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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Armas químicas y propaganda de guerra - por Joaquín Rábago

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Armas químicas y propaganda de guerra - por Joaquín Rábago

La acusación de que un país, lógicamente siempre enemigo, ha utilizado armas químicas es, con independencia de su veracidad, un eficaz instrumento de propaganda de guerra.

Y esa acusación es la que lanzan ahora Alemania y Holanda contra el Ejército ruso, del que dicen que ha empleado una substancia conocida como cloropicrina en la guerra de Ucrania.

El supuesto objetivo ruso era provocar dificultades respiratorias que pueden llegar a la asfixia en los soldados ucranianos y obligarlos así a salir de sus escondites subterráneos para atacarlos luego con drones.

Ese agente pulmonar lo utilizó ya el ejército alemán con el nombre de “Grünkreuz” (Cruz Verde) en sus ofensivas contra Francia durante la Primera Guerra Mundial.

La información sobre su supuesto empleo ahora por Rusia procede de la agencia de noticias británica Reuters,  que reconoce no haber podido confirmar las acusaciones del espionaje alemán y neerlandés.

A uno le viene a la memoria las que se hicieron en 2018 desde el Reino Unido de que la aviación militar siria había llevado a cabo un ataque con armas químicas contra las fuerzas rebeldes en la ciudad de Duma. 

Ese tipo de acusaciones son muchas veces difíciles de demostrar porque los efectos del gas empleado se disipan rápidamente y existe además la posibilidad de que se trate de lo que se conoce como un ataque de “falsa bandera”.

En cualquier caso, se demuestre su veracidad o no, el daño reputacional está ya hecho con la publicación de la noticia en nuestros medios, y de eso precisamente se trata.

Pero cabe hacerse ciertas preguntas. Por ejemplo, cuando se emplean esas armas químicas,  ¿no existe también el peligro para quien las utiliza, según de dónde sople el viento,  de sufrir sus efectos inmediatos?

La cloropicrina es un gas más pesado que el aire y su empleo podría dificultar también el avance de los soldados rusos que supuestamente la emplearon.

La cuestión es a quién creer. Pero lo que parece claro en cualquier caso es que los servicios de información occidentales tratan de demostrar que Rusia, que está sin duda ganando en el frente no vacila en recurrir a los métodos más sucios. Como digo, verdad o no: propaganda de guerra. 

JOAQUÍN RÁBAGO
JOAQUÍN RÁBAGO
MANCHETA JULIO 25