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martes, 29 de noviembre de 2022 00:00h.

los intereses de Occidente, los intereses de la gente que «importa»

Sobre terrorismo occidental. Desde Hiroshima a la Guerra de los Drones, de Noam Chomsky y Andre Vltchek.(Fragmento) - EL HISTORIADOR

 

frase chomsky vitchek

EL HISTORIADOR publica este fragmento del libro Sobre terrorismo occidental. Desde Hiroshima a la Guerra de los Drones, de Noam Chomsky y Andre Vltchek.que considero una obligación reproducir, a ver si nos vamos aclarando de una vez. Lo recomienda Federico Aguilera Klink y a él a mí, Chema Tante, nos parece que Chomsky y Vitchek están entre la poca gente que llama a las cosas por su nombre. La expresión honesta es TERRORISMO OCCIDENTAL...EN AFGANISTÁN Y POR TODOS LOS LADOS. Lo demás es encubrir, engañar y mentir. La histórica hipocresía de Europa, copiada y aumentada por USA.

“Después de presenciar y analizar numerosos conflictos atroces, invasiones y guerras en todos los continentes, me convencí de que casi todos fueron orquestados o provocados por intereses geopolíticos y económicos occidentales. Sin duda la ‘información’ sobre estos eventos y el destino de los seres exterminados y sacrificados por los poderes occidentales era grotescamente limitada y distorsionada. (…) Lo que leía en la prensa occidental y lo que presenciaba en todo el mundo no concordaba. Fallidos estados feudales eran llamados ‘democracias vibrantes’, regímenes religiosos opresivos eran descritos como ‘tolerantes’ y ‘moderados’, mientras que estados nacionalistas orientados socialmente eran constantemente demonizados, sus poblaciones y modelos alternativos de desarrollo social vilipendiados y retratados en la forma más sombría posible.”

Estas palabras del novelista, periodista y guionista Andre Vltchek forman parte del prefacio al libro Sobre el terrorismo occidental. De Hiroshima a la Guerra de los Drones, que escribió junto a Noam Chomsky, donde ambos denuncian las 55 millones de muertes producidas por el colonialismo y el neocolonialismo occidental bajo consignas de libertad y democracia. Los autores sostienen que en ese período de tiempo se produjo la mayor cantidad de masacres en la historia de la humanidad.

A lo largo de sus 154 páginas, los autores recorren en un diálogo ágil las diversas regiones del planeta –el bloque soviético, India, China, América Latina y Medio Oriente– desentrañando los intereses occidentales detrás de cada conflicto y destacando el poder de la propaganda y los medios de la comunicación, que desinforman, censuran y manipulan la información.

A continuación compartimos el capítulo El legado asesino del colonialismo, que se remonta a la llegada de Cristóbal Colón al continente para referirse a la eliminación del 95% de las civilizaciones originarias de América. Luego se destacan el colonialismo reciente en distintos lugares del mundo. El capítulo concluye haciendo foco en el pobrísimo nivel de información de los pueblos occidentales sobre colonialismo. En este sentido Vltchek señala: “…los europeos no saben casi nada [sobre colonialismo]. Su falta de conocimiento e interés sobre el tema es extremadamente vergonzosa y reveladora. Los europeos permanecen ignorantes de sus horrendos crímenes, ignorantes de los genocidios que cometieron y en los que todavía están involucrados. ¿Qué saben sobre lo que hicieron y hacen sus gobiernos y compañías en la República Democrática del Congo? No saben nada, simplemente porque deciden no saber. ¡Es mucho más seguro quejarse por el mal manejo que hacen los gobiernos pobres de la ayuda internacional!”.

Fuente: Noam Chomsky & Andre Vltchek, Sobre el terrorismo occidental. De Hiroshima a la Guerra de los Drones, Buenos Aires, Editorial Marea, 2014, págs. 17-29.

 

SOBRE TERRORISMO OCCIDENTAL

Capítulo I
El legado asesino del colonialismo

Andre Vltchek: Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, entre cincuenta y cincuenta y cinco millones de personas han muerto en todo el mundo como resultado del colonialismo y neocolonialismo occidental. Se puede decir que este período relativamente breve fue el escenario del mayor número de masacres en la historia de la humanidad. Muchas de estas masacres fueron perpetradas en nombre de consignas nobles como la libertad y la democracia. Un puñado de naciones europeas y aquellas gobernadas más que nada por ciudadanos de descendencia europea han venido promoviendo los intereses de Occidente —los intereses de la gente que «importa»— contra la gran mayoría de la humanidad. La masacre de millones ha sido aceptada, considerada inevitable e incluso justificada. La gran mayoría del público occidental parece estar alarmantemente mal informada. Junto con los más o menos cincuenta y cinco millones de personas asesinadas como resultado directo de las guerras iniciadas por Occidente, golpes de Estado en favor de Occidente y otros conflictos, cientos de millones han muerto indirectamente, en silenciosa y absoluta miseria. Es poco frecuente que estos «ajustes globales» sean cuestionados en Occidente, e incluso en el mundo conquistado se aceptan regularmente sin oposición alguna. ¿El mundo se ha vuelto loco?

