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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Muere la última gran figura de la escuela de Frankfurt - por Joaquín Rábago

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JÜRGEN HABERMAS
JÜRGEN HABERMAS

Muere la última gran figura de la escuela de Frankfurt

Joaquín Rábago

Con la muerte a los 96 años de filósofo Jürgen Habermas desaparece la última gran figura de la llamada Escuela de Frankfurt, a la que pertenecieron pensadores como Adorno,  Horkheimer o Marcuse.

ADORNO HORKHEIMER MARCUSE SOBRE EL INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL, CUNA DE LA ESCUELA DE FRANKFURT
ADORNO HORKHEIMER MARCUSE SOBRE EL INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL, CUNA DE LA ESCUELA DE FRANKFURT

A él se deben conceptos claves como la “acción comunicativa”, que defiende la posibilidad de una racionalidad basada en el diálogo entre ciudadanos libres e iguales, situación ideal que sabemos que por desgracia no existe ni es fácil que alguna vez exista.

La legitimidad política surge, según Habermas, de un proceso de debate ”racional” – palabra siempre clave en su pensamiento- entre los ciudadanos y exige el intercambio de opiniones al margen de toda coacción y con total respeto de la diversidad.

La formación de la opinión pública, y no su manipulación por los medios de comunicación de masas, es esencial, sostiene Habermas, para la supervivencia de la democracia.

Habermas fue una voz siempre  muy activa en todos los debates intelectuales, políticos y sociales en la Alemania de posguerra,  desde la revuelta estudiantil de finales de los sesenta, hasta la guerra de Ucrania o el genocidio de Gaza, pasando por la llamada “disputa de los historiadores” de los años ochenta.

Esta última se originó cuando el conocido historiador Ernst Nolte publicó en 1986 un artículo titulado “El pasado que no quiere pasar” en el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung en el que negaba la singularidad del Holocausto y relativizaba los crímenes del Tercer Reich, en los que veía  sólo una reacción a los del estalinismo.

ERNST NOLTE
ERNST NOLTE

“¿No fue  el Gulag previo a Auschwitz? ¿No fue el asesinato de clase de los bolcheviques el antecedente lógico y fáctico del genocidio de los nazis?”, se preguntaba aquel historiador revisionista, según el cual la política de Hitler había sido sólo una respuesta a la “amenaza existencial” del bolchevismo.

Habermas contestó entonces a Nolte en una carta que publicó el semanario liberal Die Zeit y en la que le acusó de encabezar un grupo de historiadores neoconservadores que trataban de liberar a los alemanes de su responsabilidad histórica,  negando el carácter único del Holocausto.

Al igual que el también historiador Golo Mann, hijo del autor de “La montaña mágica” (1), Habermas veía en la reunificación alemana el peligro del surgimiento de un nuevo nacionalismo germano y defendió por ello profundizar la integración europea como modo de contrarrestarlo.

GOLO MANN
GOLO MANN

Dispuesto siempre a intervenir en el debate público, a raíz de los ataques de Hamás a Israel del 7 de octubre de 2023, Habermas pareció justificar las brutales represalias del ejército sionista contra la población gazatí.

Incluso llegó a afirmar que equiparar lo que pasó en Gaza con el genocidio superaba los límites del debate racional.

Su apelación al deber que tenía la Alemania democrática de proteger la vida judía y la existencia del Estado de Israel provocó la respuesta de otros intelectuales, que le reprocharon que no hubiese mencionado la necesidad de defender el derecho internacional, que prohíbe los crímenes de guerra y de lesa humanidad como el castigo colectivo y la destrucción de las infraestructuras civiles.

Habermas defendió también la intervención de la OTAN en Yugoslavia en 1999 y lo hizo desde la perspectiva de la protección de los derechos humanos, lo que le valió la acusación, desde la izquierda, de justificar el “humanitarismo militar”.

Una de sus últimas polémicas está relacionada con la guerra de Ucrania. Pese a condenar por ilegal la invasión rusa, propugnó el diálogo con Moscú para evitar más muertes.

“Una guerra larga se cobrará más vidas y causará más destrucción. Y al final nos pondrá ante una alternativa desesperante: o intervenir activamente en el conflicto o, para no desencadenar una tercera guerra mundial, abandonar a Ucrania a su suerte”.

El diplomático ucraniano Andrij Melnyk, banderista radical, acusó incluso al anciano filósofo de estar “descaradamente al servicio de Putin” y añadió: “Me deja sin palabras… Kant y Hegel se revolverían en sus tumbas”.

 Como cuenta Juan Luis Conde en su libro de memorias “El abrigo de Thomas Mann” (Ed. Reino de Cordelia)

JUAN LUIS CONDE
JUAN LUIS CONDE
JOAQUÍN RÁBAGO
JOAQUÍN RÁBAGO
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