
Solamente la estupidez ignorante o la codicia egoísta, tan frecuentes ambas en estas islas de nuestras desgracias, puede hacer a la gente privarse por el incesante e inclemente aumento de la afluencia turística a Canarias. 16 millones turistas que pesan sobre un territorio frágil. 32 millones de trayectos aéreos brutalmente contaminantes, en un destin muy alejado de los puntos de origen de sus visitantes. Una auténtica animalada, que solamente beneficia a unas cuantas empresazas y a la insalla política que les sirve, a costa de los abusos laborales y el estropicio de la sostenibilidad. Por eso, Ángel Rivero, que milita en las filas de quienes ni sufrimos estupidez ni codicia, argumenta con sensatez sobre la conveniencia de sustituir con el rentable turismo selectivo el lamentable actual modelo de turismo masivo. Rivero, en su EN CANARIAS se apoya en varias sabrosas viñetas de otros que ni son estúpidos ni codiciosos, los geniales Padylla, Morgan y Montecruz.
Morote, de ATTAC Canarias señala en VOZ PÓPULI un artículo en el que Alejandro Inurrieta toca un aspecto fundamental del follón armado en el aeropuerto de Barcelona con la huelga del personal de control en el embarque. Es que esta huelga ha llamado mucho la atención, porque está causando morrocotudos problemas a la pobre gente que intenta viajar. Pero la causa de la huelga y de su enquistamiento es la misma que motiva montones de conflictos por todo el estado, pero que, como incordian menos, los medios dejan de lado. La falacia neoliberal de la Reforma Laboraln ha dejado a las personas trabajadoras sin posibilidad de defensa. Y menos mal que no se atrevieron -ya lo intentaron, ya- eliminar el derecho a huelga, porque hubiera sido demasiado. Pero, en este estado de cosas, con la neutralización de los sindicatos y la negociación colectiva, las empresas tienen el poder casi absoluito sobre sus plantillas. Y, claro, pasa lo que pasa.

"No hay motivos para que no podamos con 20 millones o más de turistas" En la segunda parte de la entrevista que le hace Álvaro Morales en EL DÍA, Rodolfo Núñez ofrece un catálogo completo de las barbaridades desarrollistas que tienen a Canarias en la triste situación social en que se encuentra, con unas brechas brutales entre ricos y pobres y que este gentuallo se emperreta en perpetuar. Todo indica que Rodolfo Núñez, fue el cerebrito de la monumental estafa de Las Teresitas, que se escapó del procesamiento simplemente porque quienes instruyeron la causa ignoraban su participación en el fraude hasta que sobrevino la prescripción. Pero el tipo no se corta un pelo y mantiene su carrera hacia el enriquecimiento brutal, a costa del sufrimiento general. Lo que alega este esperpento de persona no tiene más fundamento que su propia palabra, como demuestra el propio hecho de que el concepto de turismo masivo no es capaz de darle trabajo digno a la gente. Y, como un ejemplo de la frivolidad de lo que dice este sujeto me referiré a la cuestión del gasto turístico. Dice Núñez que "hay que hacer que el turismo gaste más". Pero esa obviedad no servirá para nada, porque en Canarias atendemos al turismo exclusivamente con productos importados, incluyendo la energía, por lo que la mayor parte de lo que se gasta el turismo en las islas sale automáticamente para fuera, para pagar las facturas. Tipejos como Núñez son los causantes de las desgracias canarias. Quizá fuera preferible que, en lugar de pontificar sobre temas económicos, el tal Núñez exolique de dónde sacó la pasta para hacerse con Binter.

Otra vez que el vitriólico humor de Padylla ofrece un ámbito de valiosa reflexión. La des-facha-tez de unos gobiernos (el del estado español, y, también, el canario, que cargó el territorio con 15 millones y medio de turistas, este 2016) que se aprovechan del esquilmamiento de los recursos naturales colectivos, pero no son capaces de interpretar la voluntad solidaria de la poblaciuón, para acoger a personas refugiadas. En LA OPINIÓN y LA PROVINCIA.
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No puedo evitar morderme la lengua al comprobar la actitud déspota y subida de tono que muestran ciertos turistas que visitan Canarias, creyéndose con el derecho de hacer lo que quieran y de exigir más allá de una relación cordial simplemente porque son la principal fuente de ingresos de la economía del Archipiélago. Hay que tener en cuenta que una cosa es promocionar nuestras islas con ese fin y otra muy distinta que aquellos actúen a su antojo, amparándose en la máxima de que el turista siempre tiene la razón, como si fuese el credo que nadie debe cuestionar porque rige nuestras vidas y nuestros bolsillos.