Preparar las mentalidades para una guerra con Rusia - por Joaquín Rábago
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Preparar las mentalidades para una guerra con Rusia
Joaquín Rábago
Los políticos de la OTAN no hacen más que hablar de una posible guerra con Rusia y hablan incluso de que estallaría en 2029, es decir que está a la vuelta de la esquina, pero los ciudadanos no parecen estar preparados para tal eventualidad.
De ahí que se encarguen activamente los medios de, para decirlo con Noam Chomsky, “manufacturar el consenso”, es decir, preparar las mentalidades para que acepten sin protestas lo que, según los gobiernos, haría falta empezar ya a hacer.
Un ejemplo es un reportaje de varias páginas que publica en su último número el semanario Der Spiegel y que supone una crítica precisamente de esa falta de preparación de los ciudadanos y las empresas para la guerra.
¿Estamos preparados para la guerra? DER SPIEGEL
Como prácticamente toda la prensa europea, la influyente revista alemana asume acríticamente lo que dice la propaganda de la OTAN del supuesto plan de Vladimir Putin de invadir Europa si no se le para en Ucrania.
El presidente ruso se ha cansado de asegurar por activa y por pasiva que nada más lejos de sus planes que invadir el continente y que sólo quiere una Ucrania neutral, que no suponga para Rusia una amenaza como la que representaría el país vecino si formase parte de la Alianza Atlántica. Pero no importa.
¿Piensa en cualquier caso alguien que Rusia tendría la capacidad militar, aunque quisiera Putin, de ocupar países cuyos ciudadanos se le rebelarían desde el primer día y harían totalmente imposible el control del Kremlin?
Y además ¿qué podría interesar a Rusia de Europa, un continente si bien tecnológicamente avanzado, carente de materias primas, que es precisamente lo que buscaba Hitler en su Drang nach Osten (Impulso hacia el Este) de los años treinta.
Está claro que nada de eso tiene sentido, pero Europa, y de modo especial Alemania, está en claro declive económico debido al tiro que se pegaron en el pie sus mediocres dirigentes renunciando voluntariamente a la energía barata rusa que contribuía a la competitividad de su industria.
Y ahora lo único que se les ocurre es apostar por la economía de guerra, es decir sustituir los automóviles por carros de combate, misiles o esos drones “probados en el campo de batalla” que el presidente Zelenski trata de venderles a los aliados a quienes visita. A los europeos porque Donald Trump dice que EEUU los construye mejores y no necesita los drones ucranianos.
Pese a los llamamientos del canciller federal alemán, el cristianodemócrata Friedrich Merz y su ministro socialdemócrata de Defensa, Boris Pistorius, a estar preparados para un conflicto militar con Rusia, los ciudadanos prefieren no darse por aludidos, algo que preocupa a Der Spiegel.
Es cierto que los militares llevan a cabo sus preparativos, y así la pasada semana terminaron los ejercicios “Medic Quadriga”, en los que las fuerzas armadas probaron en Berlín y Lituania cómo sacar a los heridos de la línea de combate.
Pero, explica el semanario, no basta con la movilización del personal militar, sino que los civiles han de estar también preparados y sobre todo los hospitales, los bomberos, los ferrocarriles, las compañías eléctricas o las encargadas del suministro del agua. Todos harán falta.
Porque, escribe Der Spiegel, llegado el caso, pocos militares permanecerían en territorio alemán, en su mayoría serían trasladados rápidamente al este de Europa para intentar frenar el avance ruso, y los civiles deberían encargarse entonces de gestionar y defender las infraestructuras críticas.
Según calcula la OTAN, ante un eventual ataque ruso habría que llevar al flanco oriental a nada menos que 800.000 soldados, a 100.000 en los diez primeros días, y a otros 200.000 en los veinte días siguientes. Al mismo tiempo habría que transportar las armas por separado para evitar explosiones catastróficas.
En Alemania hay un plan operativo estratégico de 1.400 páginas bautizado OPLAN DEU, del que se conoce muy poco porque se mantiene en secreto y que está diseñado para transformar el país por su posición central en Europa en el “plato giratorio” de la OTAN.
Se habla también de que habría que hacer frente a posibles ciberataques, que tendrían como objetivo las redes ferroviarias y las líneas de comunicación alemanas.
Y uno se pregunta por qué en lugar de gastar energías en preparar a los ciudadanos con la ayuda inestimable de los medios para algo que, de ocurrir realmente, terminaría en cualquier caso en una catástrofe para todos, no se dedican nuestros poco preclaros gobernantes a recuperar el viejo arte de la negociación y la diplomacia, que todos ellos parecen mientras tanto haber olvidado.