Noam Chomsky: Desafortunadamente parece haber una feroz competencia sobre cuál es el mayor crimen que ha cometido Occidente. Cuando Colón arribó al hemisferio occidental, había entre ochenta y cien millones de personas viviendo en civilizaciones avanzadas: comercio, ciudades, etc. No mucho después, alrededor del noventa y cinco por ciento de esta población había desaparecido. En lo que ahora es territorio estadounidense, tal vez había cerca de diez millones de aborígenes, pero hacia 1900, de acuerdo con el censo, quedaban solamente doscientos mil. Todo esto se niega.

Y se niega incluso en las más importantes revistas intelectuales y de la izquierda liberal en el mundo angloamericano… casualmente y sin que nadie haga comentario alguno. Según la revista médica The Lancet, seis millones de niños mueren cada año por falta de procedimientos médicos básicos que podrían ser provistos casi sin costo. El número es conocido. La desnutrición y las enfermedades tratables matan diariamente a ocho mil niños solo en el sur de África: al nivel de Ruanda, pero todos los días. Esto podría ser resuelto fácilmente. Vamos en dirección hacia lo que podría ser el mayor genocidio: la destrucción del medio ambiente. Este tema casi no se discute. Estados Unidos asume las posturas más conservadoras al respecto. En la actualidad hay euforia sobre la posibilidad de que tengamos cien años de independencia energética como resultado de sofisticadas técnicas de extracción de combustibles fósiles, y sobre la posibilidad de que esto preserve la hegemonía estadounidense por otro siglo, que Estados Unidos se transforme en la Arabia Saudita del futuro y cosas por el estilo. El presidente Obama habló con entusiasmo sobre el tema en su discurso del estado de la nación de 2012. Hay fervorosos artículos sobre el tema en la prensa de circulación nacional, en la prensa de negocios y también en otros lugares. Hay algunos comentarios sobre efectos medioambientales localizados, como la destrucción de las fuentes de agua, el aniquilamiento de la ecología, etc., pero casi nada sobre cómo será el mundo en cien años más si seguimos comportándonos de esta manera. Eso no se discute. Sin duda, estos son problemas fundamentales. Problemas intrínsecos a las sociedades orientadas por el mercado, donde no se consideran las llamadas «externalidades». Cosas que no entran dentro de una transacción determinada, cosas que afectan a otros: eso no se considera.

Andre Vltchek: Soy testigo de la desaparición de varios países en Oceanía (Pacífico Sur). Residí en Samoa durante varios años y pude viajar extensamente por la región. Varios países, como Tuvalu y Kiribati, pero también las Islas Marshall, están considerando evacuar masivamente a sus ciudadanos. En Oceanía hay muchas islas y atolones que ya son inhabitables, también en las Maldivas y otros lugares. Puede que Kiribati sea el primero en desaparecer como país. Los medios de comunicación dicen que estos países se están hundiendo. De hecho no se están hundiendo en absoluto, sino que hay grandes marejadas que sobrepasan los atolones, destruyen toda la vegetación y contaminan también las fuentes de agua, si es que las hay. Esto vuelve las islas inhabitables y demasiado dependientes de todo tipo de importaciones, desde agua hasta comida.

Cuando trabajé en Tuvalu, para mi sorpresa, no había prensa extranjera. Solo había un equipo japonés filmando algo irrelevante, alguna telenovela, en el atolón de Funafuti. Me hizo pensar: este es uno de los países más afectados, pronto podría desaparecer de la faz de la Tierra mientras siga subiendo el nivel del mar ¡y no hay ninguna cobertura de prensa!

Noam Chomsky: George Orwell tenía un término para eso: unpeople. El mundo se divide en gente como nosotros y unpeople, todo el resto que no importa. Orwell se refería a una futura sociedad totalitaria, pero su término se aplica bien a la nuestra. Mark Curtis, un joven historiador británico, usa el término unpeople en su estudio sobre las depredaciones del imperio británico después de la Segunda Guerra Mundial. No nos importa qué les pase a ellos. Hay paralelismos con el trato que recibieron las poblaciones aborígenes en la esfera anglófona, los países descendientes de Inglaterra: Estados Unidos, Canadá, Australia. Estas son sociedades inusualmente imperiales, puesto que no solamente dominaron a los nativos, sino que los eliminaron. Tomaron sus tierras y en casi todos los casos los exterminaron. No pensamos en ellos. No preguntamos qué pasó con ellos. De hecho los negamos.

