Buscar
19:51h. Domingo, 19 de Noviembre de 2017

La nueva mujer ecuatoriana - por Kelly Paola Loaiza Sánchez

 

frase kelly

Nota de Chema Tante. La casa de mi tía publica con mucha satisfacción este artículo de  Kelly Paola Loaiza Sánchez, mujer ecuatoriana, por el convencimiento de que lo que describe no se limita a las circunstancias de su país, sino que afecta a todas las mujeres del mundo y, desde luego, a las canarias, de unas islas tan unidas por lazos culturales y afectivos con toda Latinoamérica.

La nueva mujer ecuatoriana - por Kelly Paola Loaiza Sánchez, estudiante de la Universidad de Cuenca, Ecuador *
 
¿Cuál es el rol de la mujer ecuatoriana dentro del actual contexto social? Históricamente la mujer ha sido discriminada y marginada en todos sus ámbitos (sociales, económicos, culturales, políticos, etc.). Su papel se reducía, en el mejor de los casos, a su rol de esposa y cuidadora de sus hijos e hijas y en las peores circunstancias a ser usada como mero objeto sexual. Sin embargo los cambios sociales y la incorporación de la mujer al mundo laboral han marcado un cambio de época, aunque el pensamiento machista sigue presente pero irremediablemente tendrá que ir desvaneciéndose en este proceso de construcción social de una nueva sociedad concienciada, equitativa y respetuosa en todos los órdenes.
 
Esta es una batalla que viene de largo. Desde tiempos inmemoriales, el papel de la mujer se la ha concebido bajo único rol de ser madre y responsable de las actividades domésticas, siendo su lugar la casa, bajo una dependencia absoluta al varón. Por tanto, el hombre era el que tenía la responsabilidad del sustento familiar que justificaba el establecimiento de una relación de poder.
 
En esa lucha por la autonomía, libertad y emancipación muchas mujeres en tiempos pasados han sido pionera en nuestro Ecuador. Pero no con guerras (rifles o machetes) sino a través de demostrar la capacidad intelectual y humana de la que somos receptoras. En ese sentido recordar a nuestra luchadora Manuela Sáenz, patriota quiteña, reconocida como una de las heroínas de la Independencia de América del Sur; Matilde Hidalgo de Prócel, la primera mujer en graduarse de doctora en Medicina, la primera sufragista Latinoamérica, la primera en ocupar un cargo político por elección popular (Diputada Suplente en Loja durante 1941) y presidenta honoraria de la Casa de la Cultura de El Oro; y Araceli Gilbert, quien por su trabajo pictórico logro exponer en solitario en una de las galerías más importantes de París en los años 50 del pasado siglo, hecho que pocos artistas ecuatorianos han logrado. También nos viene a la memoria Marieta de Veintimilla, política y escritora guayaquileña, considerada como uno de los símbolos del feminismo ecuatoriano; mujeres contemporáneas como Eugenia del Pino, doctora en Biología y una de las 10 científicas más destacadas de América Latina; y Ruth Moya Torres, pedagoga y lingüista ecuatoriana, que ha contribuido al desarrollo de la educación intercultural bilingüe en varios países latinoamericanos, entre otras muchas.
 
En fin, un sinnúmero de mujeres que hoy en día desde diferentes ámbitos están aportado al desarrollo de nuestra nación, como bien registra el Instituto Nacional de Censos y Estadísticas (2014) al señalar que “las mujeres prefieren las profesiones científicas e intelectuales, pues el 53,3% de estos profesionales son mujeres”.
 
Si bien en esta época la mujer se ha ganado un puesto dentro de la actividad laboral, teniendo que demostrar más que el varón, la distribución de las actividades del hogar no se ha dado en proporciones igualitarias entre hombres y mujeres. Esto implica una sobrecarga de ocupaciones para la mujer, quien aparte de contribuir económicamente al hogar, también, está encargada de cuidar y atender a los hijos/as, además, de otras domésticas.
 
La mujer ecuatoriana, mestiza, indígena, afroecuatoriana, mulata, montubia o blanca, desempeña los roles de madre y profesional, no como el hombre. La incongruencia, la disparidad en los roles se da por la diferencia en el actuar de estos dos sujetos. Todavía la mujer asume el 100% de las tareas domésticas por el simple hecho de ser mujer, mientras su cónyuge, en la mayoría de los casos, se da por desentendido de esas responsabilidades.
 
Esta cuestión, independientemente de la perspectiva con la que se la analice, es una forma de inequidad entre ambos géneros. Para alcanzar un estado ideal se requiere de trabajo y compromiso por parte de hombres y mujeres. La mujer necesita ser consciente de sus roles y sin victimizarse compartir actividades con su semejante, el hombre, para lograr un equilibrio y no sentirse sobrecargada, ni viceversa. El hombre, por su parte, también necesita ser consciente de la problemática que se desarrolla a su alrededor y su tarea debe ser comprender y actuar con empatía.

¿Por qué motivo? ¿Cuál es el argumento? 
Muy simple, compartir el anhelo de construir una sociedad equitativa y justa a través del respeto y desde el valor y amor a sus madres, hermanas, hijas y esposas. Ese es mi sueño y, sin duda, el de muchas mujeres no sólo ecuatorianas.
 
* Publicado en http://ecuadoruniversitario.com/ En La casa de mi tía con la colaboración de José Manuel Castellano
 
 
Kelly Paola Loaiza Sánchez ecuador