Primero de Mayo: Mujeres, Trabajo y la Negación de un Sujeto Político  - por Antonella Aliotti

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Primero de Mayo: Mujeres, Trabajo y la Negación de un Sujeto Político 

Antonella Aliotti 

Feminista Radical y Antirracista

 Defensora de la Casa Común

 Activista de DDHH y Sociales 

 

No somos víctimas. No sólo víctimas.

Somos sujetas políticas. Pero la historia ha trabajado a fondo para negarlo, una y otra vez.

Desde la Revolución Industrial, el capitalismo encontró en nosotras a sus trabajadoras invisibles: mano de obra barata, infinitamente explotable, destinada no solo a producir mercancías, sino a sostener la vida entera fuera de la fábrica, en la casa. El trabajo que no se ve. El trabajo que no se paga. El trabajo que sostiene al mundo pero que no recibe ni salario ni nombre.

Simone de Beauvoir lo dejó escrito con la claridad brutal que aún hoy resuena:

"No se nace mujer: llega una a serlo”

(se refería al género y no al sexo).

Y ese llegar a serlo estaba lleno de servidumbres: renunciar al estudio, renunciar a la carrera, renunciar a la independencia. Renunciar a ser.

La Primera Ola: El Sufragismo y las Primeras Rebeliones

Cuando las sufragistas tomaron las calles en el siglo XIX y principios del XX, lo que exigían no era solo el derecho a votar. Exigían ser reconocidas como ciudadanas, como parte legítima del cuerpo político. Exigían existir en el espacio público, en la ley, en la decisión. Exigían romper con siglos de ser menores de edad perpetuas, propiedad primero del padre, luego del marido.

Pero incluso allí, en ese primer feminismo, había exclusiones. Las mujeres de las clases trabajadoras, las mujeres no blancas, quedaban muchas veces fuera de los discursos y las conquistas. El feminismo, igual que todo movimiento humano, nacía ya atravesado por las contradicciones de clase y de raza.

 

Feminismo Liberal, Marxista y Radical: Caminos que se Separan

Con el tiempo, surgieron distintas respuestas a la pregunta: ¿cómo se libera a la mujer?

El feminismo liberal pensó que bastaba con abrir las puertas: derecho a votar, a estudiar, a trabajar. Como si entrar en un sistema hecho por y para los hombres fuera suficiente para cambiarlo. Como si unas pocas mujeres en puestos altos significaran la liberación de todas.

Hoy lo vemos: más mujeres CEO, más mujeres ministras... y, sin embargo, la base sigue hundida en suelos pegajosos de pobreza, de jornadas interminables, de cuidados obligatorios.

El feminismo marxista, por su parte, vio en la explotación económica el origen de la opresión femenina. Pero demasiadas veces dejó en segundo plano la opresión de sexo: como si, conquistando la justicia social, la subordinación de las mujeres se resolviera sola. Como si el patriarcado fuera solo un subproducto del capitalismo, y no una estructura con vida propia.

El feminismo radical —y aquí Kate Millett levantó su voz con fuerza en "Política Sexual"— nos enseñó que la raíz es el sexo. Que el patriarcado es un sistema de poder político basado en el sexo, anterior incluso al capitalismo. Que la opresión de las mujeres atraviesa todas las clases, todos los sistemas, porque está en la base misma de cómo se organiza el poder.

No era solo cuestión de salarios, ni solo de acceso a las urnas. Era cuestión de que todo el sistema estaba construido sobre nuestra subordinación.

Sobre la apropiación de nuestro cuerpo.

Sobre la apropiación de nuestro tiempo.

Sobre la apropiación de nuestro trabajo.

Sobre la negación sistemática de nuestro ser como sujeto político.

Los Engaños: El Neoliberalismo y la Falsa Igualdad

Hoy, el mundo nos quiere vender la igualdad en pequeños trozos de cartón brillante. Nos dicen que, si una mujer puede ser presidenta de una multinacional, todo está logrado.

Nos invitan a celebrarlo.

Nos invitan a aplaudir que podamos "tenerlo todo": la familia perfecta, el trabajo exitoso, el cuerpo normativo, la eterna juventud.

Nos invitan a competir, a individualizarnos, a pensar que si no llegamos es porque no nos hemos esforzado lo suficiente.

Nos invitan, sobre todo, a olvidar que cuidar, criar, acompañar, sostener, sigue siendo responsabilidad casi exclusiva de las mujeres.

El sistema se ha vestido de violeta. Pero sigue funcionando como siempre. Necesita nuestro trabajo gratuito en los hogares, necesita nuestra flexibilidad, nuestra disponibilidad absoluta. Nos necesita sumisas, aunque ahora sea una sumisión disfrazada de elección.

 

Mujeres: Sujetos Políticos Negados

Ser mujer es, todavía hoy, ser un ser humano al que se le cuestiona su derecho a existir políticamente. A decidir sobre su cuerpo. A decidir sobre su tiempo. A decidir sobre su destino.

Cuando Kate Millett habló de la "política sexual", rompió la gran mentira: todo, desde la cama hasta la fábrica, desde la cuna hasta el parlamento, está atravesado por relaciones de poder.

Y en esas relaciones, las mujeres no estamos en pie de igualdad.

Se nos niega el sujeto político cuando se nos empuja a ser madres sin quererlo.

Se nos niega el sujeto político cuando se nos impone renunciar a la carrera para cuidar.

Se nos niega el sujeto político cuando se manipula nuestro deseo, cuando se nos educa para la entrega sin condiciones.

El feminismo no pide favores. No pide limosnas de derechos. Exige reconstruir el mundo. Exige reconocer a la mujer como un ser humano libre, entero, soberano de sí misma.

Y eso implica, todavía, una revolución.

Este Primero de Mayo: Nada que Celebrar

No basta con salarios iguales.

No basta con cuotas de poder.

No basta con fotos de mujeres sonrientes en campañas electorales.

Queremos otra vida. Una donde cuidar no sea una carga desigual. Una donde el trabajo reproductivo no nos encadene. Una donde la maternidad sea libre y no obligada.

Una donde el tiempo de las mujeres no sea devorado por el deber, por la culpa, por la exigencia de estar siempre disponibles.

Queremos el derecho radical a existir como sujetos políticos plenos.

Y hasta que eso ocurra, el Primero de Mayo seguirá siendo para nosotras un grito de batalla, no una fiesta.

ANTONELLA ALIOTTI