Andre Vltchek: Históricamente fue así en casi todas las colonias europeas, en todas las zonas del mundo controladas por poderes imperiales europeos. Los primeros campos de concentración fueron construidos no por la Alemania nazi, sino por el imperio británico, en Kenia y Sudáfrica. El Holocausto alemán contra judíos europeos y gitanos no fue el primer holocausto alemán; estuvieron involucrados en masacres terribles en el Cono Sur de América Latina y otros lugares. Alemania ya había exterminado a la mayor parte de la tribu Herero en Namibia. Esto casi no se menciona en Alemania ni en el resto de Europa. No había razón para un ataque violento, no tiene lógica. La única explicación fue el rencor absoluto que tenían los alemanes hacia las poblaciones locales. Me agobia escuchar los lamentos de tantos europeos después de la Segunda Guerra Mundial sobre cómo los alemanes, siendo tan racionales, filosóficos y esencialmente pacíficos, de repente se volvieron salvajes ¡solamente porque fueron económicamente humillados después de la Primera Guerra Mundial! Estas personas sostienen que nadie podría haber anticipado que semejante irrupción de violencia provendría de gente tan buena. Efectivamente, no se hubiera podido imaginar si no se consideraba a los herero o a los samoanos o a los mapuches como seres humanos, y si uno había olvidado la historia colonial alemana en el resto de África.

Noam Chomsky: Incluso en el caso del Holocausto, los gitanos fueron tratados de manera similar a los judíos. Pero esto tampoco se menciona. Mucho menos se menciona la persecución de los gitanos en la actualidad. Por ejemplo, en el año 2010 el Gobierno francés decidió expulsar a los gitanos residentes en Francia a la miseria y el terror de Rumania. ¿Puedes imaginar a los franceses expulsando sobrevivientes judíos del Holocausto a algún lugar donde todavía los torturaran? El país se indignaría. ¡Esto ocurrió, sin embargo, hace poco tiempo sin que nadie hiciera ningún comentario!

Andre Vltchek: Se construyeron muros para separar a los gitanos en la República Checa moderna. No hace mucho, apenas un par de décadas atrás, se construyeron guetos en medio de las ciudades. Asimismo, un recuerdo escalofriante de los años treinta y cuarenta viene de cuando los checos colaboraron con los nazis y ayudaron a acorralar a los gitanos. Desde la década del noventa, los checos se han convertido en aliados acérrimos de Occidente y, por lo mismo, en una nación intocable a los ojos de la prensa occidental. La forma en que se trata a los gitanos en la República Checa es mucho más brutal que cualquier crimen cometido por Mugabe contra agricultores blancos en Zimbabue. Pero volviendo al colonialismo europeo, pareciera que este no desapareció con el fin de la Segunda Guerra Mundial ni en la década del cincuenta o sesenta. Mientras más viajo por las zonas marginadas del mundo, más parece que el colonialismo se ha consolidado, ahora por medio de una propaganda mejor y un mayor conocimiento de cómo lidiar con la población local. De verdad que asusta, porque en el pasado siempre había un enemigo, un villano tangible. Era fácil identificar al enemigo en un ejército colonial o en alguna administración colonial. El colonialismo continúa, pero parece que es mucho más difícil señalarlo a nivel local y decir exactamente qué está pasando y quién es el enemigo.

Noam Chomsky: Algunas de las peores atrocidades en el mundo han sido cometidas en los últimos años en el este del Congo. Entre tres y cinco millones de personas han sido asesinadas. ¿A quién acusas? Han sido asesinadas por las milicias, pero detrás de las milicias hay corporaciones multinacionales y Gobiernos que no son visibles.

Andre Vltchek: Estoy terminando un largo documental titulado Rwanda Gambit. Me ha llevado más de tres años. Los números son incluso superiores a los que mencionaste: entre seis y diez millones de personas asesinadas en la República Democrática del Congo, que son tantas como las que cayeron en manos del rey belga Leopoldo II a comienzos del siglo xx. Tienes razón: si bien son más que nada Ruanda, Uganda y sus cómplices los que han matado a millones de personas inocentes, siempre hay detrás de ellos intereses geopolíticos y económicos occidentales.

