La unidad de acción europea deja que desear - por Joaquín Rábago
La unidad de acción europea deja que desear.
Joaquín Rábago
Todos hablan de la necesidad de unidad de acción de los europeos, pero al final hay quienes priorizan los que consideran sus intereses nacionales. Sólo Bruselas no parece saber muy bien cuáles son los suyos.
El ultranacionalista primer ministro húngaro, Viktor Orbán, a quien la mayoría de los socios desearían que perdiera las próximas elecciones de abril, califica de pura “demencia” la negativa de Europa a hablar con el Kremlin.
La Unión Europea no sobrevivirá, sostiene Orbán en alusión a su Estado de bienestar, si sigue renunciando al petróleo ruso, y la prueba es la pérdida de competitividad de su industria y la huida de muchas de sus empresas a Estados Unidos.
Según el político húngaro, presa de su cada vez más irracional rusofobia, Bruselas se niega a reconocer una nueva realidad como es la escasez mundial de petróleo por culpa de la actual guerra de Oriente Medio.
Hungría sigue amenazando con bloquear el crédito de 90.000 millones de euros a la Ucrania de Volodímir Zelenski, a quien culpa de no querer reparar el dañado oleoducto “Druzhba” por el que el petróleo ruso llegaba a su país y a Eslovaquia.
António Costa, presidente del Consejo Europeo, calificó la actitud de Orbán de “inaceptable”, pero la nada velada amenaza militar de Zelenski a Orbán si persistía en su actitud, le pareció en cambio al socialista portugués sólo “poco apropiada”.
Hay al parecer dos varas de medir, y a Zelenski, cuyo ejército lleva a cabo por nosotros el “trabajo sucio” de combatir al “ zar” del Kremlin, parece consentírsele todo.
El ucraniano sostiene que los 90.000 millones prometidos a Kiev crearán empleo en Europa, con cuyas empresas su Gobierno firmará contratos militares, y contribuirán así al “crecimiento tecnológico” europeo. Ahora resulta que es Ucrania quien ayudará a Europa y no a la inversa.
Mientras tanto, pese a que, en vista de lo que ocurre en el mercado energético mundial, EEUU ha decidido levantar las sanciones al petróleo ruso, Bruselas se mantiene en sus trece y asegura que seguirá interceptando los petroleros que lleven su crudo. Moscú habla por primera vez de darles escolta militar. Veremos qué ocurre.
Otro importante factor de división entre los europeos es el actual sistema de comercio de emisiones de carbono: Italia, Polonia, la República Checa, Eslovaquia y Bélgica lo critican porque afecta negativamente a la competitividad de su industria-
“Estoy aquí para defender los intereses de la industria europea”, dijo en la última cumbre del Consejo Europeo el primer ministro checo, Andrej Babis.
Los países ricos, como el pequeño Luxemburgo, insisten en que garantizar precios energéticos bajos mediante rebajas fiscales es tarea nacional y no de Bruselas, algo que algunos pueden seguramente permitirse mejor que otros.
Y si faltara algo más para demostrar la falta de unión de los gobiernos europeos, el Reino Unido, aunque no sea socio de la UE, ha decidido, a diferencia de España, autorizar a Estados Unidos el uso de dos bases militares, la de Fairford, en Gloucestershire, y la de Diego García, en el Índico, para su guerra contra Irán.
El gobierno del laborista Keir Starmer asegura hipócritamente que ese uso será sólo para fines defensivos, pero se ha visto despegar de la de Gloucestershire bombarderos pesados con destino a Oriente Medio.
En un principio, Starmer había asegurado como el resto de los europeos en que la guerra de Oriente Medio no era su guerra, pero las presiones de Washington le han hecho cambiar de opinión.
El líder de la oposición conservadora, Kemi Badenoch, calificó ese cambio de parecer como “la madre de todos los giros”. Y ni siquiera el rencoroso Donald Trump se lo ha agradecido porque, según el Presidente, la ayuda británica llega tarde.