Trump se comió a Ursula con patatas - por Joaquín Rábago
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Trump se comió a Ursula con patatas
Joaquín Rábago
Creo que es el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, quien mejor ha definido lo que pasó esta semana en Escocia: “Trump se desayunó a Ursula”. O lo que es lo mismo se la comió con patatas.
Algo más diplomático, pero no menos contundentes, otros hablaron de “humillación” o de “capitulación” de Europa, representada por una política a la que el mismo Orbán, que es desde hace tiempo su némesis en la UE, calificó de “peso pluma” frente al republicano.
Donald Trump volvió a demostrar su capacidad para el chantaje y la alemana Von der Leyen -una política que, sin haber salido de las urnas, representa a Europa- su total incapacidad negociadora.
La estrategia de Trump es transparente: exigir lo máximo para dejarlo luego en la mitad de forma que el otro crea poder hablar de éxito, como hizo la presidenta de la Comisión.
Es lo que sucede en las rebajas: se reduce algo el precio de un producto de marca sobrevalorado y el cliente cree haber conseguido una ganga.
La UE presume siempre de ser una potencia económica, pero si negocia como ha hecho ahora Ursula von der Leyen pierden todo derecho a considerarse como tal.
Europa no sólo ha aceptado que Washington imponga un 15 por ciento a sus principales exportaciones – automóviles y maquinaria en el caso de su mayor potencia exportadora, Alemania- sino que se ha comprometido a comprar a EEUU gas natural y petróleo por un importe de hasta 250.000 millones cada uno de los dos próximos años.
Y para colmo, también lo ha hecho a invertir en aquel país otros 600.000 millones, que sin duda se dedicaran sobre todo a la compra de armamento “made in USA”. Todo un negocio para EEUU, como presume con razón el republicano.
China, que negocia actualmente con EEUU en Suecia, parece haber logrado que su rival económico le retire la mayor parte de los aranceles con los que la amenazaba, aprovechando la dependencia norteamericana de las tierras raras y el miedo de Trump a un aumento de los precios, si los sostenía, que sin duda irritaría a sus más leales.
Europa no tiene ninguna de esas armas, y además su dependencia militar de Washington en su cada vez más irracional enfrentamiento con Rusia es su principal debilidad.
Mientras que el jefe del Gobierno francés, François Bayrou, habló de “un día negro” para Europa y de una “alianza de países libres decididos a la sumisión”, el canciller federal alemán, Friedrich Merz, acaso el más sumiso, dijo que el acuerdo con Washington había evitado una escalada en las relaciones transatlánticas.
Y la presidenta de la Comisión y principal responsable de esa capitulación en toda regla se permitió incluso decir, mintiendo descaradamente, que el gas licuado que Europa se ha comprometido a comprar a EEUU es “más asequible” que el que llega por los gasoductos cuando su precio al menos triplica el del gas natural que venía de Rusia.