Noam Chomsky: No se ven las corporaciones multinacionales que usan a las milicias para masacrar gente y así tener acceso a la columbitatantalita (también llamada coltán) y otros minerales valiosos que los occidentales usan en sus teléfonos celulares. Es un efecto indirecto. Hay muchas atrocidades y crímenes como los que describes que tienen esa característica… pero hay algunos que son bien directos… por ejemplo, Vietnam, que es el peor crimen cometido desde la Segunda Guerra Mundial. El año 2011 marcó el quincuagésimo aniversario desde que John F. Kennedy lanzara la guerra. Por lo general quincuagésimos aniversarios son conmemorados, y más todavía si involucran monstruosidades. Pero en este caso ni una palabra. En noviembre de 1961 Kennedy le ordenó a la Fuerza Aérea estadounidense que comenzara los bombardeos en el sur de Vietnam. Autorizó el napalm, autorizó la guerra química para destruir cultivos y tierras, inició programas que finalmente forzaron a millones de personas a trasladarse a los «cascos estratégicos», en la práctica campos de concentración, o villas miseria. Todavía se sienten los efectos de la guerra química. Si vas a hospitales en Saigón —puede que los conozcas—, todavía puedes ver fetos deformados; niños que nacieron con todo tipo de horribles anormalidades como resultado de los químicos venenosos que literalmente inundaron el sur de Vietnam. Pero ahora, varias generaciones después, nadie se preocupa de eso. Esto también ocurrió en Laos y Camboya. Se habla mucho sobre lo terrible que fue el régimen de Pol Pot en Camboya, pero no se habla casi nada sobre sus orígenes. A comienzos de la década del setenta, la Fuerza Aérea estadounidense bombardeó zonas rurales de Camboya en una escala similar a todas las operaciones juntas que llevaron a cabo los aliados en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Seguían las instrucciones de Henry Kissinger, quien ideó una campaña masiva de bombardeos contra Camboya: «Contra todo lo que vuele y se mueva». Fue un llamado a genocidio, parecido a los que te referías antes. Sería difícil encontrar una declaración de este tipo en el archivo histórico. Bueno, la frase fue publicada en The New York Times… y después nada. La escala del bombardeo nunca ha sido reportada excepto en revistas académicas o publicaciones marginales. Estos asesinatos de millones de personas destruyeron cuatro países que nunca se recuperaron. Allí la gente conoce la verdad, pero no sabe qué hacer al respecto.

Andre Vltchek: Viví en Hanói, Vietnam, por varios años y cubrí para la prensa las consecuencias del bombardeo de Estados Unidos y sus aliados en la Llanura de las Jarras en Laos, la llamada «guerra secreta». También he escrito extensamente sobre Camboya. Las conclusiones a las que llegué fueron impactantes: como en tantos otros lugares desestabilizados y violados por Occidente, ha habido una sostenida campaña de desinformación conducida por los medios de comunicación occidentales. Camboya durante el régimen de Pol Pot ha sido retratada como uno de los ejemplos más espantosos de los atroces crímenes cometidos por el comunismo. La historia verdadera, el genocidio occidental contra el pueblo del Sudeste Asiático, ha sido acallada o totalmente omitida. La campaña estadounidense, con aviones B-52, consistió en bombardear las zonas rurales de Camboya y Laos para prevenir que se unieran a Vietnam en su lucha de liberación. Millones fueron asesinados sin piedad. Incluso hoy las vacas explotan porque mascan piedras y a veces, en lugar de piedras, muerden «bombitas» que todavía están por doquier. También puedes imaginar lo que le pasa al pueblo, a las mujeres y los niños. Hace cinco o seis años trabajé de cerca con el Mines Advisory Group (MAG), una agencia británica que se dedica a retirar minas explosivas. Sus miembros se quejaban de que muchas compañías que habían producido y suplido material letal para la guerra en Indochina (una de ellas es ahora un famoso productor estadounidense de bienes de consumo masivo) todavía se rehusaban a compartir datos técnicos sobre estas armas, lo que hacía el trabajo del MAG mucho más difícil, puesto que necesitaban saber cómo desarmar mecanismos y cuánto tiempo estos artefactos iban a mantenerse activos. Este rencor, esta falta de compasión institucionalizada, se traduce en una ausencia absoluta de cooperación que amenaza a cientos, incluso miles de personas en sus comunidades, más que nada mujeres y niños. En Camboya, todo comenzó cuando Estados Unidos implantó un Gobierno ilegítimo y corrupto en la capital Nom Pen. Hablar de las atrocidades de los Jemeres Rojos, del así llamado comunismo, me parece cuestionable, casi grotesco. Sin educación y aislada del resto del mundo, la población camboyana no tenía idea de la ideología comunista que Pol Pot trajo al volver de Francia, donde se radicalizó frecuentando los cafés locales. Lo que me dijeron en Camboya fue que, durante la era de los Jemeres Rojos, las atrocidades fueron más que nada cometidas por la población rural, que buscaba revancha contra las élites urbanas de Nom Pen. Nom Pen colaboró sin reservas con Estados Unidos durante las campañas de bombardeos. La gente de las zonas rurales desarrolló un profundo odio por los habitantes de las ciudades, a quienes veían como colaboradores y muchas veces como la raíz de su sufrimiento. Todo esto tiene poco que ver con la ideología comunista. No cabe duda de que fueron asesinadas más personas durante los bombardeos estadounidenses contra las zonas rurales en Camboya que producto de las acciones de los Jemeres Rojos.

