hunde, aunque mucho más lentamente y muy a pesar de los miles de millones invertidos en el sistema MOSE para evitar la entrada del agua a la laguna con la subida del nivel del mar.

Y España no está exenta de riesgo. Las inundaciones y sequías extremas ya están aquí. Si en dos años no comenzamos a bajar las emisiones de gases de efecto invernadero y en 2075 no llegamos a cero emisiones, todo el país, menos la cornisa cantábrica y zonas altas del Pirineo, podrían ser inhabitables. 

El investigador del CSIC Antonio Turiel lo explica en una entrevista con RTVE: “Con dos grados de aumento de la temperatura global, en verano en España serían habituales temperaturas de 50 grados, porque aquí la subida está siendo más grande que la media mundial”, explica. Eso es a lo que se llegaría fácilmente si no cambia el rumbo. Pero si seguimos como hasta ahora, se podría llegar incluso a un incremento de tres grados a nivel mundial. “Querría decir que aquí se superarían los 60 grados”, remata Turiel. “Y 60 grados es incompatible con la vida. Así de simple”.

Según el IPCC, el Grupo Intergubernamental de Personas Expertas sobre el Cambio Climático, las políticas actuales a nivel nacional son insuficientes: “Sin reducciones inmediatas y profundas de las emisiones de gases de efecto invernadero en todos los sectores y regiones, será imposible mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C”.

La estrategia es mitigar y adaptarse a la nueva situación

Pero incluso si suponemos que nos salvamos de tener que dejar nuestras casas y emigrar, ya con lo que tenemos, la temperatura seguirá subiendo. La Agencia Española de Meteorología (AEMET) midió 47,6 ºC en La Rambla (Córdoba) el 14 de agosto de 2021. El año pasado fue el más cálido desde que hay registros. Y se espera que este verano las temperaturas aumenten todavía más. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que las olas de calor sean habituales en verano hasta al menos 2060.
      
El sector turístico, gran motor de la economía y del empleo españoles, ya sabe lo que viene y es consciente de que está en riesgo su propio futuro. Desde el mundo académico y desde el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO)  buscan salidas al problema, que en ningún caso son fáciles de ejecutar. 

Europa está muy pendiente. Ya desde 2007, después de la cumbre del clima en Bali (Indonesia), se hicieron una serie de recomendaciones a los países miembros y se mencionaron los impactos del cambio climático en las infraestructuras turísticas, así como los posibles efectos en la redistribución de los flujos turísticos de sol y playa en verano de los países mediterráneos a zonas del norte de Europa.

Pero las mismas cumbres no son eficientes. “Ya de por sí, si quienes tienen que promover las acciones para reducir el cambio climático llegan en jet privado al COP26 (la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), vamos mal. Empezando porque no dan ejemplo. Y si ellos mismos no dan ejemplo, ¿por qué los demás van a hacerlo bien?”, dice Jon Xavier Olano Pozo, sociólogo, doctor en Estudios Turísticos e Investigador del Centre for Climate Change  de la Universitat Rovira i Virgili. “El turismo es uno de los sectores que más ha contribuido y que más va a sufrir las consecuencias del cambio climático”, agrega. 

El último informe español sobre el estado de la cuestión, Impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en el sector turístico, llevado a cabo por el MITECO antes de la pandemia, pone en evidencia las dificultades que se avecinan: "En 2080 las pernoctaciones en España podrían reducirse como consecuencia del cambio climático entre 0.6 y 7.7 millones comparado con 2005 en que se registraron 209.5 millones, en función de los escenarios considerados, siendo superiores estás pérdidas si consideramos la posible redistribución geográfica y estacional de los flujos turísticos". 

 

7,7 son los millones de pernoctaciones que podrían perderse para 2080 

Pérdida de playas

Respecto a los recursos turísticos, el MITECO señala: “Se podría producir la pérdida de playas provocada por la subida del nivel del mar y la erosión principalmente en las provincias del Mediterráneo y Canarias (en especial en el mar de Alborán). Determinadas cuencas hídricas del Mediterráneo, Baleares y Canarias con cauces cortos e irregulares podrían sufrir de estrés por la reducción de precipitaciones, que podría comprometer el abastecimiento de la demanda turística en temporada alta”. 

En la montaña, “los recursos nivales se podrían ir reduciendo al igual que los sistemas glaciares del Pirineo, cuya extensión se ha reducido en un 90% desde principios del siglo XX. Los espacios naturales podrían estar en peligro por la reducción de la superficie climáticamente adecuada para gran parte de las especies de flora y muchas especies de fauna, que podrían sufrir muy alto riesgo de desaparición pasada la mitad del siglo XXI”.

El Ministerio prevé impactos en bienes culturales costeros por la erosión y la subida del nivel del mar y en edificios históricos, construidos con materiales más porosos, especialmente vulnerables a las temperaturas y precipitaciones extremas. “Los impactos del cambio climático podrían provocar migraciones de la población local a otras zonas (de interior, mayor altitud, etc.) perdiendo la identidad cultural de los pueblos, que constituyen un polo de atracción turístico”. Respecto a la oferta turística, en las estaciones de esquí vaticinan una reducción sustancial de ingresos y visitantes “que podrían no ser paliados por la producción de nieve artificial, ya que resultaría inviable económica y técnicamente para muchas estaciones”.

Las instituciones urgen a avanzar más rápido

Además, los previsibles eventos extremos (inundaciones, lluvias torrenciales y demás) afectarían “sobre todo a las carreteras, aeropuertos y vías férreas, y la subida del nivel freático de muelles y explanadas podría afectar al funcionamiento de redes y servicios subterráneos en puertos”. Estos eventos también podrían afectar a los hoteles costeros a partir de la segunda mitad del siglo.

