Blanquear a Ucrania 1 - por Joaquín Rábago

Blanquear a Ucrania 1

Joaquín Rábago

El batallón ucraniano Azov, hoy integrado en las Fuerzas Armadas del país, no puede negar la ideología supremacista y nacionalsocialista de sus orígenes y del presente  pese a la propaganda en sentido contrario.

LA BANDERA DE LA OTAN, ENARBOLADA JUNTO CON LA ESVÁSTICA, POR LOS NAZIS DEL BATALLON AZOV UCRANIANO

Propaganda de la que se encarga sobre todo, como denuncia la periodista alemana Susan Witt-Stahl, la editorial Rainshouse, de Kiev, que dirige Oleksii Reins.

RAINSHOUSE

Reins, que sirve en la tercera brigada de asalto “Azov”, trata de “blanquear” el pasado de ese movimiento y a quienes fueron sus ideólogos y sus líderes en un libro publicado en inglés bajo el tíitulo de “What is Azov from Ucraine. Exclusiva Inside Look” (Qué es Azov desde Ucrania: una mirada exclusiva al interior).

OLEKSII REINS

Pero Witt-Stahl, profunda conocedora del nazismo ucraniano, se encarga de desenmascarar al autor y desmentir sus tesis en un documentado artículo para el diario alemán Junge Welt.

Según la periodista, no es casual que estuviese en la ciudad de Járkiv el centro de acción de Patriota de Ucrania, a partir de 2000 una de las estructuras ultras de mayor influencia,  organización juvenil y brazo militante del Partido Social Nacional de Ucrania, fundado en 1991 en la ciudad de Leópolis (Lvov).

Rebautizado “Svoboda” (Libertad en ruso y ucraniano), el antes llamado Patriota de Ucrania se transformó en tropa de asalto de la Asamblea Social Nacional.

Todos los grupos citados, con excepción de Svoboda, estuvieron liderados por el ultraderechista Andriy Biletsky, hoy comandante del tercer cuerpo del Ejército y líder no oficial de Azov

Mentor histórico de la actual brigada de operaciones especiales de ese nombre, formación de la Guardia Nacional de Ucrania, era, según Reins, Yaroslav Stetsko, el líder de la Organización de Nacionalistas Ucranianos(OUN-B).

Stetskó fue brazo derecho de Stepán Bandera, jefe del ala radical de esa organización y hoy héroe nacional de Ucrania.

Reins le califica de “partisano en la lucha contra la ocupación nazi y la soviética” y asegura que se negó a colaborar con Hitler, por lo que los alemanes le recluyeron en el campo de concentración de Sachsenhausen.

Casi nada de eso corresponde, sin embargo, a la realidad, según Witt-Stahl: aparte del hecho de que Ucrania era desde 1922 una república de la URSS, por lo que no podía estar “ocupada”, Stetsko acogió con entusiasmo al Ejército alemán.

Y así expresó en una carta a Hitler fechada el 3 de julio de 1941 su agradecimiento y su “admiración” a ese “heroico ejército, que ha ganado la gloria en su enfrentamiento en los campos de batalla al mayor enemigo de Europa: el bolchevismo moscovita”.

Stetskó y la OUN-B aspiraban a una Ucrania soberana que fuese, sin embargo, Estado satélite del Tercer Reich y se abrían a una “colaboración limitada” con la Alemania hitleriana.

Según el historiador sueco-estadounidense Per A. Rudling, ambos habían adoptado de Alemania la idea de “una nueva Europa fascista” y, de acuerdo con el también historiador polaco Grzegorz Rossolinski-Liebe, la OUN había creado una “variante ucraniana del fascismo”.

A diferencia del nazismo alemán, a falta de un Estado propio y al no disponer de “una base de poder”, se veía obligado a actuar a escala transnacional y disfrazarse de simple “nacionalismo ucraniano”, como ocurre también hoy.

Y si Stetskó fue trasladado al campo de concentración de Sachsehausen,  fue sólo porque se había autoproclamado primer ministro de Ucrania. 

Además, según explica Witt-Stahl, al igual que Stepán Bandera, Steskó disfrutaba en el campo de un estatus especial: tenía su propia vivienda y libertad de movimiento aunque parcialmente controlada,  y se le permitía además continuar su actividad política.

Y algo que oculta totalmente Reins: en sus “memorias”, que escribió poco después de ser detenido el 9 de julio de 1941, Stetzkó se encargó de difundir una ideología nacionalsocialista similar a la del régimen de Hitler.

Así decía ser plenamente consciente del nocivo papel de los judíos, de los que decía que ayudaban a Moscú a “esclavizar a Ucrania”, por lo que apoyaba su “eliminación”.

“Considero apropiados llevar a Ucrania los métodos alemanes para el exterminio del judaísmo con el fin de impedir su asimilación”, escribió entonces Stetskó.

También en los primeros días del ataque alemán a la Unión Soviética,  la Organización de Nacionalistas Ucranianos había difundido octavillas que animaban a eliminar tanto a los judíos como a los demás enemigos: rusos, polacos y húngaros.