Después, cuando todo terminó y Vietnam liberó Camboya y expulsó a los Jemeres Rojos del poder, el embajador estadounidense ante las Naciones Unidas reclamó «el retorno del Gobierno legítimo», aludiendo a los Jemeres Rojos. Estados Unidos estaba guerra contra Vietnam, un aliado soviético, no contra un autoproclamado y ridículo régimen maoísta. La campaña de desinformación occidental tiene un objetivo evidente: acusar al país de ideología comunista y conectarla con las atrocidades de Pol Pot. En uno de mis informes desde Camboya argumentaba que si Pol Pot y su círculo hubieran animado a los pueblerinos a matar habitantes de la ciudad bajo el lema de algún club de fútbol sudamericano o una marca de zapatillas deportivas, el resultado hubiera sido el mismo.

Noam Chomsky: Estudiosos del tema han notado que de toda la historia de Camboya la parte más investigada son los tres años de los Jemeres Rojos. Se sabe más sobre Camboya en ese período que sobre todo el resto de la historia del país. No se conoce casi nada sobre el período inmediatamente anterior. Lo que sí sabemos es que los Jemeres Rojos fueron un grupo bastante marginal en 1970, pero que movilizó a un enorme ejército de enfurecidos campesinos, quienes se alistaron desde luego para perseguir a las élites urbanas, a las que consideraban responsables de sus males. No vieron la mano de Washington detrás de esas élites. Es un poco como en el caso del este del Congo y el coltán; no puedes ver quién te está matando. Creo que en Occidente esto es bastante fuerte también. Solamente un ejemplo, un ejemplo serio aunque lejano en escala: en Wisconsin, el gobernador republicano eliminó el derecho a la negociación colectiva de los sindicatos. Hubo grandes protestas, se reclamó una elección revocatoria del gobernador. Sin embargo, los republicanos ganaron esa elección. Es interesante preguntarse por qué. Una campaña publicitaria muy efectiva convenció a los perjudicados de que la fuente de su pesar eran sus vecinos, no los bancos, que son responsables de hecho de los crímenes que destruyeron la economía; los bancos son muy lejanos. Lo que sí puedes ver es que tus vecinos están un poco mejor que tú. Tu vecino puede ser, por ejemplo, un bombero que tiene una pensión, y tú no tienes pensión, entonces vuelcas tu odio contra él, no contra las personas que destrozaron la economía, porque ellas están en otro lado; generalmente en rascacielos en Nueva York. Hubo una inmensa campaña publicitaria financiada con grandes sumas de dinero. Así lo hicieron los nazis con los judíos: «Ellos son responsables por el hambre y la depresión económica».

