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jueves, 04 de junio de 2026 09:53h.

Revoluciones de colores  - por Joaquín Rábago

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Revoluciones de colores 

Joaquín Rábago

El País publicaba el otro día una entrevista con el ex presidente ucraniano Víktor Yúshchenko, aupado al poder en 2005 gracias a la llamada Revolución Naranja,  claramente promovida por Estados Unidos.

VÍKTOR YÚSHCHENKO
VÍKTOR YÚSHCHENKO

Se utilizaba como título de la entrevista una afirmación de ese político según la cual “el diálogo con Putin es una pérdida de tiempo”.

“Es un criminal, debería pudrirse entre rejas como un animal, nadie debería dar la mano a un asesino”,  afirmaba.

Y acababan así sus declaraciones: “Yo digo que (Rusia) debe romperse en 25 partes, las mismas que tenían cuando formaba parte del imperio mongol”.

Palabras como éstas habrían sido poco menos que  impensables incluso en la etapa más álgida de la Guerra Fría.

La entrevista, claramente al servicio de la actual estrategia europea contra Rusia, me ha hecho repasar algunos hechos relacionados con la presidencia de Yúshschenko (1).

Por ejemplo, el envenenamiento que sufrió en las elecciones presidenciales de 2004 cuando alguien vertió supuestamente dioxina en su sopa, de lo que se acusó al general Ihor Smeeshko, jefe de los servicios de inteligencia del país, algo que éste negó tajantemente.

VÍKTOR YÚSHCHENKO DURANTE SU ENTREVISTA EN EL PAÍS
VÍKTOR YÚSHCHENKO DURANTE SU ENTREVISTA EN EL PAÍS

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Aquel supuesto envenenamiento, que le causó unos bultos en el rostro cuyas cicatrices son visibles aún hoy, según el entrevistador, nunca ha podido aclararse del todo aunque sirvió como siempre a la propaganda antirrusa.

Yúshchenko fue trasladado entonces a la clínica Rudolfinerhaus de Viena para recibir tratamiento, y el director del centro, el doctor Lothar Wicke, dijo no haber encontrado prueba alguna de envenenamiento, como informaron en su día diarios conservadores como el británico The Daily Telegraph y el alemán FAZ.

Por cierto que el doctor Wicke recibió entonces amenazas de muerte, según confesó el mismo, e incluso se le conminó a no decir nada más sobre el particular. 

El entrevistador de Yúshchenko recuerda también en su presentación del político ucraniano la toma en 2004 por cientos de miles de personas de la plaza de Maidán, de Kiev, para protestar “contra el amaño electoral que había dado la victoria al prorruso Víktor Yanukóvich”.

Lo cierto es que en la primera vuelta, ambos políticos habían quedado casi empatados, aunque el Comité de Votantes Ucranianos, que había recibido cerca de medio millón de dólares de la Fundación Nacional para la Democracia de EEUU dio como vencedor a su candidato, Yúshchenko.

Se produjeron entonces en Kiev fuertes protestas callejeras con acampadas en  las que participaron miles de personas, muchas ellas llegadas de fuera, en apoyo del favorito de Estados Unidos en lo que se conocería como la Revolución Naranja.

El diario británico The Guardian publicó entonces un reportaje titulado “Estados Unidos está detrás de los alborotos de Kiev” donde se explicaba el papel que tuvieron en ellos las oenegés apoyadas por Washington.

El veterano periodista de ese diario Jonathan Steele escribió que “los manifestantes no reflejaban un estado de opinión nacional”, pero “llegó un diluvio de dinero para los grupos que apoyaban” al candidato de Occidente.

Por su parte, el congresista estadounidense Ron Paul, del Partido Libertario, denunció que USAID había dado millones a la Iniciativa para la Cooperación Polonia-Estados Unidos-Ucrania”, que gestionaba la fundación Freedom House, de George Soros.

Michael McFaul, de la Hoover Institution, que sería más tarde nombrado embajador de EEUU en Rusia, escribió entonces que aunque “muchos preferirían que se utilizasen otras palabras para describir sus actividades: ayuda o promoción democrática, apoyo a la sociedad civil”, el objetivo era siempre: tratar de influir en la política del país.

En 2005, McFaul escribió un artículo en el que sacaba conclusiones de los cambios de régimen en Serbia, Georgia y Ucrania y explicaba cómo llevar a cabo “una revolución de colores” en países con regímenes semi autocráticos, que había siempre que presentar como simples dictaduras.

Y que se acuse ahora a Rusia de guerra híbrida y de intentar influir continuamente en la política de otros países, ya sea Moldavia o Rumanía. Quien esté libre de pecado….

 

  1. Con ayuda del libro “Provoked: How Washington Started the New Cold Ar with Russia and The Catastrophe in UKraine”, de Scott Horton. 676 páginas. Editorial: The Libertarian Institute. 

JOAQUÍN RÁBAGO
JOAQUÍN RÁBAGO
mancheta en 2025