Franco no ha muerto, Franco vive, María Mir-Rocafort en LA HORA DIGITAL

Atina María Mir-Rocafort con este artículo en LA HORA DIGITAL. Atina desde el título. Y atina también en el desgrane de argumentos. En efecto, las increíbles cosas que contemplamos en las sociedades del estado español, la terrible desigualdad económica, la arrogancia de las empresas, empezando por la banca estafadora, la gente de la política -de izquierda- que no acierta a encontrar la manera de gobernar sin ataduras con la oligarquía, la lenidad de una Justicia, en la que buena parte de quienes la administran se dejan llevar por sus prejuicios de clase o por su dogmatismo ideológico, la pasividad cobarde de unas masas que somos incapaces de sacudirnos tanta miseria... todo ello viene, como dice Mir-Rocafort de que llevamos sufriendo el efecto del franquismo, desde aquellos aciagos días en que nazis, fascistas, moros mercenarios y la iglesia Católica que olvidaba el mandato de amor de su fundador, la ganaran la guerra Franco, para que impusiera su fanatismo intolerante. Es cierto Franco sigue aquí.





En artículo que señala en EL DIARIO Francisco Morote, de ATTAC Canarias, Juan Torres sigue en su línea de desmontar las falaces tesis que el neoliberalismo ha impuesto, como si fueran dogmas teóricos incuestionables. Esta vez, Torres se refiere al infundio de endilgar a las clases trabajadoras, a la gente común la acusación de carar al estado con exigencias desmesuradas, Como demuestra Torres, quienes de verdad asfixian al estado son las empresas. Cuánto más grandes, más. Son las mismas empresas y las mismas personas tramposas que claman por la libertad del mercado, pero reclaman protección para sus propios intereses. Se llama neoliberalismo.
Hoy, 20 N, que la ONU ha declarado como “Día Universal del Niño”, todo un resto de ilustres momias como la Duquesa de Franco y algunos antiguos ministros, que ya ayer habían ido de misa de duelo a la madrileña parroquia de Santiago a rogar a los cielos por Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, como una misa sola era poco pa’tan ínclitos personajes, repitieron otra hoy en la iglesia de la Concepción, en la aristocrática calle Goya para luego, ir todos juntitos a la Plaza de Oriente como en los viejos tiempos. 
