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jueves, 02 de febrero de 2023 11:53h.

Podemos, la Dirección Estratégica y la Coca Cola - por Alejandro Floría Cortes

Dice la bibliografía sobre Dirección Estratégica que las empresas y organizaciones que disponen de una declaración explicita y compartida de su misión, visión y valores, orientan mejor sus acciones de marketing y afrontan de forma óptima sus imprevistos, ya que tanto sus directivos como los empleados saben perfectamente, quiénes son, quiénes quieren ser en un futuro y los valores que tienen para poder conseguirlo.

Podemos, la Dirección Estratégica y la Coca Cola - por Alejandro Floría Cortes *

Dice la bibliografía sobre Dirección Estratégica que las empresas y organizaciones que disponen de una declaración explicita y compartida de su misión, visión y valores, orientan mejor sus acciones de marketing y afrontan de forma óptima sus imprevistos, ya que tanto sus directivos como los empleados saben perfectamente, quiénes son, quiénes quieren ser en un futuro y los valores que tienen para poder conseguirlo.

Estos conceptos deberían responder a las preguntas:

-         misión: ¿cuál es nuestra razón de ser?, ¿quiénes son nuestro publico objetivo?, ¿cuál es nuestra ventaja competitiva?

-         visión: ¿qué queremos lograr?, ¿dónde queremos estar en el futuro?, ¿para quién lo haremos?

-         valores: ¿cómo somos?, ¿en qué creemos?

 

Lanzo con premeditación y alevosía la pregunta de si la misión, la visión y los valores de Podemos,reales y percibidos, iniciales y actuales, son coherentes y constantes entre sí y en el tiempo, como debería ser, desde su aparición en escena (la de La Sexta, antes de las elecciones europeas) hasta la actualidad...

El primer discurso de Podemos, que realmente en  poco o nada se diferenciaba del que venía esgrimiendo Izquierda Unida en aquel momento, pero que se benefició de una auténtica operación de mercadotecnia, parecía contener una alternativa real y tangible, otra forma de hacer las cosas (rupturista) y una amplia visión de conjunto: los círculos aparecían como una herramienta potentísima para hacer efectiva la participación ciudadana, la auditoría y reestructuración de la deuda resultaba evidente, se replanteaban las relaciones geopolíticas, tanto las limitantes para nuestra soberanía como las que podían proporcionar grandes sinergias, la Constitución no era intocable, los Derechos Humanos debían ser algo más que una declaración de intenciones y ya había legislación para trabajar en ello...

Hay algo que, por más que nos disguste admitir, tenemos que aceptar (al menos hasta la próxima revolución) y es que, con carácter general, somos una sociedad de consumo y funcionamos como tal, con más o menos conciencia del asunto, pero es así. Somos consumidores. Y Podemos es un producto.

Un producto, sí, que alcanzó un posicionamiento por diferenciación y que parecía dirigirse a un segmento muy concreto de la población, que no exactamente del electorado: [email protected] [email protected]. Los resultados de las elecciones europeas y las encuestas demostraron que Podemos no había sido, de hecho, una fuerza particularmente movilizadora, sino que había captado votos de los partidos políticos existentes, especialmente de Izquierda Unida, pero también del PSOE, e incluso del PP.

A pesar de todo y de muchos, esta transversalidad era más premeditada que casual, y el famoso significante vacío (que nos supuso a los profanos no pocas horas de lectura) tenía todo que ver.Dicho concepto, “que agrupa las demandas democráticas de diferentes grupos sociales, no busca la extensión de una propuesta ideológica de liberación global del sistema capitalista al conjunto de las y los oprimidos, sino meramente la constitución de un sujeto político fuerte con capacidad para impulsar a sus líderes a hacerse con el control del aparato estatal capitalista. [...] esto, en la práctica, supone una unificación contradictoria de diferentes intereses de clase que paraliza la acción y las conquistas sociales en pos del apoyo electoral.”  Pablo Iglesias y Podemos venían renunciando casi desde el principio a Gramsci por Laclau y Moufee. [1]

A principios del presente año, Podemos alcanza su techo en las encuestas, con aproximadamente un 25% de los votos, dependiendo de las fuentes, muy poco tiempo después de presentar un anteproyecto de programa económico elaborado por Torres y Navarro que diluía el contra-argumento de Venezuela.

Llegados a este punto, Podemos, y Pablo Iglesias, básicamente, vienen produciendo lo que venden, que en el asunto del marketing es cosa fina.

Pero los segmentos son los que son y tienen el tamaño que tienen. La lectura de la transversalidad, a la vista de los datos, era evidente y resultaba muy tentador razonar que introduciendo determinadas modificaciones en el producto se podía alcanzar un segmento de mayor tamaño. Esto es imposible sin crear y adquirir conciencia de otra cosa, lo que ya quedó descartado en la renuncia ideológica anteriormente referida en aras del electoralismo. De otra forma el producto es un engendro.

Hasta el momento se dan una serie de cuestiones, además, que parecen quedar en la trastienda, pero que hay que tener en cuenta:

-         En no pocos círculos municipales ha tenido lugar un auténtico ejercicio de paracaidismo, incorporándose personas procedentes de otras formaciones y haciéndose con el control de los mismos.

-         Podemos se constituye como un partido político al uso con una fuerte estructura vertical, apareciendo una primera división interna.

