Alemania da el primer paso hacia la prohibición del partido más popular del país - por Joaquín Rábago
Alemania da el primer paso hacia la prohibición del partido más popular del país
Joaquín Rábago
La llamada Oficina Federal para la Protección de la Constitución, agencia de inteligencia del Gobierno, ha dado el primer paso hacia la prohibición de Alternativa para Alemania (AfD) al calificar su ideología de “extrema derecha”.
Se trata del segundo partido más votado en las recientes elecciones federales alemanas, en las que quedó sólo detrás de cristianodemócratas y cristianosociales bávaros, a los que incluso ahora supera, según los últimos sondeos, en intención de voto.
En algunos länder (Estados federados) del este del país, la antigua Alemania comunista, la ultraderecha populista es especialmente fuerte, pero el boicot de los demás grupos políticos le ha impedido hasta ahora gobernar.
Para la agencia de inteligencia del Gobierno no hay dudas: AfD es una formación racista que habla de un “pueblo germano” y fomenta el miedo y los prejuicios de la población hacia los inmigrantes y refugiados políticos.
Las autoridades no han hecho público, sin embargo, el informe de 1.100 páginas que les permite llegar a esas conclusiones, clara falta de transparencia criticada por algunos.
El próximo año se celebran elecciones en el land de Sajonia-Anhalt, donde ese partido estaba ya considerado como una organización de extrema derecha, y su previsible triunfo allí va a crear, si se le prohíbe gobernar, fuertes tensiones y fomentar la desconfianza en las instituciones.
El dictamen de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución no significa automáticamente que vaya a prohibirse el partido, algo que antes deben solicitar bien el Gobierno de Berlín, bien el Parlamento, y sobre lo que debe pronunciarse el Tribunal Constitucional.
Ya hubo un precedente en 2017 con el llamado Partido Nacionaldemocrático (NPD), calificado también de extremista: el Tribunal Constitucional rechazó, sin embargo, la prohibición que pedían muchos por considerar que, dado su mínimo apoyo en la población, carecía de “potencial” para acabar con la democracia.
La diferencia con la situación actual es notable: Alternativa para Alemania es hoy un partido fuerte, capaz de movilizar a todos los descontentos con la gestión de los partidos tradicionales, a los que acusa de haberse olvidado de los problemas de la ciudadanía.
AfD critica no sólo las prestaciones sociales a millones de inmigrantes, sino también la llamada “agenda verde”, a la que culpa, junto a la guerra de Ucrania, de la desindustrialización de Alemania y aboga por restablecer el diálogo con Rusia y la reanudación del suministro del gas barato de ese país.
De ahí que no todos sus votantes sean sólo nostálgicos del Tercer Reich, nazis más o menos camuflados, sino que hay también entre ellos muchos ciudadanos preocupados sobre todo por la deriva económica del país.
Su exclusión de las instituciones si finalmente el Tribunal Constitucional decidiese su prohibición, como quieren sobre todo los socialdemócratas y los partidos de izquierda, podría acabar creando una crisis de Estado.
Muchos demócratas, aun rechazando la ideología ultra de ese partido, creen que es mejor combatirlo, no con el recurso a los tribunales, sino con mejores argumentos y sobre todo prestando más atención a las inquietudes del ciudadano medio.