Veranear en otoño

En definitiva, “España podría perder competitividad como destino turístico en favor de otros destinos del norte de Europa, que podrían tener condiciones más favorables para la práctica de actividades recreativas al aire libre. Dentro de España se podría producir una redistribución estacional (de la temporada estival al otoño y la primavera) con incremento de la duración de la temporada; y espacial de los flujos turísticos a zonas de septentrionales como consecuencia del cambio climático. El turismo procedente del centro y norte de Europa podría verse disminuido hasta en el 20% en 2080 con respecto a 2004 por el posible aumento del turismo interior en estos países por la mejora de condiciones para la práctica de sol y playa”. 

Estrategia con tres pilares

La estrategia frente a lo que se avecina radica en tres pilares: mitigación, adaptación y cambio de la oferta.

 Para mitigar el cambio climático están las medidas ya conocidas, como la adecuación arquitectónica de los alojamientos, para que gasten menos agua o tengan sistemas de energía renovable. El cambio en el modelo de transporte (véase el número de mayo de Alternativas económicas), como el desarrollo de mayores y más económicas alternativas ferroviarias frente a los vuelos o el coche de gasolina.

“El sector está intentando reducir su consumo de agua, su consumo energético y su huella de carbono”, remarca Òscar Saladié, decano de la Facultad de Turismo y Geografía de la Universitat Rovira i Virgili. “Ha mejorado mucho con relación a las décadas pasadas. Pero falta todavía dar más pasos adelante”.

Dentro de los planes del Gobierno está modernizar los sistemas de riego eficiente en campos de golf y zonas verdes; la instalación de plantas desalinizadoras en hoteles de playa, tecnologías de ahorro de agua en habitaciones de hotel y en el almacenamieto y conservación de alimentos en la restauración.

Y, además, la sensibilización a turistas, pues gastan mucho más cuando están viajando que si estuvieran en sus propias casas.

En el terreno de la adaptación y en el caso del turismo de nieve, lamentablemente no hay más que un cambio de oferta. “Aunque la reducción de visitantes e ingresos relacionados con el turismo de esquí no serían significativos para un escenario de subida de 2 ºC, para una posible subida de 4 ºC podría suponer una reducción de visitantes de hasta el 15% y pérdidas de hasta 50 millones de euros por temporada”, calcula el MITECO. Y la producción de nieve no es un escenario plausible a largo plazo, aunque ahora se haga en momentos esporádicos.

60º Temperatura que podrían alcanzar  algunas regiones en 2075

En lo que se refiere al turismo de playa y las ciudades, una de las primeras previsiones es que se adapte la oferta a la temperatura, aplanando la curva de visitantes, de manera que el incremento de las temperaturas en verano derive en un descenso de las visitas en esta época en el Mediterráneo, pero también en un aumento de visitas en la primavera y el otoño. Esto ya sucede, de hecho, en lugares como Granada, donde los veranos ya son especialmente duros. Este aplanamiento de la visitas, de hecho, es lo que quieren los destinos sobresaturados, porque podría alargar los tiempos del empleo —hoy muy concentrado en el verano— y, a su vez, apaciguar el uso intensivo del espacio y los recursos.

Igualmente, el futuro sigue siendo incierto, porque los periodos de vacaciones siguen concentrándose en agosto, y el turismo de primavera y verano solo valdría para los fines de semana. Aunque algunas voces apelan a un cambio regulatorio en los tiempos y fechas de vacaciones escolares y laborales, esto solo valdría para el turismo español y algunos turistas, como los suizos, que tienen menos tiempo de vacaciones en verano y más repartidas durante el año. 

Pero, claro, si hacen un turismo de sol y playa, lo suyo sería que haya playa. Ya se están planteando la creación de estructuras de protección costera, de sistemas para el control de crecidas y de arrecifes artificiales para preservar la flora y fauna marina.

Òscar Saladié pone como ejemplo el pueblo de Vila-seca, al lado de Salou (Tarragona). “El Ayuntamiento está iniciando ya un proyecto en el paseo marítimo en La Pineda. Una parte del paseo lo hacen retroceder para ensanchar la playa y que sea más resiliente, con más capacidad de recuperación cuando se produzcan los cambios”. Pero en algunos lugares no habrá esa posibilidad. Y lo que queda es el paso siguiente: diversificar la actividad.

Diversificación de actividades

Las personas expertas plantean ya mismo la planificación de cambios de actividades turísticas: por ejemplo, que el turismo de esquí se transforme en un turismo de montaña, ya sea para hacer caminatas o para escalada.

Además, proponen potenciar segmentos turísticos alternativos al turismo de playa, como el gastronómico, el deportivo o el cultural.

La alerta está creada. El IPCC advierte de que España podría ser el tercer país con el mayor efecto negativo del cambio climático en el turismo, detrás de México y Hong Kong, dentro del grupo de los 25 países más importantes en turismo. Ahora falta que se lleven a cabo las adaptaciones y la mitigación.

* Gracias a Mariana Vilnitzky, a ALTERNATIVAS ECONÓMICAS y a la colaboración de Francisco Morote, de Attac Canarias

https://alternativaseconomicas.coop/articulo/actualidad/turismo-a-50-grados

MARIANA VILNITZKY
MARIANA VILNITZKY
ALTERNATIVAS ECONÓMICAS
LA CASA DE MI TÍA

 

mancheta junio 23