¿Ucrania y Zelensky están ahora condenados? - por Diego Fusaro
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¿Ucrania y Zelensky están ahora condenados?
Diego Fusaro
FILOSÓFICO
Traducción de Carlos X. Blanco
Y ahora, como era de esperar, Estados Unidos abandona rápidamente a Ucrania y al payaso de Kiev, el actor de la OTAN Zelenski, producto de Washington, si no de Hollywood. Y lo abandona a su suerte. Se está discutiendo seriamente un posible acuerdo con Rusia, pactado soberanamente entre Trump y Putin: un acuerdo bajo el cual Rusia aceptaría la paz, obteniendo a cambio territorios ucranianos, incluido el Donbás. La Unión Europea no lo acepta y torpemente intenta alzar la voz: nadie la ha involucrado, tratándola en realidad como lo que es: un sirviente insensato de Washington, sin autonomía ni relevancia en la toma de decisiones. El payaso, por su parte, se queja e intenta reclamar una paz decente y digna, fingiendo no darse cuenta de que no es más que la víctima sacrificial de las políticas imperialistas estadounidenses.
Recapitulemos brevemente, y sin ánimo de exhaustividad, lo ocurrido en los últimos años: desde la década de 1990, es decir, tras la ignominiosa caída de la Unión Soviética, la civilización del dólar ha intentado gradualmente cercar a Rusia, con el objetivo de obligarla a capitular y normalizarla según líneas liberales y atlantistas. Parecía que el proceso se desarrollaría sin contratiempos, primero con Gorbachov y luego con Yeltsin. Sin embargo, de repente llegó lo inesperado: Vladimir Putin, quien cambió de rumbo decisivamente y comenzó a afirmar la autonomía y la soberanía de Rusia y su pueblo frente a las ambiciones expansionistas de la civilización de la hamburguesa. Esa, y no otra, fue la razón de la radical enemistad entre Rusia y Estados Unidos, que culminó en la guerra de Ucrania y fue precedida por el golpe de Estado de Euromaidán en 2014.
El payaso de Kiev apareció inmediatamente como una simple marioneta manipulada por Washington para contrarrestar a Rusia, es decir, como el instrumento de guerra de la civilización de la hamburguesa contra Vladimir Putin. La guerra que estalló en 2022 no fue la guerra de Rusia contra Ucrania, como inmediatamente presentaron los profesionales de los medios: esa guerra fue, en cambio, el conflicto de la civilización del dólar y sus insensatas colonias contra la Rusia de Putin, culpable de no plegarse al orden de las barras y estrellas y, además, de resistirse activamente a él. La Ucrania del payaso de Kiev fue simplemente el ariete en esta guerra obscena decidida por Washington. El anciano arcoíris Biden estaba convencido de que podía derrotar fácilmente a Rusia. Trump, con sobrio realismo, comprendió de inmediato la imposibilidad de este proyecto, y por ello ahora intenta encontrar salidas a la guerra y posibles acuerdos con Rusia, sacrificando despiadadamente a Ucrania al títere de Kiev. Este último, al igual que los títeres de Mangiafuoco [Tragafuegos, alusión al personaje de Collodi y su libro Las Aventuras de Pinocho, N. del T. ], está a punto de ser arrojado a las llamas, ahora como juguete averiado, inutilizado y quizás incluso dañino. Este, en resumen, es el marco que nos permite comprender lo que ha sucedido en los últimos años. La Rusia de Putin no solo no se derrumbó rápidamente, como certificaron con seguridad los autoproclamados profesionales de los medios, sino que fue capaz de resistir las ambiciones expansionistas de Washington y obligarlo a ceder. Como no me canso de repetir, necesitamos una Rusia y una China fuertes y soberanas, unidas y capaces de resistir conjuntamente la libido dominandi del imperialismo estadounidense ,y capaces, además, de organizar en torno a sí mismas el surgimiento de un mundo multipolar, liberado de las garras mortales de la americanización del planeta, es decir, la angloamericanización.
Gracias a Diego Fusaro, FILOSÓFICO y a a colaboración de Carlos X. Blanco
https://www.filosofico.net/diegofusaro/ucraina-e-zelensky-ormai-spacciati/
En La casa de mi tía con autorización