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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

El barco del miedo  Lecciones políticas de una crisis sanitaria mal digerida Álvaro Frutos Rosado Laura López Mendizábal Pedro Anatael Meneses

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EL HONDIUS, TOMADO POR EL HANTAVIRUS
EL HONDIUS, TOMADO POR EL HANTAVIRUS

 

El barco del miedo

 Lecciones políticas de una crisis sanitaria mal digerida

Álvaro Frutos Rosado

Laura López Mendizábal

Pedro Anatael Meneses

LA DISCREPANCIA

Lo leamos como lo leamos es un comunicado insólito el del DG de la OMS el Dr Tedros Adhanom Ghebreyesus. Alguien que termina diciendo: “Como he dicho muchas veces: los virus no entienden de política ni respetan fronteras. La mejor inmunidad que tenemos es la solidaridad”.  Es decir, lo de las vacunas y la ciencia no vale para mucho. Y continúa diciendo…Tenerife está demostrando esa solidaridad hoy. Es un consuelo, para finalizar diciendo: Por favor, cuídense ustedes y cuídense los unos a los otros. Confíen en los preparativos que se han llevado a cabo. Y sepan que la OMS está con ustedes, y con cada persona en ese barco, en cada paso del camino. Esto es, poca gestiónpoca ciencia y todo “buen rollito”.
 

TEDROS ADHANOM GHEBREYESUS
TEDROS ADHANOM GHEBREYESUS

https://www.who.int/es/news/item/09-05-2026-message-by-the-who-director-general-to-the-people-of-tenerife-regarding-the-hantavirus-response

Hay enfermedades que no solo infectan cuerpos. Ese es el caso del MV Hondius, ul crucero “para ricos” asociado a un brote de hantavirus en pleno Atlántico, no debe leerse como el prólogo de una nueva pandemia, sino como un nuevo examen de madurez institucional. Y, de momento, el resultado es ambiguo: la ciencia ha hablado con bastante claridad; la política, con demasiada prisa; los medios, saltando del servicio público a la comercial dramatización; y la ciudadanía, todavía marcada por la herida del COVID-19, vuelve a mira rel barco como quien mira una amenaza.

HONDIUS
HONDIUS

El hantavirus, como hemos sabido estos días, se transmite principalmente por contacto con orina, heces o saliva de roedores infectados, especialmente por inhalación de partículas contaminadas. En América, también hemos sabido que, puede causar el síndrome pulmonar por hantavirus, una enfermedad rara, pero grave, que empieza con síntomas parecidos a una gripe o a una gastroenteritis —fiebre, cansancio, dolor muscular, cefalea, diarrea— y puede progresar rápidamente hacia neumonía, dificultad respiratoria, shock y fallo orgánico. El virus Andes, vinculado al Cono Sur, al parecer tiene una singularidad: a diferencia de otros hantavirus, puede transmitirse raramente entre personas, pero esa transmisión exige normalmente contacto estrecho y prolongado con un enfermo. No estamos, por tanto, ante un virus respiratorio de difusión masiva comparable al SARS-CoV-2. Estamos ante algo más limitado, más raro, pero no por ello irrelevante.(https://www.cdc.gov/hantavirus/about/andesvirus.html)

¿Por qué se produjo el contagio? La hipótesis más plausible es una exposición inicial antes del embarque o al comienzo del viaje, vinculada a ambientes donde existieran roedores reservorio. El barco zarpó de Ushuaia el 1 de abril de 2026 y siguió una ruta por el Atlántico Sur, con escalas en zonas remotas como Georgia del Sur, Tristán de Acuña, Santa Elena y Ascensión. A bordo viajaban 147 personas, de 23 nacionalidades. La OMS indica que la exposición exacta —contacto con fauna, ambientes contaminados o actividades previas en Argentina— seguía bajo investigación, pero el cuadro encaja con una zoonosis que entra en una comunidad cerrada y luego puede transmitirse a algunos contactos estrechos. (Organización Mundial de la Salud)

