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jueves, 04 de junio de 2026 09:44h.

Antiguos nazis fundaron el premio Carlomagno - por Joaquín Rábago

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Antiguos nazis fundaron el premio Carlomagno - por Joaquín Rábago

El premio Carlomagno, que se otorga anualmente desde  1950 a personalidades que se han distinguido por su contribución a los ideales europeos, fue creado por un círculo elitista de ex afiliados al Partido Nacionalsocialista Alemán. 

PREMIO CARLOMAGNO
PREMIO CARLOMAGNO

Su promotor fue un empresario textil de la ciudad alemana de Aquisgrán llamado Kurt Pfeiffer, quien, según la página oficial del premio, en diciembre de 1949, con motivo de la proclamación del Año Santo por el papa Pío XII, tuvo la idea de fundar un premio para impulsar la unidad europea.

Lo que no se menciona, sin embargo, es que el tal doctor Pfeiffer se afilió al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán poco después de la toma del poder por Adolf Hitler en 1933 (1).

Él declaró haberlo hecho no por convicción ideológica, sino por puro oportunismo aunque,  según un funcionario estadounidense de la Oficina de Servicios Estratégicos que le interrogó en 1944, Pfeiffer estuvo afiliado a otras cinco organizaciones nacionalsocialistas.

El funcionario, Saul Kussiel Padover, reconoció, sin embargo, que Pfeiffer no había mostrado en el interrogatorio ideas “tan reaccionarias” como la mayoría de sus colegas, que no habían pertenecido a ninguna organización nazi. 

Otro de los fundadores, además de miembro de su directorio, es el profesor de filosofía Peter Mennicken, que se afilió en 1933 a la Federación de Profesores Nacionalsocialistas, después,  a las SA hitlerianas y que entró más tarde en el propio Partido Nacionalsocialista Obrero alemán.

A partir de 1939, Mennicken asumió, junto a sus tareas docentes, la dirección de la oficina de prensa de la Federación Alemana de Docentes Nacionalsocialistas.

También figura entre los fundadores del premio Carlomagno el ex administrador jefe de Aquisgrán Albert Servais, cuyo nombre aparece en la lista de los servicios de seguridad del Reichsführer de las SS, Henrich Himmler, en su condición de afiliado a las SS.

El resto del total de doce fundadores eran grandes empresarios de la industria alemana y cuadros de la entonces recientemente creada Unión Cristianodemócrata Alemana.

El premio Carlomagno fue desde su mismo origen sobre todo un instrumento de propaganda dirigido contra el bloque soviético.

Lo reconoció abiertamente el propio Pfeiffer cuando en un llamamiento a los ciudadanos de Aquisgrán,  expresó su preocupación por el “poder creciente de los países del Este, expansión que  no se sabe dónde se detendrá”.

“Se trata, añadía Pfeiffer, de la salvación de la cultura occidental. Y a la ciudad de frontera que es Aquisgrán le corresponde un papel especial” ya que fue en un tiempo “centro espiritual y político del espacio europeo occidental, desde los Pirineos hasta la frontera lingüística  eslava”.

El papel instrumental del premio en ese combate ideológico es patente en la lista de galardonados, y así mientras que entre éstos figuran destacados dirigentes cristianodemócratas, que defendían una política de enfrentamiento al bloque soviético, nunca se otorgó a políticos socialdemócratas partidarios del acercamiento al Este, como Willy Brandt o su coreligionario y también canciller Helmut  Schmidt.

Entre los premiados están  el primer canciller cristianodemócrata de la Alemania occidental, Konrad Adenauer, o el ex presidente alemán Karl Carstens, que fue miembro de las SA y afiliado del Partido Nacionalsocialista, pero también y el ex secretario de Estado y consejero de Seguridad de EEUU, Henry Kissinger,  considerado por muchos como “criminal de guerra”.

También se concedió el premio al primer ministro laborista británico Tony Blair por su “decidida actuación en la guerra de Kosovo” junto al también galardonado  presidente de EEUU Bill Clinton, quien sentó las bases de una nueva política intervencionista.

Este año el premio corresponde a la ex ministra alemana de Defensa y actual presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cuyo pedigrí pro occidental y antirruso nadie pondrá en duda. 

 

  1. Según una investigación del periodista Florian Warweg publicada en el blog digital en  lengua alemana Nachdenkseiten.

 

 

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