Alemania pretende olvidar que fueron soviéticos quienes liberaron Berlín - por Joaquín Rábago
Alemania pretende olvidar que fueron soviéticos quienes liberaron Berlín
Joaquín Rábago
Alemania pretende olvidar definitivamente que fue el Ejército soviético quien liberó Berlín y contribuyó así de modo decisivo a la derrota del Tercer Reich. Es como si quisiera que sus liberadores hubiesen sido solo los estadounidenses.
Sólo así se explica la campaña desde hace años en curso contra la conservación en la capital alemana de los monumentos que recuerdan aquella victoria en una guerra que costó a los soviéticos veintisiete millones de muertos, más que a ninguna otra nación.
Como recordaba este fin de semana el diario Junge Welt, que se niega a ese deliberado olvido, ya en abril de 2002 aparecieron en el monumento conmemorativo de la efeméride en el parque berlinés de Treptow esvásticas y pintadas con frases como “Muerte a los rusos” o “Rusos=Violadores”.
En torno a ese monumento, dominado por una estatua monumental dedicado a la “Madre Patria”, reposan los restos mortales de unos 7.000 soldados del Ejército Rojo que perdieron la vida en aquella batalla final.
En el último número del semanario liberal Die Zeit, la historiadora ucraniana Yevheniaa Moliar, se pronuncia a favor de desacralizar ese y los otros dos monumentos a la victoria soviética que se conservan en Berlín, ciudad, como sabemos, dividida durante la Guerra Fría.
Una coalición de actores del mundo de la política, de historiadores y de miembros de la sociedad civil alemana se ha propuesto reinterpretar esas monumentales reliquias históricas y “de-sovietizarlas”.
La iconoclasia antisoviética que se extendió durante los últimos años por los países de la Europa del Este liberados del que entonces se llamaba “yugo soviético” ha llegado también a Berlín.
A los monumentos que perduran en la capital se les reprocha no ya su estética estalinista, algo que uno entendería, sino que sean, según sus detractores, expresión material de la “política imperial rusa”, que continúa en la actual guerra de Ucrania.
De ahí que de un tiempo a esta parte las autoridades berlinesas prohíban a quienes los visitan la exhibición de banderas rusas o símbolos soviéticos.
El haber normalizado la prohibición de esos símbolos en la que fue capital de la Alemania hitleriana el día que se celebra su liberación por los soviéticos ha despertado el apetito de quienes quieren borrar esa parte de la memoria histórica del país.
Y como escribe el diario antes citado, a ello contribuyen activamente organizaciones e individuos de la diáspora ultranacionalista ucraniana así como la organización rusa Memorial, el instituto anticomunista polaco Pilecki o el llamado “Café Kyev”, de Berlín, financiado por la fundación cristianodemócrata alemana Konrad Adenauer.
El acuerdo relativo a los monumentos soviéticos que firmaron Alemania y la Federación Rusa en diciembre de 1992, dos años después de la reunificación alemana, obliga al Gobierno de Berlín a garantizar su conservación en condiciones dignas y a informar a Moscú de eventuales trabajos de restauración.
Pero en el Senado berlinés, sólo un diputado de la Alianza Sahra Wagenknecht critica que se trate de reinterpretar esos monumentos en el sentido no ya antisoviético, sino claramente “antirruso” sin siquiera consultar a la embajada rusa en la capital.