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16:12h. miércoles, 05 de agosto de 2020

¡Qué sanidad [pública] tenemos en Canarias! - por Chema Tante

 

FRASE CHEMA

¡Qué sanidad [pública] tenemos en Canarias! - por Chema Tante *

La fiel parroquia que sigue La casa de mi tía habrá observado que a lo largo de este horrible año 2019 la publicación se ha detenido varias veces, por motivos, a veces técnicos, a veces de salud. De salud emocional y psíquica, gracias a la persecución que yo, Chema Tante, he sufrido por la saña rencorosa, las represalias, de granujas como Paulino, Víctor, José Alberto, más los antaño comunistas chaqueteros José Carlos y el godo Paco, y el resto de insalla que nunca me perdonaron que me opusiera a sus chanchullos con los inútiles puertos de Granadilla o Tazacorte, con Tindaya, con el gas y demás maniobras venales con que se han enriquecido a costa de proyectos costosos, sobrevalorados y absolutamente innecesarios. Sin embargo, todo esto no es la materia que me interesa hoy. Ya lo explicaré a su hora con el debido detenimiento.

De lo que quiero tratar en este día es de la sanidad canaria. De la sanidad pública, por supuesto, porque la privada es lo más insalubre que pueda imaginarse.

En este calvario a que me ha llevado mi indigencia, he sido hospitalizado dos veces. Una, por veintidós días, en la UCI y en planta general; y la segunda, reciente, por cuatro días, voluntariamente, siguiendo consejo profesional, en el Servicio de Salud Mental del Hospital General de La Palma.

¡Qué clase de sanidad!. Por encima de la venalidad manifiesta de anteriores responsables -hago salvedad de Teresa Cruz, porque no ha tenido tiempo todavía y de Jesús Morera, porque el indeseable del genuflexo Clavijo le negó todo recurso para desarrollar su trabajo- por encima de esa venalidad, digo, y de la incompetencia voluntaria de tanto tiesto empeñado en derivar la actividad rentable a los ámbitos hospitenianos y sanroquianos, superando el regateo de los recursos que tan generosamente se desvían hacia los buitres de la sanidad privada, la Sanidad Canaria, la pública, insisto en que sé lo que me digo, es una maravilla.

Una maravilla que se apoya en los lomos de las personas que allá trabajan. No es bueno citar nombres, porque siempre se quedan muchos atrás, pero lo haré con dos, no por su calidad, que la tienen, sino porque fueron quienes me atendieron y quiero hacer que ellos representen a toda la jarca de profesionales que se desvelan en nuestro Sistema Público de Salud. Ivan Piñero de Paz, medico general; y Luis Enrique Vidal  Palmer, psiquiatra. Estos dos elementos ejercen en La Palma, pero tengo constancia y seguridad de que son paradigma de los valores de la inmensa mayoría de doctores y doctoras, enfermeros y enfermeras, celadoras y celadores, las y los profesionales subalternos, las personas de administración y recepción,  la abnegada y eficiente gente de la limpieza y no me olvidaré de quienes ofician en las cocinas, porque debo decir que he comido en el hospital bastante mejor que en algunos de esos hoteles con los que los bucaneros empresarios del turismo estafan a la choniada que nos visita.

Miren. Yo, que siempre había gozado, hasta estos 74 años que ya cargo, una excelente salud, poco o nada sé de medicina, aunque la lógica me dice que sin calidad científica, no hay tratamiento que sirva, pero que la actitud y el buen trato, pueden potenciar los efectos terapéuticos del tratamiento médico. Y eso, en nuestros hospitales públicos, ya digo que de los privados no me ocupo, ese trato es inmejorable.

Tampoco tengo mucho conocimiento del nivel salarial de las y los profesionales de la salud pública. Pero, conociendo a los pájaros burocráticos por sus deposiciones, mucho me temo que no sea muy generoso. De manera que hay que pensar que esta gente del Sistema Público de Salud trabaja por un salario, claro que sí, pero también por una solidaria voluntad de servicio, de ayuda a sus semejantes.

Estuve tres semanas en una planta general y pude observar la dedicación, la amabilidad con que esta tropa bienintencionada, a todos los niveles trata a la gente. Y no estoy hablando de “buenos días”, “buenas tardes”, estoy hablando de limpiar sus suciedades, de acompañarles en sus dolencias y dificultades, de convencerles de lo que les hará bien y desanimarles de lo que les hará mal. Siempre, o casi, con una sonrisa.

Pero estuve también varios días en un Servicio de Salud Mental. Ya comprenderán que quienes allí nos encontrábamos, muy bien de la chaveta no estábamos. Y que, en tales condiciones, se imponen ciertas normas de disciplina por la propia seguridad. Lógico y normal. Pero me maravilló la manera humana, cortés, amistosa, con que este personal impone esas normas.

En definitiva, en las dos ocasiones que tuve que permanecer en el hospital, sentí que me trataban como si fuera mi familia. Como colofón, debo decir que, sabiendo que yo carecía de dinero, esta  buena gente hizo una colecta para poder pagarme la guagua.

En estos casos, se suele recurrir al tópico "no tengo palabras para expresar... " Pero yo sí que  la tengo. Una sola, sincera y rotunda: Gracias.

Qué clase de sanidad tenemos en Canarias. Por ustedes, profesionales del Sistema Público de Salud.

 

Lo escribe y lo sostiene Chema Tante

CHEMA TANTE

 

MANCHETA 10