Argentina no es un dato decorativo en esta historia. Su Boletín Epidemiológico Nacional informó, en la semana epidemiológica 16 de 2026, de 101 casos confirmados de hantavirosis desde el inicio de la temporada, con concentración en Buenos Aires, Salta, Santa Fe, Jujuy, Río Negro, Entre Ríos y Chubut. También registró un clúster intrafamiliar en Cerro Centinela, Chubut, con secuencias compatibles con virus Andes y sospecha de transmisión interpersonal. Es decir: el brote del barco no nace en el vacío, sino en el mapa biológico de una enfermedad conocida, territorializada y ambientalmente condicionada. (Argentina.gob.ar) ¿Habían avisado las autoridades argentinas?

La pregunta incómoda no es solo cómo entró el virus en el barco, sino por qué pudo desarrollarse entre el pasaje. La respuesta probable combina tres factores: una enfermedad infrecuente y desconocida, síntomas iniciales poco específicos y un entorno cerrado. El primer caso conocido comenzó con fiebre, cefalea y diarrea el 6 de abril; el 11 de abrildesarrolló dificultad respiratoria y murió a bordo, sin pruebas microbiológicas. El 24 de abril, una segunda persona, contacto estrecho del primer caso, desembarcó en Santa Elena con síntomas gastrointestinales; después empeoró durante un vuelo a Johannesburgo, donde no se tomó ninguna prevención con el pasaje, y falleció el 26 de abril. La confirmación diagnóstica llegó más tarde: el 2 de mayo, Sudáfrica confirmó por PCR infección por hantavirus en otro paciente crítico. Ese intervalo entre el primer fallecimiento y la confirmación es el gran agujero negro de la crisis. (Organización Mundial de la Salud)

¿Significa eso negligencia? No necesariamente. Pero sí revela una debilidad clásica: cuando una enfermedad rara aparece en una infraestructura móvil, turística e internacional, el sistema puede tardar demasiado en unir los puntos. Un barco no es un hospital, ni un país, ni una comunidad estable. Es un territorio flotante, jurídicamente fragmentado, epidemiológicamente cerrado y logísticamente complicado. Si a eso se añade un virus poco frecuente, con incubación relativamente larga y síntomas iniciales ambiguos, el diagnóstico llega tarde. Y en salud pública, tarde no siempre significa culpable, pero casi siempre significa más difícil.

El miedo a una pandemia mundial incontrolada procede de una confusión comprensible, pero peligrosa. La memoria colectiva del COVID-19 ha dejado instalada una especie de alarma permanente: todo brote se interpreta como el comienzo de una catástrofe global. Pero la OMS ha evaluado el riesgo para la población general como bajo, y ha insistido en que la transmisión del virus Andes requiere contactos muy estrechos. El propio seguimiento internacional habla de aislamiento, rastreo y repatriación controlada, no de circulación comunitaria. El miedo, por tanto, no es absurdo; es desproporcionado cuando ignora la diferencia entre gravedad clínica y transmisibilidad social. (Organización Mundial de la Salud)

Ahí entra la crisis comunicacional. Una parte de los medios ha intentado hacer pedagogía: explicar qué es el hantavirus, cómo se transmite, qué significa caso confirmado, qué significa contacto estrecho, por qué se aísla a los pasajeros y por qué el riesgo general es bajo. Pero otra parte, la comunicación es mercado y sólo mercado, ha preferido el lenguaje de la película: “barco infectado”, “virus mortal”, “crucero fantasma”, “amenaza”, “alerta”. No son expresiones necesariamente falsas, pero sí incompletas. En salud pública, media verdad puede funcionar como una mentira emocional, ya lo conocemos. Si se dice “virus mortal” sin decir “transmisión limitada”, se informa del peligro, pero se deforma el riesgo.

