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viernes, 27 de enero de 2023 10:16h.

Jamás un par de estrategas, Wojtyla y Ratzinger, causaron tanto daño a su iglesia

Ratzinger - por Antonio Cabrera de León

 

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Ratzinger - por Antonio Cabrera de León *

Cuando supe de su existencia, a principios de los 80, lo más parecido que yo había oído a tan tremendo apellido era un robot del manga de mi adolescencia que se llamaba Mázinger. El robot era un arma devastadora y el Cardenal Ratzinger no resultó serlo menos. Una vez enterado de su existencia, como digo, era demasiado tarde para advertir al catolicismo del tremendo perjuicio que este hombre le causaría. Pero no sólo a los creyentes, sino a toda la civilización europea.

Vamos por partes. Lamento la muerte de Joseph A. Ratzinger como la de cualquier persona. En el improbable caso de que lean estas líneas personas allegadas a él familiar o sentimentalmente, les acompaño en su pena. Pero dicho eso, en mi opinión pocos cristianos han hecho tanto daño como él a la doctrina que fue de Jesucristo.

Ratzinger fue el brazo armado de Wojtyla para regresar al catolicismo preconciliar, siempre contra el Vaticano II. Sin considerar el cambio de los tiempos, ignorando o despreciando la evolución de las sociedades humanas, intentaron el retorno a lo que ya no podía ser. Convertido nada menos que en el supremo mandatario del tribunal de la inquisición desde comienzos de los 80, Ratzinger aplicó el sectarismo con la máxima crudeza: ¡Fuera cualquier movimiento de la iglesia en favor de los pobres! ¡Fuera, pues, la doctrina de la iglesia de la liberación! ¡Fuera cualquier protagonismo de las mujeres en la iglesia si no era para fregar suelos! ¡Bienvenida cualquier nueva orden o secta ultraconservadora que propugnara lo de siempre: dios como varón blanco, y el resto a rezar y dar gracias por vivir! Silencio, ocultación y comprensión de los deslices sexuales de los hombres del clero, incluida la profusa pederastia.

Las consecuencias fueron devastadoras para sus creyentes. Millones huyeron en Latinoamérica hacia las doctrinas evangélicas. No menos millones huyeron en Europa y Norteamérica hacia el agnosticismo, primero, y el ateísmo después. Jamás un par de estrategas, Wojtyla y Ratzinger, causaron tanto daño a su iglesia. Fue tanto, fue tan grande, que sólo así se entiende que siendo él, Ratzinger, un monarca absoluto y un creyente sincero reconociera su inmenso error e impusiera abruptamente a los suyos la entrega de todo el poder a sus más fervientes opositores dentro de la iglesia.

En el inesperado e inexplicado traspaso de poder, de todo el poder, de Ratzinger a Bergoglio hubo un cataclismo del que aún no se han recuperado las mentes sectarias que tan bien vivieron bajo el tándem Wojtyla-Ratzinger. Los ultramontanos de todas las órdenes preconciliares por él aupadas a las mieles del poder católico, ni se resignan ni están capacitados para comprenderlo. Aún se lamentan de que su líder político y espiritual entregara las armas a sus enemigos. Sus estrechas mentes no alcanzan a entender que la lucidez intelectual de Ratzinger, sin duda muy superior a la de Wojtyla, le llevó a aceptar finalmente el inmenso error cometido y a intentar, como auténtico católico, la secular supervivencia de su iglesia entregando la dirección de la misma a quienes podían reconducirla hacia el camino del que él la había apartado. Descanse en paz.

* En La casa de mi tía por gentileza de Antonio Cabrera de León

ANTONIO CABRERA DE LEÓN RESEÑA

 

mancheta dic 22