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jueves, 08 de diciembre de 2022 00:00h.

Dinosaurios - por Rafa Dorta

No nos diferenciamos mucho de aquellos dinosaurios que vivían sujetos a los códigos de la supervivencia, matar o morir, comer o ser comido. Lo único que ha cambiado después de la desaparición del Tyrannosaurus y sus congéneres, hace doscientos millones de años, es la estética de la violencia a la hora de manejarnos ante situaciones desesperadas; porque los instintos primarios continúan vigentes, y a pesar de que se han generado grandes avances en muchos campos, no hemos podido deshacernos del animal salvaje que ataca cuando se siente acorralado, aunque todo se oculte bajo la apariencia de una cierta sofisticación.

Dinosaurios - por Rafa Dorta

No nos diferenciamos mucho de aquellos dinosaurios que vivían sujetos a los códigos de la supervivencia, matar o morir, comer o ser comido. Lo único que ha cambiado después de la desaparición del Tyrannosaurus y sus congéneres, hace doscientos millones de años, es la estética de la violencia a la hora de manejarnos ante situaciones desesperadas; porque los instintos primarios continúan vigentes, y a pesar de que se han generado grandes avances en muchos campos, no hemos podido deshacernos del animal salvaje que ataca cuando se siente acorralado, aunque todo se oculte bajo la apariencia de una cierta sofisticación.

Como los dinosaurios, no llegamos a comprender el alcance de las grandes transformaciones que se están produciendo a nuestro alrededor, y mientras que los Velociraptores eran los más rápidos en rodear a la presa y devorarla de inmediato, algo muy similar ocurre con el exceso de información que se nos ofrece bien despedazada para que la consumamos con gran avidez y pase a convertirse, a toda velocidad, en la carroña de la que se alimentan los buitres profesionales del lodazal mediático.

Igual que los grandes reptiles de sangre fría impusieron su supremacía en un mundo hostil por naturaleza, hasta que un cataclismo los hizo desaparecer casi por completo, nuestra inteligente especie dominante se encuentra inmersa en una guerra económica global que está modificando el tablero geoestratégico, con el posicionamiento de nuevas potencias emergentes y la irrupción de una gran revolución tecnológica, el proceso acelerado que apenas comienza y ya es el causante de una verdadera mutación en la forma de concebir las relaciones humanas.

El impacto de un asteroide o un brusco cambio climático son dos de las teorías que tratan de explicar la misteriosa extinción de los dinosaurios. En nuestro tiempo, la actividad humana está alterando el clima y los ecosistemas, hasta tal punto que los desastres naturales provocarán grandes migraciones en un futuro próximo.

Los dinosaurios fueron víctimas de su ignorancia, y nosotros podemos caer en algo peor que el no saber, y es en la estupidez de creernos que se puede mantener un sistema basado en la sobreexplotación de los recursos naturales, en el aumento de la desigualdad, en la legitimación de la pobreza y en el amparo institucional a una élite que usa el dinero virtual como arma de destrucción masiva.

Aquí dentro, almacenadas en la memoria genética, guardamos las emociones: tristeza, dolor, rabia, frío, hambre, comer y no ser comido.