En un panfleto publicado en junio de 1942 en el diario de Lemberg (nombre alemán de Leópolis)  “Lemberger Zeitung” y dirigido a los judíos, Stetskó escribió: “Habéis recibido con flores a Stalin. Nosotros pondremos vuestras cabezas como bienvenida a los pies de Hitler”.

Aunque los invasores alemanes fueron los principales responsables de los crímenes cometidos durante aquellos años, la  OUN-B tuvo un papel de primer orden en los pogromos llevados a cabo en el oeste de Ucrania.

No pocos fascistas ucranianos colaboraron también  con la Alemania nazi ingresando en batallones de sus fuerzas armadas como los bautizados “Nachtigall” (Ruiseñor) o “Roland” y en la división de granaderos “Galizien” o en el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), todos los cuales  estuvieron involucrados en masacres de polacos.

Según su defensor y propagandista Reins, el fundamento teórico y la ideología del movimiento Azov están plasmados en una obra de Stetskó titulada “Dos Revoluciones”.

Se publicó en 1951 en un momento en que la OUN-B ya colaboraba con los servicios secretos británicos, estadounidenses y germano-occidentales y su Ejército Insurgente seguía operando en secreto contra la URSS.

Y cinco años antes de que Stetskó fundara en Múnich el Bloque Antibolchevique de Naciones, encargado de coordinar a las organizaciones de exiliados políticos de la URSS y otros países socialistas.

En esa obra, Stetskó desarrolló una nueva ideología, el “Socialnacionalismo”, que se basaba en la organización el Patriota de Ucrania, fundada en 1999 y precursora del movimiento Azov.

En ese texto, Stetskó rinde homenaje al espíritu de lucha de los antepasados, desde la antigüedad hasta la formación del OUN en los años veinte del siglo pasado.

“Sin una revolución nacional-social,  Ucrania no logrará la liberación”, escribe Stetskó en lo que parece una versión a la medida de Ucrania del nacionalsocialismo hitleriano, por más que Reins lo niegue.

“Lo nacional y lo social son las dos caras de la misma medalla, de la misma vida”, afirma también Stetskó.

Otra cosa que comparte con el nacionalsocialismo y demás fascismos es, dice Witt-Stahl, su fanático anticomunismo y su fetichización de la violencia.

Stetskó elogia a los ucranianos como ese “pueblo guerrero, que barre cual alud cuanto se le interpone en el camin” .

“Caerán todavía miles, cientos de miles, tal vez incluso millones, pero nadie podrá detener al pueblo en marcha”, escribe también.

Según Witt-Stahl, si hay una cosa que distingue el “socialnacionalismo “ del “nacionalsocialismo” y de la ideología de la OUN hasta 1945 es que falta ya en él un antisemitismo manifiesto.

Y la periodista alemana lo explica así: tras la derrota de la Alemania nazi y el comienzo de la  colaboración de su sucesora, la RFA,  con los nuevos amos, la  OUN trató de hacer olvidar su pasado.

Igual que hicieron los antiguos nazis a los que la restauración alemana bajo el canciller cristianodemócrata Konrad Adenauer les permitió una segunda carrera bajo el signo de la democracia liberal.

Los combatientes de Azov,  a los que financió a partir de 2014 un oligarca judío ucraniano, Íhor Kolomoiski, y que aspiran a convertirse un día dentro de la OTAN  en la mejor unidad militar del mundo, se abstienen hoy de expresiones antisemitas o racistas.

Lo cual no les impide remitirse, como se deduce del libro de Reins, a ideólogos antisemitas como el traductor de Hitler, Dmitro Donzov, el periodista y activista Mykola Michnovsky o el líder revolucionario Stepán Lenkavsky.

Este último es autor del decálogo de los nacionalistas ucranianos, que deben recitar todos los reclutas como ritual de ingreso en el Ejército.

“El movimiento nacionalista es tan poderoso que pronto veremos surgir un gran Estado ucraniano desde el  Caspio hasta los montes Tatras”, profetizó en 1939 el funcionario de la Organización de Nacionalistas Ucranianos.

Aunque esa profecía por suerte no se haya hecho realidad, hay una continuidad entre la ideología original del movimiento nacionalista y la Ucrania actual.

Y  la imbricación creciente de las Fuerzas Armadas de ese país, de las que forma parte integrante el batallón Azov,  con el complejo militar-industrial de la OTAN representa, como dice Susann Witt-Stahl, un reto para la llamada  “comunidad de valores” de Occidente.

SUSANN WITT-STAHL

Y ello por mucho que el Gobierno de Berlín dijese hace sólo dos años que no podía considerarse globalmente a la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) como su rama militar, el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), “extremistas, antisemitas o racistas”.  

Europa tiene decididamente un problema con esa Ucrania, a la que dice defender en nombre de la libertad y la democracia.

JOAQUÍN RÁBAGO