Andre Vltchek: Sí, se podría establecer un paralelismo entre lo que pasó en el Sudeste Asiático y lo que ocurre actualmente en Ruanda, Uganda y la República Democrática del Congo. Hay milicias matando y millones muriendo. Los pobladores locales son retratados como bárbaros, casi como animales. Los gobiernos y corporaciones occidentales están muy lejos y rara vez se los responsabiliza. El conocimiento de estos hechos en Europa y Estados Unidos es mínimo. Europa es el continente que se enorgullece por ser educado e informado. Muchos africanos sí saben, pero los europeos cuyas compañías están involucradas no saben casi nada. O deciden no saber. Todo está interconectado. Robert Mugabe se convirtió en «malvado» para Occidente cuando rechazó el segundo intento de derrocamiento del Gobierno de la República Democrática del Congo, perpetrado por fuerzas ruandesas; en realidad ayudadas por Occidente. En el este de África se habla con sarcasmo sobre cómo el sur de Sudán es un premio otorgado al presidente de Uganda Yoweri Museveni por su «buen trabajo» en la región en favor de Occidente. Si hablamos del Congo, hablamos de un sufrimiento inimaginable, un súper genocidio, que bien podría competir con las atrocidades que Leopoldo II perpetró en ese país hace un siglo. Tengo que repetir los números una vez más, puesto que son espantosos, inimaginables. Cuando filmaba en Washington el año pasado, uno de los candidatos presidenciales de la República Democrática del Congo, Ben Kalala, me dijo que se hablaba de entre seis y ocho millones de personas asesinadas. Algunos dicen diez millones. Me aseguró: «Mira, en Ruanda murieron alrededor de ochocientas mil personas. Me apeno mucho por ellos porque son seres humanos, pero todo el mundo está hablando sobre el genocidio de 1994. En el Congo hubo entre seis y diez millones de personas asesinadas». Todo esto solo en los últimos años, con claras reminiscencias al mandato de Leopoldo II, durante e cual murieron alrededor de diez millones de personas. Si no trabajabas bien en las plantaciones de caucho te cortaban las manos, la gente era quemada viva en sus cabañas. Una gran advertencia sobre las monarquías constitucionales en Occidente y sus democracias «multipartidarias». Por cierto, esto no ocurrió en Amberes o en Brujas, sino en «el corazón de las tinieblas», muy lejos de cualquier ojo inquisitivo. Los belgas mataron a más personas en África que la suma total de su población.

Noam Chomsky: Una vez, y por mera curiosidad, consulté la edición más famosa de la Enciclopedia Británica, la de 1910 o algo así, y busqué al rey Leopoldo II. Había un artículo que hablaba maravillas de su reinado, de cómo había construido el país y cosas por el estilo. Al final, decía algo así como «a veces trataba duramente a su gente». Sí, por ejemplo, asesinando a diez millones de personas.

Andre Vltchek: Cuando fui a Bruselas en 2011 vi muchas estatuas de Leopoldo II. En Bélgica es inmensamente halagado, a pesar de que sabemos que lo que hizo en el Congo fue genocida incluso para los estándares colonialistas europeos. Todavía es considerado uno de los héroes nacionales de Bélgica. En cierto momento el Estado belga se desprendió de sus colonias «privadas» y las «nacionalizó». Claro, parece un chiste. En vez de abandonar las colonias, después del asesinato de diez millones de personas, el Estado belga le quitó las colonias al perverso rey y tomó el control sobre ellas. Estoy seguro de que los belgas convencieron y reeducaron a muchos congoleses para que creyeran que no había nada de malo en ser colonizado.

Noam Chomsky: Es interesante comprobar que los colonizados a menudo aceptan e incluso honran su propia represión. En Calcuta fui a visitar el museo Victoria Memorial Hall. Cuando llegas, lo primero que te impacta es la estatua de Sir Robert Clive, uno de los que destruyeron el país. Luego seguí a un guía local a través de salones y más salones de horribles pinturas donde aparecían británicos azotando a indios, humillándolos, y atrocidades por el estilo. Después fui al salón de té de la reina Victoria, que había sido reconstruido y transformado en una especie de santuario nacional. Todo esto es símbolo de la destrucción de la India; quién sabe cuántas personas fueron asesinadas.

