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miércoles, 28 de septiembre de 2022 22:39h.

Un inocente sacerdote católico, Jacques Hamel - por Nicolás Guerra Aguiar

nicolás guerra aguiar pequeña   Dos jóvenes -uno lleva chiacha, gorro musulmán- entran en la iglesia de un municipio francés. Con violencia –van armados- obligan a Jacques Hamel, sacerdote católico, a ponerse de rodillas (imposible la resistencia: tiene 86 años).

Un inocente sacerdote católico, Jacques Hamel - por Nicolás Guerra Aguiar *

   Dos jóvenes -uno lleva chiacha, gorro musulmán- entran en la iglesia de un municipio francés. Con violencia –van armados- obligan a Jacques Hamel, sacerdote católico, a ponerse de rodillas (imposible la resistencia: tiene 86 años). Mientras uno ejecuta el salvaje sacrificio del degollamiento, el otro graba las escenas acaso para demostrar a sus jefes que cumplen la misión sin humanas reacciones de piedad. Pues realizar tal macabro asesinato solo puede explicarse -nunca justificarse- desde irracionalidades, demencias, extremados fanatismos y gélidos corazones.   

JACQUES HAMEL

   Se trataba, además, de un sacerdote católico en buena armonía con la comunidad musulmana de Saint-Étienne-du-Rouvray, municipio muy próximo a Rouen, capital de la región normanda (aquí sorprende el Gros Horloge –‘Gran Reloj’, estructura astronómica del siglo XIV). Saint-Étienne… se encuentra cerca de Dieppe -costera ciudad no indiferente en lo personal- y de Grainville-la-Teinturière, lugar donde nació y murió Jean de Béthencourt, conquistador de Lanzarote, Fuerteventura (en 1404 el normando fundó Betancuria, primera capital de la Isla: de ahí su nombre) y El Hierro. Fue llamado Señor de las Islas de Canaria.

mezquita  ¿Los asesinos buscaban al titular de la parroquia o fueron a por el señor Hamel, sustituto? ¿Les daba igual cuál fuera, siempre que en la víctima se identificara a un sacerdote católico? ¿Por qué no asesinaron a un pastor protestante, a un rabino? Jamás lo sabremos. Pero siempre permanecerá la duda de si hubo algún irracional argumento para que aquel y no el titular fuera el seleccionado. El señor Hamel había donado a la comunidad musulmana tierras para la construcción de una mezquita (miles de argelinos procedentes de la antigua colonia francesa se asentaron en Normandía tras la independencia del país; a fin de cuentas eran ciudadanos franceses. Así me lo justificaron algunos).

manifestación musulmana paz   Mezquita en la que no hubo rezos ni ceremonias religiosas por las muertes de los asesinos. Ni tan siquiera entierro. La comunidad fue tajante: “No vamos a ensuciar el Islam con esta persona”. Los jóvenes musulmanes rechazan al asesino: “Lo que hizo ese joven es inmundo. Ya no forma parte de nuestra comunidad”, dijeron. (Muchos de ellos sienten de verdad las palabras dichas en su nombre. Otros, claro, aprovechan la oportunidad para congraciarse con la población no musulmana, ya muy sensibilizada por violencias, atentados y muertes siempre a manos de autoproclamados islamistas…)

  Impactantes las palabras del alcalde de Saint-Étienne-du-Rouvray en el acto de homenaje al sacerdote católico: “L’état de droit que notre peuple citoyen s’est donné est l’outil de notre République” (‘El Estado de derecho que nuestro pueblo ciudadano se ha dado es la herramienta de nuestra República’). Reclama entereza frente a reacciones violentas contra una comunidad –la musulmana- casi ajena a tales barbaridades.

