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domingo, 25 de septiembre de 2022 11:06h.

Decrecimiento turístico - por Josema González Pérez

 

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Decrecimiento turístico - por Josema González Pérez *

En las críticas a la turistificación del territorio, con su pérdida de suelo agrícola y de espacios naturales y de especies propias de la biodiversidad canaria, se plantea frente a la masificación que hoy preside la realidad, un turismo de calidad y/o un turismo sostenible y reclamar, a lo sumo, una “moratoria turística”, como si no existiera, en Canarias, otra alternativa económica que seguir dependiendo de esa actividad extractivista.

El turismo de masas es un gran consumidor de territorio, basado en un turismo de alto poder adquisitivo que reclama costosas infraestructuras como campos de golf, consumidor de energía y consumidor a su vez de una ingente cantidad de agua, recurso del que carecemos y por el que hemos de recurrir a la potabilización del agua marina, previo uso de energía proveniente de combustibles fósiles.

El turismo no puede ser sostenible en Canarias, al pretender incentivar actividades ligadas a la naturaleza, con deportes marinos y el senderismo. El resultado sería una mayor colonización de la totalidad la costa y del territorio, castigando la naturaleza, y convertir todo el medio natural en un gigantesco parque temático para el disfrute de los turistas. No es una actividad respetuosa con el medio, sino agresiva, y sigue precisando un fuerte consumo energético. Los guachinches con turistas son una de las primeras señales de alarmas que ya saltan de un territorio al servicio de los turistas y cómo este resta espacios de soberanía, de disfrute tradicional, a la población residente. Otro, el proyecto de turistificar charcos de marea que se ha abierto, incluso con la supuesta limitación de modificación de los espacios naturales, no negando su utilización por los guiris y cuya máxima se expresa con el eslogan “Qué el turista se adapte al charco y no el charco al turista”.

Con la lucha desplegada contra la urbanización “Cuna del Alma” se ha vuelto a airear las alternativas al turismo de masas, destructor del territorio, la naturaleza y la cultura de la gente canaria. De nuevo se vuelve a airear como tal la “moratoria turística” como respuesta, ya puesta en marcha años atrás, tras aprobación parlamentaria, y que no ha supuesto freno alguno. También la reclamación de un turismo sostenible y de calidad. La moratoria, demostrado con su aprobación parlamentaria, como lenguaje del poder, que limita la construcción de hoteles con determinada categoría, pero no impide que otros puedan construirse, junto a otras necesarias infraestructuras que atraigan turistas de poder adquisitivo. Y las actividades del llamado turismo sostenible se siguen desarrollando, particularmente las de actividades acuáticas y las de senderismo y otras como el barrranquismo, como un atractivo más para atraer turismo de adrenalina y con otros afanes. No es un freno al turismo de masas, sino un aliciente más que se suma a él. Tanto la moratoria, como el llamado turismo sostenible son defendidos por las instituciones como por las patronales turísticas, no suponiendo una merma en la arribada de turismo a este país.

Se hace preciso, por ello, poner no sólo un freno real, sino el implementar actividades que signifiquen una merma real a la llegada de turistas, un freno que materialice dar un descanso al territorio, reconquistar su soberanía y ponerlo al servicio directo de la gente canaria y no como lugar de escape del guiri; actividades que signifiquen recortar el gasto energético y la deriva hacia otras fuentes no contaminantes, disminuir el consumo de agua para el uso turístico (piscinas, jardines, derroche residencial del guiri, campos de golf…); y otras que en vayan significando un paso paulatino para “desturificar” el territorio y ponerlo al servicio de la mayoría social que lo habita. Se hace necesario producir de otra forma.

A modo de ejemplo, señalamos algunas medidas que podrían procurarlo:

- No otorgamiento de licencias de construcción de ninguna instalación turística. Igualmente para cualquier otra actividad que tenga el turismo como potenciales clientes.

- Cierre de planta hotelera que no tenga una ocupación media-alta. Desmantelamiento progresivo de la dependencia económica del turismo.

- Incautación de construcciones hoteleras para su reconversión en viviendas sociales, que resuelvan el problema de la vivienda en el Archipiélago.

- Uso de fuentes energéticas renovables y con tecnología sencilla, que no genere dependencia y hagan real la autonomía energética.

- Incautación de los terrenos agrarios abandonados e incentivación de actividades agrarias ecológicas, con cultivos precisos para la manutención de la población y preservar su salud, haciendo llegar el agua para su mantenimiento productivo.

- Procurar el abaratamiento de los insumos precisos para la manutención de la población, procurando eliminar las innecesarias estructuras intermediarias, con la incentivación del surgimiento de cooperativas de consumo y otras, como pueden ser mercadillos de productores.

- Incentivación del surgimiento y funcionamiento de cooperativas, con las consiguientes ventajas fiscales.

- Surgimiento de mecanismos de democracia directa que controlen de forma participativa toda la maquinaria de producción.

Como bien se dice en estos días, no es solamente “Cuna del Alma”, sino toda Canarias la que recibe la presión turística. Toda Canarias está sometida a la plaga turística y es preciso no sólo frenar, sino hacer desaparecer esa dependencia. Hacerlo es desplegar toda una serie de medidas desde ahora y por propia iniciativa, antes de que circunstancias externas obliguen, entre la desesperadas carencias y el desabastecimiento. Es preciso poner el freno al desarrollismo, optar por el decrecimiento turístico y, a la par, poner las bases de un nuevo ordenamiento económico y social, basado en el cooperativismo, que realmente ponga la producción y los procesos sociales al servicio del pueblo canario.

Decrecimiento turístico - LCDMT