El aval ruso a la Junta de Paz de Trump no es tranquilizador - por Joaquín Rábago
El aval ruso a la Junta de Paz de Trump no es tranquilizador
Joaquín Rábago
El aval que, según se informa, ha dado el presidente ruso, Vladimir Putin, a la Junta de Paz creada por Donald Trump para supervisar la tregua entre Israel y Hamás en Gaza no resulta una noticia especialmente tranquilizadora.
Porque a nadie se le oculta lo que en el fondo intenta el presidente de EEUU que no es otra cosa que suplantar a la ONU como la organización encargada de hacer cumplir el derecho internacional.
Trump no ha disimulado nunca el desprecio que siente por la ONU, a la que cínicamente acusa de “no haber estado nunca a la altura de su potencial” y no haber servido para acabar con las guerras que él, sin embargo, afirma en su febril fantasía haber parado.
Cuando está absolutamente claro que si la ONU no ha resuelto nada, por ejemplo, en Gaza es precisamente por los continuos vetos de Washington en su Consejo de Seguridad a las resoluciones condenatorias de su aliado Israel.
Que el nuevo organismo esté presidido con carácter indefinido por el criminal de guerra y cómplice del genocidio de Gaza que es en el fondo Trump dice mucho de la actual situación del mundo.
Trump no sólo presidirá esa institución, sino que ha nombrado personalmente a los miembros de su consejo, entre los que está el ex premier británico Tony Blair, además del secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial para O. Medio y amigo personal del Presidente, Steve Witcoff.
Decidido, como el gánster inmobiliario que es, a monetizar todo lo que toca, Trump cobrará mil millones de dólares a los países que quieran ocupar un puesto permanente en su Junta, aunque uno se imagina que estará siempre dispuesto a hacer excepciones.
Entre los líderes que aceptaron el supuesto “honor” que supone que sus países integren la Junta de Paz están el genocida primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y los ministros de Exteriores de ocho países musulmanes, entre ellos Marruecos, Turquía, Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Jordania e Indonesia.
De los europeos, sólo están de momento el húngaro Viktor Orban, además del primer ministro albanés, Edi Rama, y la presidenta kosovar, Vjosa Osmani, mientras que otros jefes de Estado y de Gobierno como el francés Emmanual Macron, el británico Keir Starmer han declinado ya la invitación.
En Latinoamérica no podía faltar en ningún caso el “hombre de la motosierra”, Javier Milei, pero está también el presidente paraguayo, Santiago Peña.
Y decidido a hacer méritos ante Trump, también aceptó la invitación el eterno presidente de Bielorrusia y aliado de Putin, Aleksandr Lukashenko.
En cuanto a Putin, después de señalarse en Moscú que lo consultaría con sus “socios estratégicos”, finalmente, durante su reunión con el Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, anunció que entraría también en la Junta.
El presidente ruso explicó que mil millones de dólares de los cinco mil millones en activos rusos congelados en EEUU podrían destinarse a la reconstrucción de Gaza y los cuatro MIL millones restantes, a la de Ucrania, una vez que acabe la guerra.
¿Trata así Putin de abrir una nueva brecha entre Estados Unidos y los europeos, que tienen 210.000 millones de euros de activos rusos inmovilizados pero que no se atrevieron a confiscar por miedo a acciones legales del Kremlin?
Es posible, pero sumarse a una iniciativa de Trump destinada a desmantelar a la ONU, la única organización independiente que podría evitar, si se la dejara, que la ley del más fuerte se imponga al derecho internacional es, cuando menos, preocupante.