El sexo importa: un fallo judicial que sacude el sentido común y la lucha feminista - por Antonella Aliotti
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El sexo importa: un fallo judicial que sacude el sentido común y la lucha feminista
Antonella Aliotti
Feminista Radical y Antirracista
Defensora de la Casa Común
Activista de DDHH y Sociales
El 16 de abril de 2025, la Corte Suprema del Reino Unido dictó una sentencia histórica que, lejos de ser revolucionaria, simplemente reafirma lo que la biología, la legislación y el sentido común ya sabían: que el sexo es una realidad material, y que la palabra “mujer” hace referencia al sexo biológico femenino. Lo que debería ser una obviedad ha tenido que ser ratificado por la máxima instancia judicial del país, tras años de presión ideológica por parte de lobbies identitarios que han erosionado derechos fundamentales de las mujeres.
La causa, impulsada por la organización escocesa For Women Scotland, se centraba en la interpretación de la Ley de Igualdad de 2010. La Corte determinó que, dentro del marco legal, las protecciones por “sexo” deben entenderse como sexo biológico, y no como identidad de género. Esta decisión tiene implicaciones directas sobre los espacios no mixtos, las estadísticas desagregadas por sexo, la justicia en el deporte, y la protección de mujeres y niñas frente a la violencia machista.
Desde una perspectiva feminista radical, este fallo representa un punto de inflexión. Durante años hemos sido testigas del vaciamiento de nuestras categorías políticas. La palabra “mujer” se ha diluido en un mar de autopercepciones, mientras nuestras demandas históricas eran tachadas de odio. Se nos ha exigido ceder espacios, voz y recursos a un nuevo sujeto político que no comparte nuestra realidad corporal ni nuestra experiencia de opresión.
El feminismo radical no busca la conservación de estereotipos de género, sino su abolición. Denunciamos que el género es una jerarquía opresiva impuesta sobre los cuerpos sexuados, no una identidad elegible. Lo que está en juego no es una cuestión de “vivencias individuales", sino la base material que permite identificar, cuantificar y combatir la violencia machista y la desigualdad estructural.
Las reacciones a esta sentencia han sido polarizadas. Desde sectores de la izquierda institucional se ha acusado al tribunal de “transfobia” o incluso de aliarse con la ultraderecha. Nada más lejos de la realidad. Lo que ha hecho el Tribunal es sostener el marco materialista que sustenta los derechos sexuales y reproductivos, la legislación laboral, el sistema estadístico y la protección contra la violencia de género.
En contraste, algunas voces valientes han salido en defensa de esta decisión. El Partido Comunista del Reino Unido, por ejemplo, emitió un comunicado apegado al materialismo histórico, reafirmando que sin reconocer el sexo biológico no hay posibilidad de emancipación para las mujeres. En el ámbito académico, figuras como el profesor emérito Peter Rubin han denunciado la “analfabetización científica” de una parte de la opinión pública que prefiere adherirse a la fantasía antes que afrontar la realidad biológica.
Esta sentencia no es el fin de una batalla, sino el inicio de una nueva fase. Las feministas radicales no vamos a callar. No vamos a ceder ni un milímetro más de nuestros derechos, conquistados con décadas de lucha. Seguiremos defendiendo la existencia del sexo, no por nostalgia ni por dogmatismo, sino porque en ello nos va la vida, la libertad y la posibilidad misma de nombrarnos.
El reconocimiento legal del sexo biológico no es una amenaza, es una garantía. Para nosotras no es una identidad: es una condición material que determina la opresión, y por tanto, también la resistencia.