-         El sistema vía web de participación ciudadana despierta muchas dudas por su  (baja) fiabilidad, incluso entre los propios seguidores de Podemos, y las tasas de participación están muy lejos de la cifra de simpatizantes inscritos.

Llegados a este punto, el producto ha madurado y va a entrar en declive. A Podemos le sobraba tiempo y había subestimado la capacidad de reacción de la competencia.

Entonces llegan los de Ciudadanos, que saben lo suyo de dirección de empresas, en algo se tiene que notar el patrocinio, y piensan: utilicemos el benchmarkingEl benchmarking es una técnica para buscar las mejores prácticas que se pueden encontrar fuera o a veces dentro de la empresa, en relación con los métodos, procesos de cualquier tipo, productos o servicios, siempre encaminada a la mejora continua y orientada fundamentalmente a los clientes (Casadesús 2005).

El benchmarking implica aprender de lo que esta haciendo el otro y entonces adaptar sus propias prácticas según lo aprendido, realizando los cambios necesarios, no se trata solamente de copiar una buena práctica, sino que debe adaptarse a las circunstancias y características propias. ¿Cuál es la práctica seleccionada? Efectivamente, la transversalidad. ¿Cómo la adapta Ciudadanos? Insinuándose de centro-izquierda, no le hace falta mucho más, Albert Rivera tiene claro cómo se percibe a su formaciónPodemos pierde ventaja competitiva y, por tanto, intención de voto.

Las cuestiones de la trastienda a las que hago referencia arriba empiezan a brotar definiendo un sector crítico cada vez más amplio partidario de la participación de un frente amplio que la cúpula del partido rechaza, alcanzando, en ocasiones, una actitud burlesca. Se tambalea el Social Business, la marca pierde prestigio (¿cuál era la misión, la visión y los valores?) y Pablo Iglesias cae en valoración, con cierto estrépito.

Una cierta mejora (o acaso sólo la disminución del empeoramiento) de las cifras macroeconómicas provoca el extraño alivio generalizado de que tener la mierda por la cintura es mucho mejor que tenerla al cuello, aunque no sea una opción intrínsecamente buena, y el barómetro del mes de Julio del CIS aporta unos datos, no poco elaborados, las cosas como son, que confirman que no tenemos remedio como país.

Así, quien vote al PP lo hará, en general, por considerar que su gestión ha mejorado la situación global del país, quien vote al PSOE lo hará por una presunta diferenciación ideológica con el PP, quien vote a Ciudadanos lo hará porque considera que es el formato aseado y sin cargas del PP,... y quien vote a Podemos lo hará básicamente a modo de castigo al sistema,... Sin existir componente ideológica en la intención de voto (normal, residuos de la transversalidad), la muestra de la encuesta considera a Podemos... de extrema izquierda.

Cuando cunde el pánico, inevitable sin planes de contingencia, sin fondos de maniobra, sin misión, visión ni valores bien definidos, se cometen, además, errores impropios e inesperados en ciertas estructuras.

De esta forma, la autoproclamación de Podemos como la única herramienta de cambio (incluso de Unidad Popular) es la penúltima barbaridad que sitúa a la formación  a niveles de engreimiento similares a los del Partido Popular. Coca-Cola no podría negar a Pepsi, por más que pataleara. Ni la Chispa de la Vida absorberá todos los slogans de Pepsi [2]. Ni viceversa.

La última es pretender la sustitución (del PSOE) a través de una estrategia de seguimiento (del propio PSOE). No en vano, Errejón va preparando con sus declaraciones el terreno para resolver de esta manera lo que parece ser el plan B de Podemos. Lo que vienen a ser como dedicarse a preparar los polvos para la Coca-Cola de grifo hasta que se de la oportunidad de sustituir a la Coca-Cola de botella. Ni Ciudadanos incurre en ese posicionamiento respecto del PP.

En los años 80 fuimos testigos de lo que se vino a llamar “El Error del Siglo”: el cambio de fórmula de la Coca-Cola. La bebida se hizo más dulce, dicen que para atraer a los consumidores de Pepsi. Y Coca-Cola se asomó al abismo. La agonía duró los 79 días que se tardaron en volver a comercializar la antigua fórmula.

¿Está Podemos en disposición de volver a su fórmula inicial? Probablemente, aunque tiene que disipar las dudas sobre si escucha a sus clientes o a su cúpula. En esa fórmula original había confluencia y unidad popular, y eso no lo han olvidado los seguidores de Podemos que han empezado a colaborar con la iniciativa Ahora en Común en prácticamente todo el país.

Sabemos lo que está pasando pero no lo que va a pasar, pero tiempo hay de que Podemos vuelva a dar un giro en contenidos y objetivos. Que recupere a Gramsci en su discurso, que quiera leer ese frente amplio único en el que los agentes de la Unidad Popular multiplican, aportan lo mejor de sus peculiaridades sin perder su identidad y crean el contexto posible para una transformación real y profunda. Hace falta un producto nuevo, no una sustitución.

 

[1] La influencia de Laclau y Mouffe en Podemos: hegemonía sin revolución

http://www.librered.net/?p=39832

 

[2] Pepsi Slogans https://en.wikipedia.org/wiki/Pepsi#Slogans

 

* En La casa de mi tía por gentileza de Alejandro Floría Cortés