El embajador ucraniano ante la ONU plantea con crudeza sus exigencias a Europa - por Joaquín Rábago
El embajador ucraniano ante la ONU plantea con crudeza sus exigencias a Europa
Joaquín Rábago
Nada tiene de diplomático Andriy Melnyk, actual embajador ucraniano ante la ONU, sino que plantea con la máxima crudeza sus reclamaciones a los que considera aliados en nombre de su país.
Así, exige al próximo gobierno alemán de Friedrich Merz que destine anualmente al menos hasta 2029 un 0.5 por ciento del PIB nacional – en torno a 21.500 millones de euros a ayuda militar a Ucrania.
Esa gigantesca suma debería dedicarse, según explica, a la producción de “armamento avanzado” tanto en Alemania como en Ucrania y lo califica de “inversión en la seguridad alemana”.
No contento con eso, reclama el mismo porcentaje del PIB de cada uno de los países de la UE e incluso de los miembros del G7 con excepción, eso sí, de Estados Unidos, lo que representaría un total de 550.000 millones de euros.
Si hay miedo a la oposición de la ciudadanía a que se dedique tanta ayuda militar a su país, Melnyk sugiere que se haga como préstamo, que ¿quién sabe cuándo y si se devolverá algún día?
Al mismo tiempo, el embajador insta al cristianodemócrata Merz a no retrasar más el envío a Ucrania de 150 misiles alemanes de largo alcance Taurus, algo a lo que se ha negado sistemáticamente su predecesor, el socialdemócrata Olaf Scholz, por miedo a que se utilicen para atacar blancos muy en el interior de Rusia.
Su lista de exigencias a Berlín también incluye la entrega de un 30 por ciento de los cazas, helicópteros y vehículos acorazados en régimen de “lease” (alquiler).
Y quiere asimismo que los alrededor de 300.000 millones confiscados por Occidente a Rusia no se le devuelvan nunca a Moscú sino que se dediquen enteramente a la reconstrucción de Ucrania en cuanto acabe la guerra.
Melnyk recurre al argumento, constantemente esgrimido por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y la mayoría de los gobiernos de la UE, de que en Ucrania se decide el futuro de Europa.
Melnyk es un viejo conocido del público alemán ya que, mientras estuvo destinado como embajador en Berlín, se permitió insultar públicamente tanto a Scholz, al que llamó “salchicha”, como a su correligionario, el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier.
Melnyk llamó también a Scholz “mujercilla ofendida” y “cobardes”, a los pocos intelectuales que proponían negociar con Moscú en lugar de seguir armando a Ucrania.
Y ello sin que durante mucho tiempo, ni los medios ni los políticos de ese país dieran la impresión de sentirse ofendidos por sus insultos.
Finalmente el Gobierno de Kiev decidió retirarlo de Berlín y nombrarle viceministro de Exteriores primero y luego embajador en Brasil después de que en una entrevista con la prensa germana Melnyk elogiara a Stepán Bandera.
Gaffe del embajador de Ucrania en Berlín: "Bandera no era antisemita" NOVA, 1922
Bandera, héroe nacional ucraniano y al que Melnyk calificó en esa entrevista de “luchador por la libertad”, lideró una organización que colaboró con la Alemania nazi y participó en números pogromos contra el pueblo judío.
Melnyk calificó las acusaciones contra Bandera de mentira alimentada por Rusia y apoyada por Alemania, Polonia e Israel, lo que provocó una airada nota de la embajada israelí en Berlín y contribuyó finalmente a su salida de Berlín.