Cómo será la movilidad terrestre en un mundo en descenso energético - por Yeray Hernández
Chema Tante recomienda efusivamente este artículo, remarcando que contiene unas muy valiosas sugerencias para los movimientos sociales de Canarias, que ojalá se tuvieran en cuenta
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Cómo será la movilidad terrestre en un mundo en descenso energético
Yeray Hernández *
He terminado recientemente de leer el último libro de Antonio Turiel, El Futuro de Europa: Cómo decrecer para una reindustrialización urgente [1], y el libro ofrece algunas claves sobre cómo será la movilidad terrestre en un futuro no muy lejano, en el que la disponibilidad de energía irá (está ya, de hecho) en descenso. El objetivo que me propongo con este artículo es ofrecer a los lectores y lectoras una reflexión sobre el libro y sus posibles repercusiones para la movilidad terrestre de Canarias.
Primeramente, comenzaré con una breve introducción, para luego hablar del descenso en la producción de diésel y de las falsas soluciones que nos proponen los presuntos gobiernos (tal como los llama Federico Aguilera Klink). En tercer lugar, señalaré cuáles pueden ser las opciones de transporte y movilidad que se pueden plantear según Turiel, para terminar con algunas propuestas para los movimientos sociales de Canarias.
Introducción
‘Esto se acaba, se acaba ya, es lógico que se acabe y es bueno que se acabe, pero obviamente va a tener muchas consecuencias’ [1]. Esta es una de las contundentes afirmaciones que realiza Turiel en su libro tras exponer, con datos, que no habrá energía ni materiales para mantener el volumen de movilidad que tenemos en la actualidad. Es decir, nos vamos a enfrentar a un inevitable decrecimiento de todas las movilidades (un resumen de alguna de las causas que nos han llevado a esta situación lo expuse en un artículo anterior [2]).
Es, sin embargo, importante mencionar que este escenario de decrecimiento forzado de la movilidad lo considero lamentable, y no por lo duro que será, sino porque es un necesario que nos viene impuesto por el descenso energético, en lugar de haber sido un proceso elegido, planificado y democrático de adaptación de las economías a los límites biofísicos.
Falta diésel
La producción de diésel ha caído un 11% desde 2015-2017, lo cual ‘era algo previsible debido a la naturaleza de los hidrocarburos sustitutos del petróleo crudo que se han ido introduciendo en los últimos años, mucho menos aptos para la producción de diésel’ [1]. Esta caída se espera que continúe avanzando dado que el pico del petróleo crudo convencional se produjo en 2005. Dicha caída, que no será diferente para la gasolina, aunque su descenso será más lento [3], supondrá un desafío para los transportes colectivos (guaguas) y taxis, y, especialmente, para el transporte de mercancías y la agricultura.
THE OIL CRASH
Falsas soluciones
En lo que respecta a las falsas soluciones, en el libro se menciona el mal llamado hidrógeno verde obtenido por electrólisis. Turiel indica que, si tenemos en cuenta todo el ciclo de vida de este vector energético, se obtiene un rendimiento final del 10-25% de la energía inicialmente utilizada [1]. Es decir, el hidrógeno “verde” es un sumidero de energía que se produciría en un momento histórico en el que va a ser necesario planificar bien en qué y quiénes nos vamos a gastar los menguantes excedentes energéticos. Habrá sin duda usos para el hidrógeno, pero no va a salvar, de ninguna manera, a la industria automovilística y la ideología que lo sustenta.
La segunda falsa solución mencionada en el libro es el coche eléctrico. La disponibilidad de materiales críticos como el cobre, el litio o el níquel se presenta insuficiente para cubrir las necesidades de los actuales modelos de movilidad basados en el automóvil privado. Aparte de esta escasez, socialmente construida dicho sea de paso, ‘resulta que toda la industria del coche eléctrico depende de la abundancia de energía fósil barata, y eso justamente es lo que está empezando a escasear’ [1]. Es decir, el coche eléctrico se catapulta en los combustibles fósiles en gran parte de su ciclo de vida, comenzando, fundamentalmente, por la minería de los mencionados materiales críticos. Por estos motivos, sin descartar otros relacionados con la desindustrialización de Europa o la competencia de China, ‘las compañías europeas han echado el freno a su supuesta implementación a escala masiva’.
¿Cómo será entonces la movilidad terrestre?
Como consecuencia de la escasez creciente de materiales y energía, parece obvio que ‘el coste real de viajar se irá haciendo cada vez más caro’, afirma Turiel. Por ello, la movilidad terrestre deberá basarse crecientemente en transportes colectivos. ¿Cuáles? Para viajes no urbanos, Turiel sostiene que ‘el medio más eficaz es el ferrocarril electrificado’. En Canarias es indudable que este es un tema controvertido, y son varios los motivos para que así sea. En primer lugar, el único estudio serio, es decir, sin conflictos de interés, realizado en Canarias sobre la viabilidad de los trenes lo hizo la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, concluyendo que el tren de Gran Canaria no tiene sentido social ni económico [4].
En segundo lugar, si el transporte aéreo ‘es un medio condenado a disminuir drásticamente hasta convertirse en algo marginal’, dado que ‘volar en avión se va a ir volviendo un lujo accesible para unos pocos’ [1], quizás habría que replantearse qué sentido tiene construir un tren hacia el sur de Tenerife cuando el colapso del sector del turismo de masas es algo inevitable en cuestión de unos años (véase [5] para más detalle).
