Ucrania: hagamos memoria - por Joaquín Rábago
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Ucrania: hagamos memoria
Joaquín Rábago
La guerra de Ucrania no comenzó en 2022 con la invasión ilegal rusa sino en la primavera de 2014 con los ataques de grupos neonazis contra la población mayoritariamente rusófona del Donbás.
Ésta nunca aceptó el “cambio de régimen” propiciado por EEUU - ¿nadie recuerda ya el “¡que se joda la UE!” de la subsecretaria de Estado Victoria Nuland?- y del que fue víctima el presidente democráticamente elegido Víktor Yanukóvich, que no gustaba a Washington,
El 9 de mayo de aquel año los fascistas ucranianos – no hay otra forma de llamarlos- provocaron una masacre en la Casa de los Sindicatos de Odesa, donde se habían refugiado numerosos ciudadanos de habla rusa que reclamaban un referendo para la federalización del país.
Siguieron años de sangrienta guerra civil entre las dos partes del país con en torno a 14.000 muertos, pero de eso apenas hablaron entonces nuestros medios – no interesaba- y ahora prefieren no recordarlo.
Fracasó el intento del nuevo Gobierno pro occidental de Kiev y de sus aliados de acabar rápidamente con la resistencia de los ucranianos del este del país, que no lo consideraban legítimo.
Pero la OTAN nunca perdió de vista el objetivo de llevar a sus fuerzas hasta la misma frontera rusa, algo que Rusia siempre consideró “una amenaza existencial”, como lo sería su ingreso en esa alianza militar, algo que Occidente se niega a comprender.
Se consiguió entonces eso sí, detener de momento a Rusia gracias a la negociación de los llamados “acuerdos de Minsk”, que sirvieron para entretener al Kremlin mientras la OTAN armaba a Ucrania de modo acelerado.
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NUEVA REVOLUCIÓN
Hasta que, en febrero de 2022, el presidente Vladimir Putin decidió invadir el país vecino – hasta entonces sólo había ocupado Crimea como respuesta al Euromaidán - en vista de la inutilidad de los esfuerzos de llegar con Kiev a un compromiso que permitiese la autonomía del Donbás y protegiese la lengua y la cultura rusas.
Comenzó entonces la fase del conflicto que algunos califican de “guerra por procuración” de EEUU y la OTAN contra Rusia, a la que había que debilitar militar y económicamente hasta posiblemente provocar la caída del “régimen” de Putin.
Nada de eso sucedió, sino más bien lo contrario. Europa renunció voluntariamente a la energía barata que llegaba de Rusia porque no había que alimentar su “maquinaria de guerra” y perdió así competitividad.
Se aplicaron sanciones económicas no ya solo a Rusia, sino a los países que comercian con ella y le compraban su gas y su petróleo como China y la India. Pero nadie se las toma en serio, ni siquiera algunos países de la propia UE.
Y llegó por segunda vez a la Casa Blanca Donald Trump, quien prometió resolver el conflicto en un día sin tener en cuenta las resistencias que encontraría en el “Estado profundo” de Washington y entre los gobiernos europeos, que no parecen temer el suicidio del continente que está provocando esas guerra.
El presidente republicano, a quien le importan las posibilidades de negocio que ofrece un país inmenso y abundante en recursos como Rusia, no entiende el empecinamiento del presidente ucraniano y sus aliados europeos en continuar un conflicto que está destruyendo al país y mandando a la tumba o al exilio a cada vez más gente.
Como me escribe un amigo diplomático, “la estrategia de los vasallos consiste en ofrecer soluciones y no causarles problemas a sus señores feudales”. Pero hasta en eso están fracasando los europeos.