La OMS tampoco llega limpia a este episodio. Después del coronavirus, su autoridad pública quedó tocada. No porque todo lo que diga sea falso, sino porque una parte de la ciudadanía percibió lentitud, exceso de burocracia, dependencia de los Estados y una comunicación a veces muy confusa y contradictoria. Esa desconfianza no desaparece por decreto. Pero hay una paradoja: cuanto más se deteriora la confianza en la OMS, más necesitamos que existan organismos capaces de ordenar información entre países, laboratorios y autoridades sanitarias. El descrédito de la OMS no elimina la necesidad de coordinación internacional; la hace más urgente y más exigente. Eso en un momento donde el derecho internacional se ha ido al traste. 

En España, seguimos en las mismas, la bronca política ha seguido un guion demasiado cansino ya. El Gobierno central defendió la recepción controlada del barco en Canarias como una operación internacional coordinada. El Gobierno canario no sabiendo si dice la verdad sobre su ninguneo o esta en la batalla política. En todo caso, Canarias tiene derecho a no ser tratada como simple plataforma logística sin plena información y participación institucional. El problema aparece cuando la discrepancia legítima se convierte en escenografía de agravio. 

¿Qué está fallando? Primero, la anticipación. Si el primer fallecimiento se produjo el 11 de abril y el diagnóstico llegó el 2 de mayo, la pregunta inevitable es por qué no se activó antes un circuito de sospecha epidemiológica más robusto. Segundo, la trazabilidad: más de dos semanas después del primer fallecimiento, personas abandonaron el barco antes de confirmarse el brote, lo que obligó después a una carrera internacional para localizar contactos. Tercero, la comunicación: las autoridades deben informar antes, mejor y de manera conjunta. Cuarto, la política: en una crisis sanitaria, el desacuerdo institucional puede ser necesario, pero la teatralización partidista, de los buenos y los malos, es combustible para el miedo.

La lección propositiva es clara. Para evitar futuras crisis —y, sobre todo, futuras broncas— hacen falta protocolos previos para buques internacionales con brotes sospechosos; equipos de respuesta sanitaria marítima; capacidad diagnóstica rápida; y una prevención en gestión de la crisis y su coordinación con autoridades internacionales; simulacros con escenarios realistas; y comunicación pública con una sola arquitectura informativa, aunque existan varias administraciones implicadas.

También hace falta una pedagogía social del riesgo. Decir la verdad no es alarmar; alarmar es decir solo una parte. La ciudadanía adulta puede entender que una enfermedad sea grave para quien la padece, pero de bajo riesgo para la población general. Puede entender que se aísle a personas no porque sean culpables, sino porque la prudencia sanitaria protege a todos. Puede entender que un barco no debe ser abandonado a su suerte, pero tampoco recibido sin garantías. Lo que no soporta es el ruido: autoridades contradiciéndose, medios exagerados convirtiendo todo en espectaculo y partidos convirtiendo la incertidumbre en munición.

PADYLLA
PADYLLA

El caso del MV Hondius no anuncia una nueva pandemia. Anuncia algo quizá menos espectacular, pero más profundo: seguimos sin haber aprendido del todo a gobernar el miedo, empezando por no crearlo. La salud pública del siglo XXI no dependerá solo de laboratorios, vacunas y hospitales; dependerá también de instituciones que inspiren confianza, medios que distingan riesgo de pánico y dirigentes capaces de discutir sin incendiar el miedo. Porque en una crisis sanitaria, el virus no siempre es lo que más se contagia. A veces lo más contagioso es la desconfianza.

Gracias a Álvaro Frutos Rosado, Laura López Mendizábal, Pedro Anatael Meneses y LA DISCREPANCIA

ÁLVARO FRUTOS ROSADO
ÁLVARO FRUTOS ROSADO
LAURA LÓPEZ MENDIZABAL
LAURA LÓPEZ MENDIZABAL
PEDRO ANATAEL MENESES
PEDRO ANATAEL MENESES

 

https://ladiscrepancia.com/el-barco-del-miedo-lecciones-politicas-de-una-crisis-sanitaria-mal-digerida/

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