   Por tanto, el Estado de derecho debe cimentarse en el respeto a las ideas ajenas a pesar de las confusiones en que la población francesa va a vivir durante semanas. Así, añadió, los hijos de los franceses deben aprender en la escuela “el deber de hermandad” (el Gobierno español rechazó Educación para la Ciudadanía). Deben ser educados en la serenidad y en el lema de la República: Libertè, Egalitè, Fraternitè (‘Libertad, Igualdad, Fraternidad’). Los hijos de los franceses “tendrán que tomar posesión de las tres palabras y respetarlas”. En este caso concreto es la voz Fraternidad, proveniente del latín frater –tris (‘hermano’) e, incluso, fratres gemini (‘gemelos’).

musulmán monja paz

   No. No tiene justificación alguna –ni en los espacios más recónditos de nuestra comprensión humana- el asesinato de un ser humano. Podrá ejecutarse en nombre de esencias religiosas, políticas, económicas, científicas o de cualquiera de las especificidades que se alojen en la mente. Pero jamás un asesinato (implica alevosía y ensañamiento) llevará en sí mismo descargos, pretextos o excusas. Jamás.

   Por tal razón ni tan siquiera el Estado podrá aplicar la pena de muerte en nombre de la justicia (con minúscula) porque se trataría también del exterminio de una persona, aunque esta haya actuado con el más absoluto desprecio a la vida ajena. Lo cual no debilita mi rechazo al comportamiento de aquellos jóvenes que asesinaron, salvajemente y con feroz fiereza, a un ser humano, en este caso sacerdote católico. (O anglicano, budista, bráhman, imán…, me da igual.)

GAZA   De la misma manera denuncio y rechazo las continuadas agresiones con resultados de muerte (niños o adultos asesinados) que el todopoderosísimo Ejército israelí ejerce sobre la población civil de Palestina, condenada a su exterminio por la voluntad de quien ejerce la fuerza bruta contra personas a las cuales ni tan siquiera deja circular libremente en las tierras ocupadas.

 alepo  Y elevo mi voz –ronca ya de tantas vibraciones ante tantas deshumanizaciones- contra la civilizada Europa, aquella que cierra ojos, corazones y sensibilidades cuando la violencia de muertes y asesinatos en Irak, Afganistán, Libia, Siria (¿quién no ha oído hablar de Alepo?)… fuerza a más muertes por ahogamientos en el Mediterráneo, secuestros de niños, enriquecimientos a causa del comercio de órganos precisamente de huérfanos, muertos vivientes, gentes abandonadas a sus desgracias y tragedias, las que Occidente les ha llevado con sus bombardeos…

   Y digo que también Europa asesina cuando calla frente a barbaries que sus propios países cometen pues montan y disparan fusiles y metrallas en vez de darles la mano a quienes huyen de sus países, ahora en guerra por estrategias del gran capital, empresas multinacionales, rutas del petróleo… Sí, también siento cómo sangra mi condición de europeo (las milenarias culturas griega y romana que nos educaron en el pensamiento y en la palabra) cuando hipocresías, mentiras e insensibilidades nos acosan con estados de alarma, impactos psicológicos, pánico ante el anónimo extranjero y miles de imágenes, fotos, primeras portadas… porque miserables jóvenes asesinan a ciudadanos en calles, comercios, estaciones, centros turísticos... (Pero cuando ellos bombardean hospitales hablan de “errores humanos”.)

   Así, dejaremos de sentir los horrores de quienes son eliminados por bombas europeas y norteamericanas allá o pagan tributos de muerte al Mare Nostrum… por un elemental derecho humano.  

* En La casa de mi tía por gentileza de Nicolás Guerra Aguiar

nicolás guerra aguiar

 

Nicolás Guerra Aguiar: diplomado en Estudios Canarios y licenciado en Filosofía y Letras (sección de Románicas) por la Universidad de La Laguna.

Fue actor del Teatro Español Universitario.

Profesor agregado de Enseñanzas Medias y catedrático de Lengua Española y Literatura, ejerció la docencia durante treinta y siete años.

Conferenciante, prologuista y escritor

http://www.anroart.com/autores/222