Alemania y Ucrania, socios estratégicos en el terreno militar - por Joaquín Rábago
Alemania y Ucrania, socios estratégicos en el terreno militar
Joaquín Rábago
Alemania y Ucrania son “socios estratégicos” en el terreno militar como destacó con nada disimulado orgullo el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, en su reciente visita a Kiev para hablar de la cooperación bilateral en ese campo.
Pistorius habló allí de los numerosos proyectos conjuntos en marcha, sobre todo en el desarrollo y fabricación de drones, incluidos los de largo alcance, esto es capaces de llevar a cabo ataques por ejemplo en el interior de Rusia.
La división del trabajo entre ucranianos y alemanes es perfecta, según Pistorius porque Ucrania aporta su experiencia en la guerra contra las fuerzas rusas y Alemania, la mayor parte de la necesaria financiación.
Pistorius organizó recientemente en Berlín una reunión con los directivos de instituciones financieras como bancos y fondos de inversión en la que habló de las grandes oportunidades de negocio que se ofrecen al mundo financiero en la industria militar.
Un periódico alemán de izquierdas recuerda al respecto algo que escribió en prisión en abril de 1915 la revolucionaria alemana de origen judeo-polaco Rosa Luxemburgo bajo el seudónimo de Junius: “Los dividendos suben, los proletarios caen”.
Caen los segundos a ambos lados del conflicto ruso-ucraniano, como en el resto de las guerras en curso, mientras los inversores en la indecente industria de la muerte llenan de euros o de dólares sus bolsillos.
Pero ésas no son cosas que parezcan preocupar a un socialdemócrata actual como Pistorius, que es además, según las encuestas, el político más popular de Alemania.
El ministerio ruso de Defensa publicó recientemente una lista de empresas europeas, entre ellas alemanas y británicas, que fabrican sistemas de armamento que la OTAN envía a Ucrania para su utilización frente a Rusia.
Ucrania se ha especializado en los sistemas automatizados que le permiten continuar la guerra pese a la escasez de personal creciente, que obliga también a los reclutadores a dar caza en plena calle a quienes tratan de evitar su envío forzoso a luchar al frente.
Recientemente, medios occidentales informaron de la conquista con ayuda exclusivamente de robots militares de un búnker ruso en la región ucraniana de Jarkov.
Un robot dinamitó la entrada al búnker, un segundo robot bloqueó la salida y otros procedieron supuestamente a detener a los soldados rusos que lo ocupaban. “Se non è vero è ben trovato”, como dicen los italianos.
Lo cierto es que el Gobierno de Volodímir Zelenski pone mucho interés en presentar a Ucrania como un país capaz de derrotar gracias a su inventiva a un enemigo demográficamente muy superior como es Rusia.
Un país en cuyo futuro merece la pena invertir como recomienda el ministro alemán de la Guerra -¡perdón, de Defensa!- Pistorius.
Un papel decisivo en el desarrollo de ese tipo de armas totalmente automatizadas corresponde a la tercera brigada de asalto del ejército ucraniano, como se conoce actualmente al antes llamado “regimiento Azov”, de fama neonazi.
Interesado como está en la continuación sine die de la guerra, Pistorius desestimó la idea expresada últimamente por el presidente ruso, Vladimir Putin, de que el ex canciller socialdemócrata Gerhard Schroeder pudiese hacer de mediador en el conflicto ucraniano.
Pistorius se limitó a repetir lo que dicen el propio Zelenski y la mayoría de los dirigentes de los países de la OTAN: “Putin sólo miente y engaña”.
Por lo cual no queda más remedio que proseguir la guerra y seguir armando a Ucrania para que este país pueda negociar mañana desde una mayor posición de fuerza.