ALEMANIA: Un ministro de Exteriores pero que muy vanidoso - por Joaquín Rábago
ALEMANIA:
Un ministro de Exteriores pero que muy vanidoso
Joaquín Rábago
Al principio pensé que podía ser lo que los alemanes llaman un “Aprilscherz” (una broma de abril, equivalente a las de nuestro Día de los Inocentes), pero no estamos en abril.
Así que doy total credibilidad a lo que cuenta Markus Feldenkirchen en una de sus habituales columnas para el semanario Der Spiegel.
El ministerio alemán de Asuntos Exteriores ha dado instrucciones a todas sus embajadas y consulados en el extranjero para que cuelguen en la pared una foto del titular de ese departamento, Johann Wadephul.
El argumento que dan es que es la forma de asegurar una mejor conexión entre el ministerio en Berlín y sus representaciones fuera del país.
Según el periodista, esa instrucción ha irritado al personal diplomático porque al fin y al cabo el ministro Wadephul no es jefe del Estado.
Lo que no cuenta es si se trata de una idea del propio político cristianodemócrata, cuya gestión hasta ahora no parece demasiado brillante, o de algún obsequioso subordinado de esos que abundan en cualquier ministerio.
El de Asuntos Exteriores no parece tener suerte últimamente con sus titulares, y los más veteranos echan de menos la época brillante de Hans-Dietrich Genscher.
Pero claro, tampoco puede compararse el actual canciller federal, Friedrich Merz, con un Willy Brandt, un Helmut Schmidt y ni siquiera con su también ya fallecido correligionario Helmut Kohl.
De Wadephul cabe decir que es tan putinófobo como su predecesora, Annalena Baerbock, presidenta del actual período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, puesto que consiguió tras ponerle una zancadilla a una diplomática rival.
Baerbock, de la que se recuerdan sus numerosas meteduras de pata diplomáticas, entre ellas más de una con China, causó un pequeño escándalo en su país con un vídeo que publicó en las redes sociales nada más llegar a Nueva York.
En él aparecía la joven política ecobelicista llamar en pose de influencer a uno de los famosos taxis amarillos de la Gran Manzana, subirse a él, escribir algo en un cuaderno de notas y ponerse luego unas gafas de sol para observar el panorama mientras se dirigía a su nuevo trabajo.
https://www.youtube.com/shorts/og-f_HyVDGk