Andre Vltchek: Visité ese lugar muchas veces. Es grotesco y elocuente al mismo tiempo. Nunca vi un museo en la India tan visitado como el Victoria Memorial Hall. A diario miles de personas llenan sus salas. Es un museo muy bien mantenido. El imperio británico adoctrinó a millones de sus súbditos. Por ejemplo, en Malasia las élites locales todavía hacen un gran esfuerzo por parecer incluso más británicas que la gente del Reino Unido. Todos los monumentos imperiales son preservados con gran dedicación. En Sabah, en Borneo, tienen salones de té ingleses y mansiones que pertenecían a los colonizadores convertidas en museos. La meta máxima de la juventud educada de Malasia es estudiar en alguna prestigiosa universidad inglesa; para perder su identidad malasia y transformarse lo más que puedan en sus antiguos colonizadores. La misma tendencia puede verse en Kenia, donde las élites locales, aquellas que ahora están saqueando su propio país como representantes de los amos neocoloniales, visten a la usanza de los viejos caballeros. Los jueces keniatas usan pelucas idénticas a las de sus colegas británicos y muchos de los que son socialmente privilegiados imitan el acento inglés. En el Sudeste Asiático muchas personas están convencidas de que los Gobiernos coloniales fueron justos. Hay una discusión absolutamente patética en Indonesia, Malasia y Singapur sobre por qué Malasia está mucho más avanzada que Indonesia. Muchos piensan que esto se debe al magnífico papel que desempeñó el imperio británico en Malasia, ¡muchos indonesios se quejan de que los holandeses no fueran tan buenos gobernantes coloniales como los británicos! Hasta hace poco se podía observar el mismo proceso en Perú. Lima era la capital del Virreinato de España y uno de los centros de los crímenes contra la humanidad cometidos por Occidente. En la plaza de Armas, frente al palacio presidencial, había una enorme estatua de Francisco Pizarro. Estuvo allí hasta hace pocos años. Ahora que los peruanos tienen un nuevo Gobierno, la movieron, pero todavía está allí, solo que no en la plaza de Armas. No la han destruido, ni siquiera ahora que tienen un Gobierno relativamente socialista o izquierdista. A lo largo de toda América Latina se pueden encontrar símbolos de la conquista. Es como si ciertos sectores de la sociedad sintieran alguna nostalgia por el látigo colonial. Noam Chomsky: Ahora se está produciendo una leve reacción. Por ejemplo, en 1992, en la República Dominicana el Gobierno preparaba un gran evento para celebrar el arribo de Colón, y se erigieron grandes monumentos, pero creo que todos fueron demolidos por fuerzas populares. Puede haber colonización intelectual y moral así como económica y política. La primera tiene raíces profundas y hay muchos ejemplos que lo demuestran. Tomemos como ejemplo el estatus de la mujer. Durante milenios la mujer aceptó que era propiedad de sus padres y esposos debido al orden natural: esto ha sido cuestionado seriamente en Estados Unidos solo en las últimas décadas. Por ejemplo, hasta 1975 las mujeres no tenían garantizado el derecho legal de participar en los jurados de los juicios federales. Si le hubieras preguntado a mi abuela, digamos, si ella era una oprimida, ¡ni siquiera hubiese entendido la palabra! Ese era el rol de la mujer, servir a otros, y eso estaba internalizado. El mayor logro de la jerarquía y la opresión es que los unpeopleacepten que su condición es natural. ¿Tienen los europeos alguna conciencia de la historia colonial?

Andre Vltchek: No, grotescamente no tienen ni la más mínima conciencia. Lo veo incluso entre mis amigos españoles, y hablo de gente que trabaja para Naciones Unidas y otras prestigiosas organizaciones internacionales, gente con mucha educación. Son ignorantes e ingenuos acerca de su propia historia. En Francia he discutido incluso con amigos que son relativamente progresistas de la prensa y otros medios sobre el colonialismo francés. A eso llega: incluso la centroizquierda le profesa una incesante admiración al general De Gaulle y a su creencia de que Francia nunca fue tan mala colonizadora como los otros países. Como si África, Indochina o el Caribe nunca hubieran existido. Como sabes, en algunos lugares los franceses se las arreglaron para liquidar a toda la población nativa, como en la isla de Granada. Aquellos a quienes no pudieron matar saltaban de precipicios para escapar al horror de caer en sus manos. En la isla de Pascua, ahora territorio chileno en la Polinesia, tuvieron casi un cien por ciento de «efectividad». También creo que la percepción que tienen los holandeses sobre el colonialismo en Indonesia es absolutamente primitiva, abominable y enferma. Conocí a alguien en un bar de Nom Pen que se tomaba la cabeza después de una visita a Yakarta y repetía con ebrio estupor: «Nunca debimos irnos». ¡Y me estoy refiriendo a un oficial estadounidense! Los alemanes tienen una percepción casi nula acerca de su colonialismo en África. No he escuchado a nadie discutiendo sobre Namibia en Stuttgart o Múnich, excepto para decir que es un bonito lugar de vacaciones con dunas espectaculares. En Chile, la derecha dice que Pinochet hizo cosas muy buenas y muy malas. Lo mismo que escuchas en el Reino Unido sobre el colonialismo. No habrá ningún arrepentimiento profundo, aflicción o sentimiento de culpa sobre lo que ocurrió durante la partición de India y Pakistán, algo que fue en gran parte promovido por el imperio británico y que probablemente condujo a la peor ronda de masacres de la historia moderna. Una matanza solo comparable con el golpe de Estado de 1965 en Indonesia, que fue apoyado por Occidente, y el actual genocidio en la República Democrática del Congo. Los británicos no tienen, además, ninguna conciencia de lo que su país le ha hecho a África o al Medio Oriente.

