La sombra de las prácticas desleales en la televisión. El Hormiguero y su presunto boicot a Jorge Martín y a la Revuelta - por Jacinto Ortega del Rosario
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La sombra de las prácticas desleales en la televisión.
El Hormiguero y su presunto boicot a Jorge Martín y a la Revuelta.
Jacinto Ortega del Rosario, Exconcejal de Cohesión Social,Igualdad y Juventud del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.
En el mundo del espectáculo, hay líneas que, aunque no estén escritas, deberían ser inviolables. La ética profesional, el respeto mutuo y la competencia sana son pilares fundamentales para cualquier industria que aspire a la excelencia.
Sin embargo, lo ocurrido ayer entre el programa El Hormiguero y el espacio La Revuelta, de David Broncano, deja un sabor amargo en quienes seguimos la televisión con la esperanza de encontrar algo más que egos desmedidos y tácticas de poder.
El campeón de Moto GP, Jorge Martín, tenía programada una entrevista en La Revuelta. Sin embargo, según denunció Broncano, la producción de El Hormiguero, liderada por Pablo Motos, habría interferido activamente para evitar que la entrevista se llevara a cabo. Esto, en palabras del propio Broncano, no es un hecho aislado, sino parte de una conducta recurrente por parte del programa estrella de Antena 3.
¿Competencia o sabotaje?
El boicot no solo es una falta de respeto hacia Jorge Martín, un deportista que merece todo el reconocimiento por sus logros, sino también hacia el público, que ve cómo las disputas entre productores y presentadores terminan interfiriendo en la calidad y diversidad de contenidos televisivos. ¿Desde cuándo la rivalidad televisiva ha pasado de ser un estímulo para crear mejores contenidos a convertirse en una lucha por acaparar a invitados, muchas veces recurriendo a tácticas cuestionables?
La televisión es un espacio lo suficientemente amplio como para que existan diferentes formatos y estilos sin necesidad de pisarse unos a otros. Lo que hace que esta situación sea aún más preocupante es que El Hormiguero ya tiene una plataforma consolidada, con una audiencia fiel y un presupuesto descomunal. Este supuesto comportamiento no responde a una necesidad legítima de subsistencia, sino a un ejercicio de poder que raya en lo tóxico.
El problema de las prácticas abusivas.
Lo que se denuncia aquí no es solo un caso aislado, sino un patrón preocupante. Según Broncano, El Hormiguero utiliza su posición privilegiada para monopolizar invitados y condicionar sus apariciones en otros espacios. Este tipo de prácticas, de ser ciertas, representan una deformación del espíritu competitivo, que debería basarse en la innovación y la creatividad, no en la coerción y el sabotaje.
Además, estas estrategias subestiman a la audiencia. La televisión no es una competición de quién tiene el mejor invitado, sino de quién es capaz de ofrecer la mejor experiencia al espectador. Boicotear la presencia de Jorge Martín en La Resistencia no hace que el público admire más a El Hormiguero; al contrario, genera rechazo hacia la manipulación y la falta de juego limpio.
La responsabilidad de Pablo Motos y su equipo.
Es inevitable dirigir la mirada hacia Pablo Motos y su equipo de producción. Como figura pública y líder de uno de los programas más vistos en España, tiene la responsabilidad de dar ejemplo con su conducta. Si las acusaciones de Broncano son ciertas, ¿qué mensaje está enviando El Hormiguero a sus espectadores y al sector televisivo? ¿Que el éxito justifica cualquier medio, incluso los más oscuros?
Además, este tipo de comportamientos no solo afectan a otros programas como La Revuelta, sino también a los propios invitados, que terminan siendo peones en un juego que nunca pidieron jugar. Jorge Martín, como campeón de Moto GP, debería estar disfrutando de su momento de gloria, no envuelto en polémicas generadas por la ambición de terceros.
Una televisión que respete a su público.
Es hora de exigir más responsabilidad y ética en la televisión. Los espectadores no somos ajenos a estas maniobras y, cada vez más, rechazamos estas dinámicas. Los programas deben competir por ser los mejores, pero no a costa de sabotear a sus colegas. La verdadera grandeza no se mide en cifras de audiencia o exclusivas, sino en la capacidad de elevar el medio y ofrecer un espacio digno para todos, desde los invitados hasta los espectadores.
El caso de Jorge Martín y El Hormiguero debe servir como una llamada de atención. La televisión en España tiene todo el potencial para ser variada, creativa y enriquecedora, pero para ello, sus responsables deben recordar que no están compitiendo entre sí, sino luchando por el favor del público.
¿Seguirá priorizando el ego sobre la ética? Solo el tiempo lo dirá. Pero mientras tanto, los espectadores no olvidaremos fácilmente quién juega limpio y quién no.
Por cierto, la berrea, es la llamada de apareamiento de los ciervos.