Para el ámbito urbano, e incluso interurbano, ‘ideas como el tren-tranvía (…) son exactamente lo que necesitamos’, sostiene Turiel, necesitándose ‘un medio de transporte para recorrer el último kilómetro’ como autobuses, metros, bicicletas o caminando [1].
Respecto a las medidas disuasorias para el automóvil, Turiel sostiene que las Zonas de Bajas Emisiones, a pesar de ser una buena medida para expulsar a los coches de los centros urbanos [6], se están implementando en contra de las clases empobrecidas, ya que sólo las clases acomodadas podrán permitirse coches de “bajas emisiones”, como los eléctricos, y, por tanto, acceder a los centros de las ciudades. Esta discriminación de clase, sostiene Turiel, se está convirtiendo, además, en un impulso para los partidos de extrema derecha y su agenda anti-medio ambiente (una explicación de las causas que llevan a las clases empobrecidas a votar en contra de sus intereses lo expuse en un artículo anterior [7]).
Propuestas para los movimientos sociales de Canarias
¿Que por qué no hago recomendaciones a responsables políticos? Dejemos que responda Turiel: ‘Por desgracia, los gestores políticos no querrán creer que este descenso, aunque paulatino, será inevitable’. Prohibido ver lo evidente, dice El Roto.
Por ello, me dirijo directamente a los movimientos sociales de Canarias y les propongo lo siguiente:
- Nos enfrentamos a un descenso energético inevitable, por lo que las reivindicaciones ecosociales deberían alinearse con esta nueva realidad. Es decir, las reivindicaciones que se vayan realizando de ahora en adelante deberían tener en cuenta que dispondremos de cada vez de menos energía, por lo que será necesario pensar en la necesidad de ir relocalizando en nuestro territorio todo tipo de actividades económicas, empezando por la agricultura.
- No nos podemos dejar engañar por los presuntos gobiernos cuando nos hablen del coche eléctrico como una opción de movilidad sostenible. El coche eléctrico no es sostenible a la escala que pretenden los presuntos gobernantes y el poder económico que los dirige. Además, el coche eléctrico no soluciona la contaminación ambiental, la congestión, el ruido, los accidentes, la fragmentación del territorio, ni tantos otros impactos negativos que genera el automóvil.
- El coche eléctrico sí que puede ser una opción viable con un modelo de movilidad terrestre en el que el automóvil sea un medio de transporte marginal y de carácter compartido.
- Soy consciente de que los trenes y los tranvías han tenido (con razón) poco consenso social en las Islas. En un contexto crecentista, su rechazo está completamente justificado (¡cómo se puede tolerar la construcción de un tren simultáneamente con la expansión viaria; es un absoluto disparate!). Sin embargo, en un contexto decrecentista, será necesario reabrir el debate, libre de prejuicios, sobre la necesidad de electrificar los transportes públicos. Pero, repito, sólo en un contexto de decrecimiento, que, además, debe ser elegido, planificado y democrático.
- No va a ser necesario gastar energías en luchar para que los presuntos gobiernos implanten medidas disuasorias para el automóvil. El descenso energético pondrá todo en su sitio en un breve periodo de tiempo. Los esfuerzos, creo, deberían centrarse en luchar por cambiar el urbanismo: será crecientemente necesario hacer recuperaciones masivas del espacio público destinado hoy al automóvil y reservarlo para la peatonalización (o áreas de convivencia), zonas verdes (o renaturalización) y redes extensas de carriles-bici.
- Es imperativo oponerse a la construcción de toda nueva gran obra de infraestructura viaria. Este tipo de obras, aparte de inútiles para hacer frente al tráfico [8], supondrían un despilfarro ingente de unos recursos económicos, energéticos y materiales que necesitaremos para adaptarnos al descenso energético.
Y termino: ¡lean el libro!
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Referencias
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[1] |
A. Turiel, El Futuro de Europa: Cómo decrecer para una reindustrialización urgente, Barcelona: Destino, 2024. |
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[2] |
Y. Hernández, «La utopía ha cambiado de bando,» La casa de mi tía, 12 Mayo 2024a. |
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[3] |
A. Turiel, «Sin energía: Pequeña guía para el Gran Descenso,» Alfabeto, Madrid, 2022. |
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[4] |
EITT, «Evaluación socioeconómica del proyecto del tren de Gran Canaria,» Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2021. |
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[5] |
Y. Hernández, «Una reflexión sobre el inevitable fin del turismo de masas y un llamamiento a los movimientos sociales de Canarias,» La casa de mi tía, 29 Julio 2024b. |
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[6] |
K. Nicholas, «Las 12 mejores formas de sacar los coches de las ciudades,» The Conversation, 2 Junio 2022. |
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[7] |
Y. Hernández, «Por qué las clasesempobrecidas votan en contrade sus intereses económicos: una explicación en cinco pasos,» La casa de mi tía, 16 Junio 2024c. |
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[8] |
G. Mattioli, C. Roberts, J. K. Steinberger and A. Brown, “The political economy of car dependence: A systems of provision approach,” Energy Research & Social Science, no. 66, p. 101486, 2020. |
Yeray Hernández es Doctor en Economía y está especializado en Economía Ecológica. Fue investigador científico del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea entre 2014 y 2020. De 2020 a 2024 fue investigador de la Universidad de La Laguna. Actualmente es profesor de Economía Aplicada en la misma Universidad.
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