Noam Chomsky: Un grupo de expatriados argelinos realizó un estudio muy detallado de las atrocidades cometidas en Argelia durante la década del noventa —uno de ellos trabajaba aquí en el MIT y pude conocerlo— y concluyeron que muchas de las atrocidades atribuidas a los islamistas de hecho habían sido llevadas a cabo por funcionarios del Gobierno disfrazados. El informe detalla caso tras caso. Una masacre en un barrio pobre a un par de kilómetros de una base militar importante, que podía durar tres días, era considerada un evento cualquiera y nadie intervenía. Luego, cuando todo el mundo había sido asesinado, un general entraba en el barrio y lo saqueaba para enriquecerse. Casos y casos similares… los autores del informe pensaban que eventos como este habían sido orquestados por la inteligencia francesa y me pidieron que escribiera una introducción. Le eché un vistazo al volumen y recogí toda la evidencia que pude. Era muy convincente, así es que escribí algo muy moderado, pero que tuvo muchas repercusiones. Finalmente lograron publicar el libro. No pudieron conseguir ninguna editorial francesa, así es que tuvieron que publicarlo en Suiza. Intentaron hacer una conferencia de prensa en París para su lanzamiento, pero ningún periodista francés quiso asistir. En Francia no se conoce. Le conté sobre el libro a un amigo que trabajaba para la American Library en París. Consiguió una copia y la dejó en la biblioteca. Me comentó que era la única copia disponible en Francia. Un libro sobre eventos recientes, sobre atrocidades cometidas en Argelia en los noventa en las que Francia seguramente estuvo involucrada.

Andre Vltchek: Creo que es muy revelador. El problema es que los intelectuales en Estados Unidos creen que los europeos están mejor informados que la gente en el resto del mundo, que tienen un sentido mucho más amplio de lo que se está discutiendo. Tal vez sea así en temas que tienen directa relación con Estados Unidos, pero en Europa hay una ignorancia alarmante. En general, encuentro que la gente educada en Asia, América Latina y África está mejor informada sobre la actualidad internacional que sus contrapartes europeas. Los occidentales, y los europeos en particular, están extremadamente adoctrinados y obsesionados con que son únicos. Después de recibir una educación unidimensional y seguir confiando en sus medios de comunicación sin estudiar fuentes alternativas, muchos se siguen viendo a sí mismos como los elegidos, Para volver un poco atrás, cuando me preguntabas por la situación en Europa y cuánto saben los europeos sobre colonialismo, creo que no saben casi nada. Su falta de conocimiento e interés sobre el tema es extremadamente vergonzosa y reveladora. Los europeos permanecen ignorantes de sus horrendos crímenes, ignorantes de los genocidios que cometieron y en los que todavía están involucrados. ¿Qué saben sobre lo que hicieron y hacen sus gobiernos y compañías en la República Democrática del Congo? No saben nada, simplemente porque deciden no saber. ¡Es mucho más seguro quejarse por el mal manejo que hacen los gobiernos pobres de la ayuda internacional! Noam Chomsky: Cuando les hablas sobre el tema ¿cómo reaccionan?

Andre Vltchek: Generalmente responden a la defensiva. Encontré esa reacción en Francia, en Alemania, en España y en el Reino Unido, aun cuando el Reino Unido tiene una mayor masa crítica que cualquier otro país europeo, tal vez porque se está convirtiendo en una sociedad multicultural. Los europeos no solo son ignorantes acerca de su historia colonial, sino que tampoco saben nada acerca de la historia del resto de su continente.

Noam Chomsky: Viví experiencias muy interesantes en España. Durante unas charlas que di en Barcelona en 1990, más de quince años después de Franco, hice referencia a eventos que sucedieron en la ciudad en 1936 y 1937. Los jóvenes conocían muy poco acerca de la guerra civil. Solamente gente de mi edad entendió a lo que me refería. Luego fui a Oviedo a dar más charlas. En ese lugar hubo una insurrección de izquierda que fue aplastada por el Ejército en 1934. El municipio fue ocupado, hubo asesinatos, etc. Hablé en el municipio, pensando que conocían la historia del lugar, pero no hubo reacción alguna. La única gente que estaba al tanto era la de mi edad. El resto, nada.

Andre Vltchek: Sí. Es un ejemplo de cómo los españoles se relacionan con la totalidad del período de Franco. En América del Sur —Chile, Argentina y Uruguay— son mucho más abiertos sobre el pasado, la gente allí es valiente.

Noam Chomsky: Estás en lo correcto. Cuando estaba en México con mi hija que vivió en Nicaragua, leía La Jornada, que es un buen periódico. En una oportunidad publicó un reportaje sobre un diccionario biográfico nacional que acababa de lanzar la Real Academia Española. El volumen incluía un artículo sobre Franco que lo describía como un nacionalista conservador que había sido bastante bueno para el país. Por otro lado, Negrín era definido como un criminal.

noam chomsky

andré vitchek

* Gracias a EL HISTORIADOR

EL HISTORIADOR

 

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