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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

El artista Acaymo S. Cuesta renuncia a un premio de la Academia de Bellas Artes San Miguel Arcángel por la defensa de ésta al monumento a Franco de Tenerife

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El artista Acaymo S. Cuesta renuncia a un premio de la Academia de Bellas Artes San Miguel Arcángel por la defensa de ésta al monumento a Franco de Tenerife

 

Ilustres miembros de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel:

 

Me dirijo a ustedes con motivo de la concesión del Premio Excellens por la Sección de Escultura, para comunicarles que me veo en la necesidad de renunciar a dicho premio. Como ya sabréis, dado que mi labor profesional ha merecido el referido reconocimiento, mi trabajo artístico está íntimamente ligado a la reivindicación de los más altos valores de la humanidad en el marco de una democracia más justa e igualitaria. He intentado que mi actividad artística refuerce mi compromiso con la defensa de los valores que promueven la justicia social y la dignidad humana. La promoción de la memoria histórica, junto con la reparación y la justicia, son tareas obligadas si aspiramos a vivir en una democracia madura y sana.

La Real Academia Canaria de las Bellas Artes de San Miguel Arcángel se ha significado en los últimos meses en la validación y protección de elementos que representan regímenes contrarios a los principios democráticos que defiendo. Me refiero a la defensa por parte de la entidad a la que me dirijo del “Monumento al Caudillo” de Juan de Ávalos. Aunque es cierto que a lo largo de su historia ha sido retitulada en múltiples ocasiones, con la ilusoria pretensión de ocultar su vínculo con la dictadura franquista, no puede obviarse que se trata de un vestigio franquista en cuya defensa no puede erigirse ninguna entidad que represente la ejemplaridad requerida para comprometer mi nombre ni mi actividad artística aceptando un reconocimiento que no es recíproco.

Es fundamental abordar la complejidad que envuelve la figura de ese monumento, dado que no solo representa la glorificación del dictador Francisco Franco, sino que también simboliza el sufrimiento y la represión sufrida por una parte significativa de la sociedad, especialmente por aquellos que dedicaron sus vidas a la política, la enseñanza, al arte y la cultura.

Detrás de este “monumento” se oculta un legado de dolor: el asesinato de civiles, entre los cuales se encontraban destacados artistas, así como la trágica muerte en el exilio de muchos otros que, por sus ideales, se vieron obligados a abandonar su tierra. Este símbolo no conmemora solo una época de opresión, sino que también celebra la muerte civil de una parte del patrimonio artístico que fue silenciado y marginado por un régimen que temía la diversidad de pensamiento, las disidencias sexuales y la libertad de expresión.

En el contexto de Canarias, donde no se libró una guerra convencional, la represión fue igualmente devastadora. Las artes, en todas sus manifestaciones, fueron severamente coartadas durante este periodo oscuro de nuestra historia. A continuación, destaco algunos personajes cuya vida y obra fueron truncadas por los acontecimientos que este “monumento” enaltece:

Borges Salas (escultor - exiliado), Domingo López Torres (poeta - asesinado), María Rosa Alonso (filóloga y ensayista - exiliada), Felo Monzón (pintor - encarcelado), Pedro García Cabrera (poeta - represaliado), Tony Gallardo (escultor - exiliado), Luis Ortíz Rosales (ilustrador - muerto represaliado) y Pedro González (pintor – exiliado), entre otros.

Es imperativo reconocer estas historias y valorarlas en su pleno contexto, ya que representan no solo el sufrimiento individual, sino también la pérdida colectiva de un patrimonio cultural que aún resuena en nuestra memoria. La memoria histórica no debe ser un instrumento de olvido, sino una herramienta para comprender y sanar las heridas del pasado.

Mi primera toma de conciencia sobre la represión ejercida durante la dictadura franquista se produjo a través de los relatos de mi abuela paterna. Durante mi segundo año de bachillerato en la Escuela de Arte de Gran Canaria, en la asignatura de Historia de España, se nos asignó la tarea de realizar entrevistas a nuestros abuelos con el objetivo de recabar sus vivencias durante el Golpe de Estado y Represión Franquista. Los testimonios de mis compañeros resonaban de manera unánime, describiendo experiencias marcadas por el terror y los abusos de poder. Estas narrativas despertaron en mí una mayor sensibilidad y conciencia respecto a este tema. Recuerdo con claridad cómo mi abuela solía concluir cada relato con la desgarradora frase: “¡Había mucho miedo! ¡Mucho miedo!”.

A lo largo de mi trayectoria artística, he profundizado en la historia de mi país. Mi última experiencia significativa en este ámbito tuvo lugar el año pasado, cuando tuve la oportunidad de conocer a la activista Pino Sosa, presidenta y fundadora de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Arucas. Esta asociación se dedica a preservar la memoria de las víctimas de la Guerra Civil Española y la dictadura franquista, así como a promover la justicia histórica y la recuperación de la memoria colectiva de esos tiempos. Aún hoy, sus ojos se llenan de lágrimas al pronunciar el nombre de su padre, quien fue asesinado por la dictadura franquista.

La defensa de aquellos elementos vinculados al golpe de estado franquista y a la dictadura son actos manifiestamente contrarios a la Ley de Memoria Histórica y a los valores que defiendo como artista y como ser humano. Son precisamente dichos principios democráticos los que me obligan a respetar el devenir de la Real Academia aunque, con las herramientas del estado de derecho, muestro mi más profunda discrepancia con dicho posicionamiento político y, por ende, mi renuncia expresa al reconocimiento concedido. Aceptar dicho reconocimiento supondría traicionar el respeto que merece la memoria de todas aquellas personas asesinadas durante la dictadura, y significarme con un régimen que quebró la libertad, la igualdad y la justicia durante más de cuarenta años.

Quiero ejercer con responsabilidad la libertad que nos trajo la democracia y honrar, en la medida de mis posibilidades, a aquellas personas que sufrieron las injusticias de un régimen dictatorial. Por lo tanto, por respeto a mis principios, a la memoria de mi abuela y la de mujeres como Pino Sosa, quienes han luchado por dignificar a tantas víctimas, rechazo dicho reconocimiento. La memoria histórica es un pilar esencial para la construcción de un futuro más justo y equitativo, y mi compromiso con la verdad, la justicia y la reparación me obliga a actuar en conformidad con mis convicciones, lo que me lleva a rechazar un premio concedido por una entidad cuya reciente actuación contradice estos ideales.

Espero que en el futuro, nuestra comunidad artística pueda unirse en torno a los principios democráticos y a favor de las causas que fomenten el diálogo, la memoria, la reparación y la reconciliación.

Atentamente,

Acaymo S. Cuesta

En Santa María de Guía a 17 de marzo de 2025.

Acaymo S. Cuesta

Artista Visual

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